Troyanas

Ángeles González-Sinde y Adriana Ozores han realizado una magnífica propuesta sobre la tragedia de Séneca

Troyanas - Foto de Sergio ParraEstá claro que la pujanza en los últimos tiempos del feminismo no solo provoca miradas desde otra consciencia, sino que se buscan temas y conflictos donde las mujeres sean las protagonistas. De hecho, sobre las Troyanas de Eurípides ya se realizó una adaptación en 2017 en esa línea. Sobre la tragedia de Séneca se han realizado menos puestas en escena; así es que resulta una buena oportunidad esta que nos brinda el Teatro de la Comedia para aproximarnos a su particular concepción. Aquí la dramaturgia y la intervención en el texto de Ángeles González-Sinde potencia aún más la presencia femenina y toma una serie de riesgos que, a la postre, la convierten en un magnífico proyecto. Primero, sacar a escena a un chavalín de unos diez años (algunos menos debería tener) para declamar un prólogo elocuente (la elocuencia que se le puede exigir a un muchacho de esa edad) es jugarse un comienzo torpe. No es brillante; pero el asunto se solventa con la suficiente sobriedad como para que entremos en materia con hondura. Sigue leyendo

Shock 2

La segunda parte de la conocida «doctrina» de Naomi Klein se materializa en el Teatro Valle-Inclán en un espectáculo menos ajustado que el anterior

