Edurne Rubio recarga de humo la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán para llevarnos a una experiencia anodina

El lenguaje performativo se ha adentrado en el Centro Dramático Nacional con ganas de permanencia, a la espera de que el público menos acostumbrado a ese tipo de espectáculos los descubra o se espante. Si en el Teatro María Guerrero se aposenta LEXIKON, en el Valle-Inclán hace lo propio Tinieblas. Una propuesta que no se extiende más de una hora y que vuelve a exigirnos un compromiso más que excesivo. Completar, aumentar, añadir y otras tantas tareas para que el gesto mínimo no sea una nimiedad. ¿Se puede hacer teatro con tan poco? ¿O una vez que se establece como performance uno ya debe atenerse a sus laxas reglas? Sigue leyendo

Apenas hace unos meses presentaba Milo Rau 

Desde luego, si el espacio Salón de los Balcones – Andrea D’Odorico ha de ocuparse de piezas que no alcancen la hora de duración (deseable sería propiciar el doblete con las otras salas del Teatro Español), esta obra de August Strindberg, dramaturgo sueco que dialoga con su compatriota Ingmar Bergman (
Desde que Rodolf Sirera escribiera en 1978 este breve texto, ha logrado con el paso de los decenios asentarse como una obra de referencia del ámbito metateatral. La última adaptación fue aquella que montó 