Reina Juana

Nuevamente Concha Velasco nos ofrece una maravillosa interpretación que se percibe como colofón a su carrera

Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

A estas alturas la fascinación que genera Concha Velasco en el mundo teatral ha provocado que aquello que vemos en escena sea un fetiche. Alguien que trasciende a su personaje y que se funde a él ante los ojos de cualquier espectador. Es Juana I de Castilla, pero es indefectiblemente la Velasco, y ambas vienen cargadas de historia y mito. Si comenzamos por el final diremos que el público de La Abadía se puso en pie ipso facto y que ella paró los aplausos para departir con el respetable y agradecerle tal comunión. Seguramente haya que tomarse esta Reina Juana como un homenaje en vida ─cuando debe ser─ a una actriz inconmensurable. Para qué premios, lo ideal es regalarle un texto atrayente, lírico, repleto de reverberaciones, flashbacks y recreaciones que concentren las esencias de una reina mítica a su manera. De esta forma, Ernesto Caballero como autor y Gerardo Vera en la parte directiva, han enmascarado a la actriz de Juana la Loca, una mujer que llegó a vivir setenta y cinco años, pero que estuvo recluida desde 1509 hasta 1555 en Tordesillas. Sigue leyendo →

Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín

Una farsa agridulce sobre el amor desigual, superada por el ingenio de su protagonista

Foto de David DíezAl paso que vamos en esta temporada, cualquiera que se haya aproximado a estos tres enormes Lorcas que hemos disfrutado, unos de teatro irrepresentable (El público y Así que pasen cinco años), y, este (Amor de Don Perlimplín…), una pieza engañosa, habrá recompuesto sus prejuicios sobre el teatro del granadino después de tanto ver representar su «Ciclo trágico». Su obra dramática, como ha quedado demostrado, da para todo, en ese afán por mezclar lo popular y lo vanguardista, por trabajar sus temas predilectos como son la muerte, el tiempo y el amor, hasta de la forma menos propicia como es la farsa. Lo primero que debemos celebrar de esta propuesta es la versión que ha ideado Alberto Conejero. Cierto es que el texto podía quedar un poco rácano y era una buena oportunidad para darle aún más vuelo. Por eso entramos inicialmente con el Poeta (encarnado por Kees Harmsen, con un nerviosismo que se torna instantáneamente espontaneidad), que nos introduce, como si fuera un presentador con cierto aire periodístico, los avatares que en su momento vivió la susodicha pieza para intentar representarse; luego, además, se han querido incrustar unos fragmentos del Retablillo de don Cristóbal, un acierto inconmensurable que le da un tono alocado, onírico y humorístico a la obra, que el espectador agradece enormemente. Porque si bien la trama parece bien sencilla, las láminas que la componen son múltiples. Tenemos un caso de matrimonio desigual. Sigue leyendo →

La respiración

A Sanzol se le ha ido la mano en esta función y se ha puesto cursi hasta la saciedad

Alfredo Sanzol es un dramaturgo perfectamente asentado y reconocido en la escena española. Tras un periodo en el que la estructura basada en sketchs de sus obras era la predominante (Sí, pero no lo soy o Delicadas o En la luna) ha pasado, desde Aventura! (2012), a historias que perviven en una única trama y en un solo argumento. Siempre se ha destacado el escritor navarro por su destreza a la hora de trazar diálogos ingeniosos, sorpresivos y repletos de un humor chocante y paradójico, muy basado en lo inverosímil, sin llegar al absurdo. Diríamos que La respiración y su anterior obra, La calma mágica, forman un díptico de la sanación. En aquella, Sanzol se curaba del fallecimiento de su padre y en esta que nos presenta en el Teatro de La Abadía, de su separación. Hablamos de dolor, angustia y parálisis frente a una vida que necesita recobrar el sentido. En ambas obras recurre al mismo proceso psicoterapéutico: la fantasía como forma de huida hacia lugares inexplorados para dejar que los recuerdos torturadores tomen un acomodo más llevadero. Sigue leyendo →

El público

Àlex Rigola lleva a Lorca hacia la esencia de su intimidad en una propuesta sublime, con exquisito cuidado y detalle

El público (2)Adentrarse en una obra como El público y en un autor como Lorca, en esa etapa que inició allá por 1929 hacia el surrealismo, implica una ensoñadora aventura que busca la intimidad de alguien en constante huida. No debemos hablar, en concreto, de lo que cuenta el texto, sino más bien de lo que quiere expresar. El público posee tantos estilos como capas se imbrican en la escena; desde su lenguaje conceptista, barroco, de evocaciones oníricas, que configura el mimbre del resto de niveles, hasta el metateatro, no solo porque se representa otra obra, Romeo y Julieta, sino porque se habla del hecho teatral, como si los personajes fueran críticos de su propio oficio, pasando por saltos en el tiempo y el espacio repletos de un sensualismo que hiere entre la manifestación sincera, la evidencia del amor en los hombres y la defensa de las pulsiones. Es, en definitiva, un cuadro cubista, una deconstrucción del mundo lorquiano y, en manos de Àlex Rigola, una experiencia estética montada con exquisito cuidado y detalle. Sigue leyendo →

Liberto

Un libreto de Gemma Brió cargado de entereza sobre una tragedia personal y dirigido con inteligencia