Shock 2 - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Si en Shock (El Cóndor y el Puma) funcionaba dramatúrgicamente casi todo, en esta segunda parte tan solo nos conmueve y llega a sugerir más humanamente la mitad. Quizás, ser coherente resulta ser lo menos eficiente para esta representación teatral. Ajustarse al libro de Naomi Klein o a ese unidireccional entramado, como si fuera la teoría del caos y solamente hubiera que fijarse en una única mariposa aleteando en lontananza, resulta, valga la redundancia, caótico y reduccionista. «Explicar» las acciones directas sobre Chile, puede tener una base; pretender que los mismos parámetros de la teoría neoliberal «explican» la recomposición planetaria desde finales de los setenta; ya es, cuando menos, una «boutade». Viene muy a cuento, por ejemplo, echarle un vistazo al libro Globalistas. El fin de los imperios y el nacimiento del neoliberalismo, de Quinn Slobodian, publicado por la editorial Capitán Swing este mismo año, para atisbar varias tendencias (con algunas propuestas casi antagónicas) de eso que se denomina de una manera tan laxa «neoliberalismo». Uno puede llegar a pensar que esto del neoliberalismo es una máscara en apariencia sofisticada para no desvelar unas intenciones mucho más crudas e insolentes, como la sencilla ejecución de la fuerza. Por eso tiene mucho sentido —aunque sea desde el punto de vista filosófico— el discurso inicial de Carl Schmitt, donde el espectador, pillado de improviso ante tamaña farragosidad, podrá quedarse con aquello de que lo importante es quién define qué es lo justo, quién construye en el fondo las leyes, quién, realmente, demuestra con su derecho positivo (pues el natural es una falsedad moralista), que la democracia es una impostura sustentada por ilusos creyentes. Todo esto ya nos ha quedado demostrado de forma patente durante las últimas crisis económicas. Antonio Durán «Morris» se mete en la piel del politólogo alemán para atizarnos una bienvenida acibarada y expuesta con esa inquina que tan magníficamente maneja el actor (como cuando hizo de Manuel Charlín, en Fariña). No obstante, como digo, el primer tramo es un collage deshilvanado, payasesco y sin profundidad suficiente. Una parodia sin las precisiones pertinentes sobre el contexto sociopolítico en el que Reagan y Thatcher pusieron en marcha unas medidas privatizadoras y una bajada de impuestos a las grandes empresas que supusieron una reconfiguración absoluta de lo que iba a ser Estados Unidos y Europa en las siguientes décadas y alcanzando el presente, donde según Shoshana Zuboff prima el capitalismo de la vigilancia (otro shock). Que no se atenace un relato concreto, sino que se intente mezclar la perestroika y las acciones de Boris Yeltsin, con las transformaciones en China, una vez se derrumbaba todo el bloque soviético; pasando por la Sudáfrica de Nelson Mandela o la situación de algunos países árabes como Egipto antes de que vencieran las posturas más extremas del Islam genera desafección. Demasiado para una hora y media, con vídeos de aquí y de allí, con una cena de celebridades que es una pantomima. Sinceramente, me parece un tanto desastroso; principalmente si lo que se anhela es llegar a Irak, a la guerra reciente. Este es el asunto, que tras el descanso ocupa la segunda parte y donde, por fin, la obra cobra sentido. Sobre todo, porque se acota el tiempo de los hechos, la trascendencia de lo ocurrido nos compete mucho más como país, lo que observamos resulta más emotivo y dramático, el teatro-documento se emplea con habilidad y, en definitiva, los espectadores somos impelidos moralmente. Recordemos, por otra parte, que varios de los componentes de este montaje fueron los responsables directos con su compañía Animalario de dos espectáculos provocativos y que ahora tienen su reverberación —de hecho, no han parado de tenerla, no hay más que leer la prensa y el foco que se ha puesto en la corrupción del PP—. Me refiero, claro, a la sátira Alejandro y Ana: lo que España no pudo ver del banquete de la boda de la hija del presidente, de 2003, año en el que Aznar se reunió con W. Bush para «acordar» el apoyo de España en la invasión de Irak, para buscar las supuestas armas de destrucción masiva que después no se hallaron. Desde el punto de vista paródico, ya que se emplean técnicas metateatrales y de work in progress, funcionan como crítica al absurdo. Aquel viaje de nuestro presidente al rancho del estadounidense queda retratado como un burdo diálogo propio de los Monty Python en un alarde de estupidez concatenada. El otro espectáculo fueron los Goya del «No a la guerra», otro aldabonazo que, al menos sirvió para demostrar un rechazo que luego se vería refrendado en las calles con manifestaciones multitudinarias. Pero lo más logrado de este Shock 2 es el relato de cómo murió asesinado el cámara de televisión José Couso. Juan Vinuesa que, en gran medida, había tenido un papel de narrador árabe, con su soltura habitual; y que luego tuvo que hacer de Aznar, con esa vis cómica bordeando el panfilismo que tanto domina, ahora se encarnaba en ese camarógrafo para dejar suspendido el momento y desangrarse. Conmueve verdaderamente cómo María Morales se mete en la piel de la periodista Olga Rodríguez para transmitirnos cómo vivió ese misilazo de fuego amigo, esa impotencia que la deja casi sin palabras sincerándose a través de la radio. Luego, cuando le toca ser víctima de las vejaciones en la cárcel de Abu Grahib, observamos cómo se mete el dedo en la llaga con vigor escénico. Por otra parte, Natalia Hernández, que es quien lleva el mayor peso cómico de todo el montaje, pues está extraordinaria como Marta Sánchez cantando «Soldados del amor» o caricaturizando a Ana Botella; luego, su silencio y su gesto se anudan a las imágenes que se proyectan sobre las cuatro grandes pantallas que flanquean la reconfigurada sala principal del Teatro Valle-Inclán: dos niños muriendo ante unos médicos impotentes. Ese tipo de imágenes que ya no se ven y nos mantienen en una burbuja, mientras, por ejemplo, en Siria, se comenten atrocidades. En cuanto a Paco Ochoa, casi en el final, le toca coger el papel de Donald Rumsfeld, para convertirlo en un cowboy de los negocios, como su colega Dick Cheney, de quien se dio buena cuenta en la película El vicio del poder (2018); bastante significativa de que más allá de teorías económicas, prima la desfachatez. Después, Guillermo Toledo, se queda con los personajes más potentes, ya sean los Bush (padre e hijo), Reagan o Bin Laden. Aprovechando sus cualidades actorales para el esperpento, la chulería o la interpretación más cruda. Finalmente, Alba Flores gana protagonismo cuando se impone como narradora en el epílogo. Desde luego, el texto de Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan Mayorga vuelve a estar sesgado —pero nadie puede llevarse a equívoco—; de muchas de las situaciones que se planteaban habría mucho que discutir; aunque de otras, como las que se han destacado más arriba, parecen ser ciertamente inapelables. Por esta razón, vale para que los espectadores nos sintamos interpelados por una historia que se nos escurre por las rendijas de la memoria; pero que explica —si somos capaces de comprender qué fuerzas circundan más allá de lo visible— algunas perspectivas de nuestro presente mundo globalizante.

