La violación de Lucrecia

Regresa a la escena madrileña uno de los éxitos de la temporada anterior, La violación de Lucrecia

Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

La presencia de Nuria Espert en el escenario, apenas acompañada de una mesilla, una butaca y la velada cama detrás, ya impone lo suficiente, si además, tras un breve prólogo metaliterario (conversación de móvil mediante) marca de la casa Miguel del Arco, asistimos a una corriente de flujo, un vaivén tremebundo de voces encima de las tablas, el verso de Shakespeare metamorfoseándose en la boca de nuestra primera actriz, desde el narrador con su tensión in crescendo (esquinas, recovecos y centros de luz hasta el detalle), pasando por la testosterona de Tarquino, por la desesperación de Lucrecia, por la terrible constatación de Colatino (su esposo), hasta llegar al dolor, a la muerte y a una honra llena de sangre. Fluye el texto, la estrofa, el diálogo de los personajes multiplicados en una sola mujer, arrebatada, violada, mancillada, símbolo de una decadencia romana y momento transicional hacia la república. Sigue leyendo

Éramos tres hermanas

Las tres hermanas que han versionado Sinisterra y Alfaro es de lo mejor que se ha visto esta temporada en La Abadía

tres hermanasEn la negrura, el tedio y la insufrible abulia, tres hermanas luchan desde la vejez contra el recuerdo de su vida desesperanzada. En un vaivén temporal, como la biela de una locomotora, la historia se lanza en retroceso continuo; las jóvenes viejas añoran un pasado presente y se recuerdan, bajo una constante redundancia, todo aquello que ya no pueden ser, aunque les quedara toda la vida por delante. Así, en esta tergiversación magistral de José Sanchis Sinisterra, el realismo chejoviano se transforma en aura kafkiana, en noche onírica, en eco lúgubre y en vacua esperanza becketiana. Una síntesis pulida a través de la repetición, de la insistencia en la desmemoria, en un discurso repleto de nihilismo y concatenación asfixiante de los cuatro actos en una escenografía minimalista, negra y renegra, vidriosa, caliginosa, espantosa cuando los rostros de esas tremendas actrices se reflejan en las paredes, en el suelo o en el piano que irá tocando Mamen García mientras canta en los interludios (en italiano, en francés, en inglés) hasta la apoteosis con su We are going to Moscu como un irónico grito desesperado. Sigue leyendo

La punta del iceberg

Se presenta en el Teatro de La Abadía La punta del iceberg, una obra sobre las presiones dentro de una empresa

Foto de Ros Ribas
Foto de Ros Ribas

Recordamos Viva la libertad (1931), la película de René Clair que inspiró a Chaplin para sus Tiempos Modernos. Esas dos cintas marcaron en nuestro imaginario la deshumanizadora y absurda tarea del obrero encajado en la cadena de montaje. Hoy, que triunfa el capitalismo cognitivo, el que ha sustituido las manos grasientas en cabezas huecas, por dedos pulcros con cerebros estresados, nos hemos creído la estética del ejecutivo triunfador. El precio es, también, al igual que en la cadena de montaje, la deshumanización; pero, en este caso, sofisticada, elegante y espolvoreada con la escarcha en las pituitarias. Simples apéndices de un engranaje sin vuelta atrás y sin más remedio que saltar al vacío si uno quiere alcanzar la liberación. Sigue leyendo

El policía de la ratas

La naturaleza del mal se cuestiona en el mundo de las ratas de mano de Àlex Rigola y los fantásticos intérpretes de su troupe

El policía de las ratas

El policía de las ratas parte de un relato del autor que más renombre ha logrado en los últimos años en lengua castellana, más, incluso, desde su muerte en 2003. A Roberto Bolaño le gustaban las indagaciones, lo demostró en 2666 o en Los detectives salvajes. Sus personajes buscan la respuesta a preguntas inconvenientes y en esta obra, que Àlex Rigola ha llevado a escena, la cuestión radica en la maldad, en su porqué fuera de las necesidades básicas.  Sigue leyendo

Distancia siete minutos

La compañía Titzina vuelve al Teatro de La Abadía con Distancia siete minutos

distanciasieteminutos5_fichaDiego Lorca y Pako Merino llevan ya unos cuantos años desarrollando su proyecto y ofreciendo espectáculos realmente personales. En este caso, un joven juez tiene que regresar a casa de su padre (también juez, jubilado y viudo) debido a una plaga de termitas. A su vez, el robot espacial Curiosity es enviado a Marte. Las metáforas se plantan en el escenario desde el principio para exponer las angustias de ese hijo que se carcome por dentro al no conseguir hablar de su madre —de la «accidental» muerte de su madre— con su progenitor. Ambos personajes, los dos hombres de leyes, luchan por tener la razón, uno desde el sentido de la estricta autoridad y la disciplina a rajatabla; y otro con un sentido de la vida más dialogante, más afable. Se presenta así un combate de reproches por el pasado y una búsqueda esperanzadora por superar las diferencias, por mirar hacia delante reformulando su relación. Sigue leyendo

30/40 Livinstone

El Teatro de La Abadía monta un césped en su escenario como alegoría del mundo moderno

3040livingstone_7_fichaSergi López busca, busca, busca y busca, y termina por hacer de esa búsqueda su modo de vida. Está creciendo y es lo que debe hacer, si quiere ser libre. 30/40 Livingstone nos sumerge en un espacio surrealista que corresponde exactamente con las pretensiones del padre. La pista de tenis que nace bajo los pies del explorador López simboliza el límite que el padre impone y que debe ser superado. A su vez, el protagonista encuentra a un ciervo sui géneris (interpretado por Jorge Picó) que lejos de remitir a todos aquellos arcanos de la virilidad, la naturaleza o la luz que la literatura y la religión han recogido en su seno, este ciervo representa a un «gilipollas» cualquiera que juega al tenis: deporte consistente en golpear una pelota con una raqueta una y otra vez. En proceso catártico, Sergi López se transmuta en juez (al igual que el padre) de silla (acomodado en un señorial sillón). Desde esa posición se dedica a dictar sentencia a base de noes, a llevar al límite con sus decisiones al jugador y a confesar (momento cumbre de la obra) que lo que más le gusta del tenis es departir en la zona VIP. Sigue leyendo