Numancia

La compañía Nao d´amores representa la gran tragedia de Cervantes desde una estética austera donde sobresale la música

Numancia - Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

Muy distinta, desde luego, es esta Numancia de aquella que presentó Pérez de la Fuente en 2016 en el Teatro Español. Ana Zamora ha hecho una apuesta austera, y diría que excesivamente purista en las cuestiones fonológicas. Al espectador le chocará, en primera instancia, que la pronunciación le suene tan «medieval». Más allá de que se ha querido afinar con la «supuesta» forma de pronunciar que tenía Cervantes al escribir su tragedia alrededor de 1585, en un periodo de asentamiento de la lengua y algunos cambios en las sibilantes, por ejemplo, que generan dudas en cuanto a su dimensión regional. Quizás se esté especulando con la pronunciación de algunos sonidos de una manera innecesaria. Da la impresión de que se quiere trasladar el aura medivalizante y renacentista de los habituales trabajos de Nao d´amores. Más choque produce si se emplea un vestuario para caracterizar a los romanos (la responsable es Deborah Macías) consistente en camisas corrientes, actuales, de distintos colores para cada soldado. Muy distinto es el acertado uso de mantas para arropar a los numantinos, y con las que se consiguen sencillos efectos que permiten trazar a diferentes tipos de individuos. Con gran originalidad, por ejemplo, observamos la recreación del carnero por parte de los sacerdotes o, después a las madres con sus bebés. Desde luego, la estética general tiende hacia el primitivismo, hacia las esencias telúricas, donde lo sagrado y lo mágico tienen cabida, dentro de un cerco, ante la concepción pragmática de los romanos, que buscan el embate final después de tantos años de acoso zafio. Es muy evidente que estas esencias las trae Cervantes a colación por una visión más medievalizante, que la compañía Nao d´amores explota con gusto y sensatez. Además, nuestro autor, como sabemos, se mantiene anclado a una estructura teatral dominada por el aristotelismo y que Lope haría saltar por los aires. No obstante, en los cuatro actos se observa una iniciática ruptura de las tres unidades, pues se dan distintas acciones (aunque sea una la general), el espacio va de fuera adentro y viceversa, respecto del muralla; y la duración excede las veinticuatro horas. Por eso, la labor de Ana Zamora es extraordinaria al conseguir dinamizar de manera soberbia un asunto que, en ocasiones, se oscurece y se dilata algo. Aquí en hora y cuarto hemos recorrido de principio a fin un argumento harto conocido; pero con todos los elementos artísticos conjugados con virtuosismo. Primeramente, por las interpretaciones de un elenco enérgico y muy solvente —no hay más que observar sus desplazamientos o su danza ritual, ideados por Javier García Ávila—. Con José Luis Alcobendas a la cabeza, cargando sobre sí los monólogos más elocuentes, ya como romano, ya como numantino o, incluso, como Duero, ofreciendo una interpretación muy resolutiva, sin caer en el tono bronco. Quiero volver a resaltar a Alejandro Saá (recordemos su intervención en Troyanas), pues me sigue pareciendo un actor verdaderamente peculiar. Merece la pena escucharlo con atención, porque el colorido y el ritmo que imprime a la dicción de los versos resulta muy expresiva y llena de apasionamiento. Véase cuando encarna a Marquinio, el hechicero; y en la escena del «cuerpo amortajado», cómo, con una simple chaqueta, se perfila un cuadro con tono humorístico. En cuanto a Javier Lara, su Teógenes anhela imponer un liderazgo y nos atrapa con su fuerza. No le va a la zaga Javier Carramiñana, quien también sabe demostrar braveza ante el asedio. Ofrece un contraste en su leve comedimiento, Eduardo Mayo, quien desarrolla una apariencia más dialogante. Mientras que Irene Serrano se emplea a fondo para trascender el coraje de las mujeres, como numantina o como Lira, la doncella, también como esa España que digiere los augurios. Imbricada al máximo está la música. Alfonso Barreno, a la percusión y al viento de las trompetas romanas, e Isabel Zamora frente al órgano, se aúnan al resto del elenco como dos intérpretes más. Desde luego, este montaje está hecho de momentos orgánicos, totalmente emotivos e inspiradores. En gran medida, por supuesto, se logra por la selección musical que ha realizado Alicia Lázaro. Pongamos, como ejemplo, el Miserere de Tomás Luis de Victoria, donde el coro nos subsume en una intensa religiosidad rebullida por la casi oscuridad. Porque Miguel Ángel Camacho ha tenido que realizar un juego de luces donde las sombras abarrotan la escena para irnos llevando a la agonía final. La escenografía de Cecilia Molano es una larga escalera que permite una visión vertical, como una escalera de Jacob o escalinata del senado romano, todo depende de la perspectiva que se adopte. De todas formas, resulta una idea excelente para conseguir que un elenco escueto dé la sensación de multitud al desplegarse por los escalones. El trabajo general es brillante y todos los motivos que expone Cervantes se enhebran sintéticamente. La Numancia ciertamente no se adentra aún en el Barroco, en ella pervive la alegoría de corte renacentista y el enfoque oracular del teocentrismo medieval. La épica y el sacrificio de los numantinos se cristianizan con un trasfondo moral de entereza frente a una Roma avasalladora. Es la victoria eterna de los humildes.

 

Numancia

Autor: Miguel de Cervantes

Dramaturgia y dirección: Ana Zamora

Intérpretes: José Luis Alcobendas, Alfonso Barreno, Javier Carramiñana, Javier Lara, Eduardo Mayo, Alejandro Saá, Irene Serrano y Isabel Zamora

Dirección musical: Alicia Lázaro

Asesor de verso: Vicente Fuentes / Fuentes de la Voz

Vestuario: Deborah Macías

Iluminación: Miguel Ángel Camacho

Escenografía: Cecilia Molano

Coreografía: Javier García Ávila

Asesor de movimiento: Fabio Mangolini

Asesor de percusión: Rodrigo Muñoz

Ayudante de dirección: Verónica Morejón

Ayudante de escenografía: Almudena Bautista

Ayudante de vestuario: Irma Vallés

Realización de vestuario: Ángeles Marín

Realización de escenografía: Purple Servicios Creativos

Dirección técnica: Fernando Herranz

Producción ejecutiva: Germán H. Solís

Un espectáculo coproducido por Nao d´amores y la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Colaboran: Ayuntamiento de Segovia, Junta de Castilla y León, INAEM y Real Academia de España en Roma

Espectáculo patrocinado por Loterías y Apuestas del Estado

Teatro de la Comedia (Madrid)

Hasta el 30 de diciembre de 2021

Calificación: ♦♦♦

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