 

Shock 2

(La Tormenta y la Guerra)

(basado en hechos reales y textos de Olga Rodríguez y Alba Sotorra)

Texto: Albert Boronat, Juan Cavestany, Andrés Lima y Juan Mayorga

Dramaturgia: Albert Boronat y Andrés Lima

Dirección: Andrés Lima

Reparto: Antonio Durán «Morris», Alba Flores, Natalia Hernández, María Morales, Paco Ochoa, Guillermo Toledo y Juan Vinuesa 

Voces en off: Andrés Lima (Den Xiaoping y José Antonio Marcos), Alberto San Juan, (Charlton Heston) y Olga Rodríguez

Escenografía y vestuario: Beatriz San Juan

Iluminación: Pedro Yagüe

Música y espacio sonoro: Jaume Manresa

Diseño de sonido: Enrique Mingo

Videocreación: Miquel Àngel Raió

Caracterización: Cécile Kretschmar

Ayudante de dirección: Laura Ortega

Ayudante de iluminación: Enrique Chueca

Ayudante de vestuario: Carlota Ricart, Remedios Gómez

Ayudante de videocreación: Arantxa Melero

Realizaciones: Maribel RH S.L. (realización vestuario), Mambo Decorados (realización mobiliario)

Fotografía: Laura Ortega, Bárbara Sánchez Palomero y Luz Soria

Tráiler: Bárbara Sánchez Palomero

Archivo sonoro: Olga Rodríguez, Departamento de Documentación de la Cadena SER © Sociedad Española de Radiodifusión, S.L.U.

Diseño Cartel: Equipo SOPA

Alumnado en prácticas: Olga Abolina, Jorge Mediero y Fran Weber

Coproducción: Centro Dramático Nacional y Check-in Producciones

Teatro Valle-Inclán (Madrid)

13 de junio de 2021

Calificación: ♦♦♦

Amor, amor, catástrofe

Julieta Soria firma esta obra sobre el amor secreto del poeta Pedro Salinas con la profesora estadounidense Katherine Whitmore

Amor, amor, catástrofe - FotoEn otras ocasiones, hemos contemplado sobre el escenario propuestas sobre escritores donde se intentaba poetizar el drama aprovechando recursos escenográficos y musicales. Así fue, por ejemplo, el caso de Lorca, la correspondencia personal. La cuestión es que, en el montaje dirigido por Ainhoa Amestoy, desde el punto de vista estético, nos quedamos entre dos aguas. Ni termina de ofrecerse un espectáculo sensorial definitivo que nos inocule el sentido profundo de la célebre trilogía del poeta (La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento), ni se contextualiza de manera consistente la relación amorosa del escritor con su alumna americana, precisamente porque apenas los distinguimos conviviendo o dialogando más allá del flirteo permanente. Saltamos en un visto y no visto de Madrid a Santa Pola y del Smith College en Northampton a Barcelona pasando por Alicante o Santander. Sigue leyendo

El combate del siglo

Denise Duncan se fija en el boxeador Jack Johnson para trazar una inconsistente semblanza de aire reivindicativo

El combate del siglo - Foto de Kiku Piol
Foto de Kiku Piñol

En El combate del siglo no hay «Combate del siglo», aquel que reflejó Martin Ritt en La gran esperanza blanca (1970), expresión de Jack London, que ha triunfado y que es de uso corriente. Un acontecimiento gigantesco: era necesario arrebatarle el título de campeón mundial de los pesos pesados a Jack Johnson, el primer boxeador negro al que se había permitido competir por el más alto galardón y que ostentaba desde 1908. Evento que tuvo en vilo a gran parte del país; puesto que el orgullo de la superioridad racial estaba en juego. Una pelea que, exhibida en cines, fue un taquillazo. Y que nosotros, podemos conectar con Puños de harina, otra obra con boxeo y motivos de corte racial, que parte de un hecho verídico, con tintes reivindicativos. Uno de esos hitos donde los Estados Unidos de América quedan retratados en su inherente y estructural racismo. Aspecto este que vuelve con fuerza en el cine con la estela del «Black Lives Matter». Sigue leyendo

El ciclista utópico

Alberto de Casso firma esta comedia absurda y muy divertida protagonizada por Fran Perea y Fernando Soto

El ciclista utópico - FotoSería muy maniqueo afirmar que los dos personajes que se presentan en El ciclista utópico son los caracteres que fundamentalmente estructuran nuestra sociedad. El vendedor y el comprador, el comprometedor y el comprometido, el cuidador y el cuidado. Dependiendo de la posición que ocupemos, según las reglas de nuestra sociedad, seremos embaucados o abducidos o reconfortados. No faltan experimentos donde se demuestra cómo las neuronas espejo hacen de las suyas en cuanto establecemos contacto visual con un desconocido. La empatía y nuestras pulsiones sociales nos disponen hacia una civilidad enredante. Manuel, el maestro del pueblo donde va a transcurrir la acción, conduce por la carretera, el sol lo deslumbra y atropella a un ciclista. Bici escacharrada y alguna contusión para el pobre hombre. El percance, más aparatoso que otra cosa, es suficiente para que se cree una relación entre los dos individuos. Sigue leyendo