Foto de Felipe Mena
Foto de Felipe Mena

En cuanto comenzó la función en el Teatro de La Abadía, me vino a la cabeza la película francesa de 2011 Declaración de guerra. En esta, una pareja relata la dura experiencia de ver cómo su hijo pequeño debe sobrevivir a una enfermedad. Me vino a la cabeza, digo, por la hiperrealidad. La directora y actriz Valérie Donzelli más su novio Jérémie Elkaïm realizaban completamente el film interpretando su propia historia. En Liberto ocurre algo parecido: partimos de una experiencia real y de una meticulosa descripción de las emociones y los protocolos que se abalanzan sobre la madre protagonista. Escribir un texto bajo la premisa del conocimiento auténtico de lo ocurrido conlleva el peligro de caer en un lacrimógeno acontecimiento de defenestración emocional. Pero Gemma Brió ha logrado trazar una línea finísima entre la catástrofe de observar a tu bebé con daño cerebral irreversible y la forma esperanzadora de acoplarlo a tu personalidad, a tu futuro. Confirmemos que es un ejemplo de cómo alguien es capaz de crear todo un protocolo alternativo y vitalista ante la pena inflamada. Para ello se rodea de sus dos amigas más íntimas: Tátels Pérez, quien debe interpretar otros tantos personajes que pululan por ese espacio entre familiar, hospitalario y burocrático, incluido una especie de homenaje a Pepe Rubianes metiéndose en la piel (en el alma) de un San Pedro grosero y macarra que se caga hasta en el Grandioso. Sigue leyendo →

Antígona

Carmen Machi se transforma en Creonte para ofrecer una perspectiva inédita del clásico griego

Foto de Luis Castilla
Foto de Luis Castilla

La tragedia de Sófocles expone la dialéctica entre la ley y la familia, aunque el verdadero trasfondo es la religión. Nunca debemos olvidar que en la antigua Hélade la creencia en diversos dioses y supersticiones formaban parte preeminente de aquella sociedad. A veces se cae en el error de pensar en los griegos como ilustrados racionalistas. Hasta qué punto el derecho que construye la política de Tebas está comandado más por el deseo de los dioses que por una reflexión acerca de la justicia. Sigue leyendo →

Edipo Rey

Correcta versión del clásico de Sófocles; aunque Sanzol se queda corto en la experimentación

Foto de Luis Castilla
Foto de Luis Castilla

¿Qué hacer con el mito más veces narrado? ¿Qué hacer con uno de los personajes más auscultados de la historia? ¿Cómo tratar el hecho religioso que comanda la tragedia, después de tantas interpretaciones paganas y psicoanalíticas? Con Edipo, el spóiler no es posible, la sorpresa no llega y uno desearía, en ocasiones, que de repente enmudecieran y que de sus rostros surgieran otras sospechas. Edipo Rey podría terminar en un minuto. Al fin y al cabo, Apolo tiene la decencia de lanzar un acertijo para que el descubrimiento no les alcance de súbito y puedan reaccionar. Al fin y al cabo, qué culpa tiene el rey de Tebas. Sigue leyendo →

Medea

Aitana Sánchez-Gijón encarna al mito griego en una función que deriva en performance

MedeaEs claro que Andrés Lima ha plasmado en el escenario de La Abadía su particular «tour de force» acerca de Medea. Otra vuelta de tuerca a ese mito tantas veces representado que se despliega épicamente entre las sombras, el ruido y los chillidos, pero también entre la música, la poesía y el cuerpo.El prólogo que declama desde la oscuridad Lima repasa el árbol genealógico de la protagonista, con esa intención de recordarnos que pertenece a una estirpe de dioses, que ella misma es una maga, una hechicera, al igual que la famosa Circe de quien era sobrina. Al finalizar la teogonía, surge entre aullidos y, arrebatadoramente, Aitana Sánchez-Gijón metamorfoseada en la doliente Medea. Seguramente sea el papel en el que más se haya entregado nunca. Expele con agonía cada uno de los versos y entrega su cuerpo vivaz, enérgico y semidesnudo a los designios de su destino. Volver a la tierra, a la naturaleza, al barro primigenio del que nace su magia. Su herida sangra de principio a fin.

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Invernadero

Mario Gas monta la célebre obra de Harold Pinter acerca de un inquietante sanatorio

Foto de Ros Ribas
Foto de Ros Ribas

¿No es, acaso, el fin que el mundo hiberne bajo los dictados de los poderosos? No hace falta ningún electroshock, vale con leves dosis de trending topic. Harold Pinter se imaginó una especie de cotolengo o un sanatorio (nada que ver con el de La montaña mágica) que recluyera a toda una serie de burócratas enfermos de su propia maquinaria. Invernadero es una especie de engranaje basado en el control que, auspiciado por la deshumanización del paciente (es designado únicamente a través de un sofisticado código numérico), produce la consiguiente reverberación en sus ejecutores. Nada más comenzar, Gonzalo de Castro, metamorfoseado en el Director Roote, un antiguo militar, desconoce — mientras reclama furibundamente observancia— que uno de los internos ha muerto y que, además, él mismo ha firmado el acta de defunción. Por si esto fuera poco, una mujer ha parido en la propia institución, siendo esta una casquivana conocida por todos (de la que tampoco parece tener noticia). Ambos hechos resultan inéditos. Ahí comienza el discurso paradójico que Gonzalo de Castro emprende con firmeza y enorme vis cómica (un humor inglés pavoroso que, ciertamente, no embelesa a todo el personal), y que arrastrará hasta el final de la obra desencadenando diversas subtramas. Su claro antagonista, Tristán Ulloa, Gibbs, se planta simultáneamente como mano derecha y, de forma torticera, como candidato al puesto de máxima responsabilidad; un ser ordenado, diligente y estrictamente cáustico que va trenzando su maléfico plan entre los efluvios de un ambiente cínico. Sigue leyendo →