Un trozo invisible de este mundo

Juan Diego Botto triunfa en los premios Max de teatro con cuatro galardones gracias a su obra Un trozo invisible de este mundo

trozo_invisible_escena_01Las maletas recorren solas la cinta automática y luego caen unas encima de las otras. No parece que nadie las vaya a bajar, ni que su destino sea distinto del montón. Los cinco monólogos de Un trozo invisible de este mundo escritos por Juan Diego Botto se hilvanan mediante el tormento de aquellos que tienen que exiliarse, que lanzarse a lo desconocido con la urgencia que impele la supervivencia. La tristeza y la nostalgia se unen a la fuerza de la esperanza, a la lucha que frena el desánimo. Botto es un argentino huido de la dictadura con cargo de conciencia, un policía haciendo malabares con las falacias en un triunfal discurso al que ya nos hemos acostumbrado, un obrero fingiendo ante su mujer en la distancia que las cosas marchan bien. Astrid Jones da vida a una mujer subsahariana en un relato conmovedor donde los recuerdos se mezclan con cánticos que llenan el espacio de melancolía.

Juan Diego Botto se mete al público en el bolsillo desde el primer instante en el papel de ese policía sofista, comunicándose con el público, moviéndose con astucia, desparpajo y con soltura, incluso dejando un tufillo demagógico que a continuación se esfuma instantáneamente cuando el testimonio de los implicados desvirtúa cualquier atisbo de justificación del mundo actual en relación a las políticas de migración. Desde luego, el texto maneja diversos registros y somete a cuestión cada una de las partes implicadas desde la política hasta el pasotismo de la sociedad, incluida la incoherencia a la que se ven sometidos también los emigrantes cuando deben luchar incluso contra aquellos individuos que están en su misma posición. La complejidad del asunto se pilota desde las aristas y el resultado es un puñetazo sobre las conciencias que obvian que aquello no es solo ficción.

Además del emotivo contenido de la obra, los textos destacan por su gran literatura. Cada uno de ellos posee elementos discursivos de enorme calidad, una mezcla de voces, de puntos de vista, de metáforas trascendentales, de combinación precisa del estilo directo con el indirecto, del diálogo sobrevenido y de un ritmo que habla, también, de un buen escritor.

Esta obra revela una suma de talentos incuestionable dentro de la escena española. La solvencia que Sergio Peris-Mencheta está demostrando en sus labores de dirección se va acentuando en cada trabajo, como pudimos confirmar en su última propuesta Continuidad de los parques. Juan Diego Botto ha adquirido una madurez a lo largo de estos años y en una obra como esta, donde tiene que interpretar varios papeles, logra cotas altísimas de persuasión; por si fuera poco, además, se postula como un dramaturgo en ciernes. Si le añadimos la voz y la sutileza de Astrid Jones, pues tenemos otra de esas sesiones teatrales donde la verdad sobresale y la constatación de que necesitamos ser azuzados por una realidad de los otros que dolorosamente nos pasa demasiado desapercibida.

Un trozo invisible de este mundo

Autor: Juan Diego Botto

Dirección: Sergio Peris-Mencheta

Intérpretes: Juan Diego Botto, Astrid Jones

Ayudante de dirección: Rosalía Martínez

Diseño iluminación: Valentín Álvarez

Escenografía: Sergio Peris-Mencheta y Carlos Aparicio

Espacio sonoro: Carlos Bonmatí

Naves del Español – Matadero (Madrid)

Hasta el 8 de junio

Calificación: ♦♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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