El perro del hortelano

Dominic Dromgoole adapta y dirige la célebre obra de Lope de Vega en los Teatros del Canal

El perro del hortelano - FotoEl último gran montaje sobre esta comedia palatina que Lope debió componer en 1613, fue la que dirigió Helena Pimenta para Compañía Nacional de Teatro Clásico; ahora, la Fundación Siglo de Oro vuelve sobre la afamada obra, como ya hizo en 2007 bajo la batuta de Laurence Boswell, con el genio de Dominic Dromgoole, quien estuvo diez años al frente del Globe Theatre de Londres. El perro del hortelano es una obra que, si se le da un buen ritmo y se modulan los embates amorosos con suficiente pericia, es difícil que no guste. Que los actores, y principalmente las que harán de criadas, salten a ese a propiciar una captatio benevolentia muy desenfadada, con guiños cachondos al público y volviéndose unas payasas muy cachondas, es una forma estupenda de comenzar. Mar Calvo, que luego hará de Dorotea, como sirvienta de cámara, demuestra poseer una vis cómica maravillosa para ponernos a tono, tal y como se hacía por el Siglo de Oro. Sigue leyendo

La casa de los espíritus

Carme Portaceli y Anna Maria Ricart ponen en marcha esta excelente adaptación de la novela de Isabel Allende en el Teatro Español

La casa de los espíritus - Foto de Jesús UgaldeEl tándem Portaceli-Ricart continúa su andadura con una nueva adaptación de una novela firmada por una mujer y de claro impulso feminista. Tras Mrs. Dalloway y Jane Eyre, con La casa de los espíritus han ido más allá y han apostado por un texto, que verdaderamente es difícil llevarlo a las tablas debido a su extensión y por esa cantidad enorme de personajes y de historias que se entreveran en tiempos y en múltiples circunstancias. Y, principalmente, porque es una novela muy narrativa; ya que contiene muy pocos diálogos, con lo que el lenguaje dramático queda más alejado. Sigue leyendo

Las dos en punto

Esther F. Carrodeguas firma el texto sobre las Marías de Santiago de Compostela para un montaje carente de significancia

Las dos en punto - Foto de Jesús Ugalde
Foto de Jesús Ugalde

Resulta conveniente replantearse desde qué punto de vista se ha enfocado esta leyenda; porque, una vez terminada la función, uno se queda pasmado con tal insignificancia. Debe ser que para comprender el asunto o para acercarse con algo de medida es necesario vivir en Santiago de Compostela, y sospecho que allí, como ocurre en muchas ciudades y pueblos con sus personajes extravagantes (salvando todas las distancias: los heavies de Gran Vía), quedarán los retazos de una leyenda deshilachada. En definitiva, uno se sienta en su butaca de la sala Fernando Arrabal del Matadero, la grande (al montaje le sobra espacio por todos los lados; porque, claramente, es una propuesta destinada a un espacio más recoleto o, todo lo contrario, la misma calle), y aparecen dos señoras peculiares a hablar de no se sabe qué y a los setenta minutos, uno se levanta y se pregunta, ¿y ahora qué hago yo con esto? Sigue leyendo

Castelvines y Monteses

Sergio Peris-Mencheta le monta un musical trepidante a esta obra de Lope de Vega con temas muy reconocibles de la canción italiana

CASTELVINES Y MONTESES - Foto de Bárbara Sánchez Palomero
Foto de Bárbara Sánchez Palomero

Muy poca atención ha recibido esta obra de Lope de Vega, y eso que bebe de las mismas fuentes que llevarían a Shakespeare a crear Romeo y Julieta. Aquel relato de los amantes de Verona de Mateo Bandello y que después el poeta inglés Arthur Brooke convertiría en un poema que inspiraría al bardo, planeaba por la época. El español prefirió trazar una comedia de esas con final más que feliz y Sergio Peris-Mencheta, ha decidido que el texto bien merecía una fiesta barroca italianizada y traída a nuestros días, para crear un espectáculo de formidable factura, apto y recomendable para todos los públicos. Se percibe la mirada de José Carlos Menéndez, quien también firma la décima que verdaderamente da paso a la acción, fallecido prematuramente en agosto de 2019. Profesor de instituto, al que conocí y que, de alguna manera, fue mi mentor cuando me iniciaba en la carrera docente, muy conocedor de la idiosincrasia de los adolescentes. Sigue leyendo