María Folguera guiñoliza aún más el clásico de Jarry para ofrecernos una sátira colorista de la política mundial

La última adaptación grandiosa de esta obra patafísica de Alfred Jarry data de 2013, cuando Declan Donnellan nos fascinó con su pátina de sofisticación. Ahora es María Folguera quien ha incurrido en una mirada mucho más actual, accesible, colorista, infantil y juguetona. Verdaderamente divertida, de cariz televisivo y con el influjo de las redes imbricado. Una propuesta plagada de detalles constantes que van brotando con la dirección desenfadada y meticulosa de Hugo Nieto, con un elenco encerrado en la taza de wáter gigante que ha ideado Monica Boromello, frente a un escenario oculto tras una cortinilla donde se hospedarán los músicos. Porque las canciones infundirán adrenalina y rock fundamentalmente en la primera parte, cuando nuestro Papá Ubú deba alzarse ganador entre mítines estrafalarios. Letras ahítas de escatología que valen para lanzar las pretensiones maliciosas. Sigue leyendo
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Apenas se ha representado esta tragedia histórica de Calderón de la Barca —una propuesta de la RESAD, donde participó David Boceta, y nada más que se sepa—, que la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con esta hornada de jóvenes repescados de diferentes de distintas promociones —reconozcamos que la coyuntura hace de esta idea algo muy conveniente y con sentido—, pretende entroncar el tema romano que vertebra, de algún modo, la temporada (

