La gran Cenobia

Luis Sorolla y David Boceta envuelven a Calderón de la Barca en el contexto de la consabida imposición del relato con una tragedia poco representada

La gran Cenobia - Foto Sergio ParraApenas se ha representado esta tragedia histórica de Calderón de la Barca —una propuesta de la RESAD, donde participó David Boceta, y nada más que se sepa—, que la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con esta hornada de jóvenes repescados de diferentes de distintas promociones —reconozcamos que la coyuntura hace de esta idea algo muy conveniente y con sentido—, pretende entroncar el tema romano que vertebra, de algún modo, la temporada (Antonio y Cleopatra, Numancia y Lo fingido verdadero). En la versión de Luis Sorolla se ha querido resignificar con mucho sentido e insistencia una cuestión que no debemos olvidar nunca cuando leemos historia o esas obras literarias que toda nación defiende a capa y espada, y es la posesión del relato, es decir, de la verdad impuesta a todo lo demás y que, incluso, anula el palimpsesto. Hoy lo vemos muy claramente con el cine norteamericano; pero nosotros lo hemos hecho igualmente con El mio Cid, por poner un simple ejemplo. Por eso, el exordio está muy bien traído en su complejidad, al poner en la boca de Astrea, la profetisa, esa recurrencia a la verdad que hoy ha devenido, por otros vericuetos, en posverdad. Ciertamente, hay que reconocer que luego a esta idea primigenia le falta algo de permanencia en su entramado más allá del posicionamiento. Digamos que se procura apuntalar más con una estética. Por un lado, con el rock que ha creado el actor y rockero Antonio de Cos. La batería y las guitarras eléctricas transforman en el concierto potente los interludios para regodearse en las causas y en los efectos que se van sucediendo. Por otra parte, las espectaculares videoescenas de Álvaro Luna, quien ha querido recrear el drama con imágenes que nos resultan cercanas: conflictos bélicos que están a la vuelta de la esquina. Todo ello es una declaración de intenciones; pero encuentro que visualmente la escenografía de Almudena Bautista no está en esta ocasión a la altura. Primero, porque su idea de ir decapando en cada acto el propio espectáculo, hace que, en los embates dialécticos iniciales, los actores se vean sin espacio, empujados por una gran cortina hacia los espectadores. Cuando esta cae, nos encontramos con un andamiaje más pensado como escenario para los músicos que como espacio destinado a los nobles contendientes. Falta, o más sencillez, o más esplendor. Los vídeos son magnos, las estructuras metálicas poco evocadoras para una sala teatral de tamaño reducido. El argumento es bien sencillo, y Sorolla ha sabido pulirlo con inteligencia, salvo la subtrama de Irene y Libio que, al final, a pesar de la importancia que parece inducirse a lo largo de la función, se queda sin empaque. Quiero destacar a Irene Serrano por encima de todos. Posee claridad y firmeza en su exposición, su Astrea está repleta de inteligencia y su discurso es muy atrayente, y logra vertebrar con mucha apostura toda la función. Viene de hacer Numancia, y su consistencia ya es incuestionable. Sus presagios marcan el tono desde el inicio. Juan José Rodríguez enseguida muestra su acomplejada ambición con un monólogo cargado por una pulsión iracunda. Como emperador no puede soportar que una mujer, Cenobia, haya derrotado a Decio. Este, encarnado por Mikel Arostegui, atraviesa todo tipo de sensaciones encontradas, desde la taciturna pesadumbre hasta el encabritamiento de un tipo que debe recuperar su honor a toda costa, para terminar enamorándose de esa reina tan soberbia. Verdaderamente, el intérprete convence más según se entra en harina con más fulgor. Luego, en el bando contrario, también hallamos otras ramificaciones de tretas y de ambiciones para propiciar que la tragedia general parezca un bellum omnium contra omnes. La pareja formada por Alejandro Pau, como Libio —bastante apasionado y seguro—, y Marta Guerras, como su lasciva amante, nos dejan con la miel en los labios; puesto que uno observa cómo su auténtico poder cae en picado una vez se aproximan a los estamentos superiores. Resulta, a la postre, algo patético; cuando daban la impresión de poseer alguna base sólida. En otro orden está la Cenobia de Isabel Rodes, y es con ella, con su entrega cuasibárbara con quien más observo que la escenografía y el vestuario no encajan. Principalmente porque está desangelada, como a la intemperie. Es la estética del fascismo italiano con los sobretodos y las gorras en los romanos, frente a algo así como unos comandos albanokosovares dispuestos para el asalto con sus fusiles de repetición, que ha imaginado Paola de Diego. En fin, le falta un punto de elegancia en la sordidez. Cumplen con solvencia su cometido Cristina Arias como Clotilda, y lo mismo ocurre con Mariano Estudillo, Alejandro Pau y Víctor Sáinz como soldados. Se nota que es un elenco con muchas tablas ya y una gran profesionalidad, que es de agradecer. En el despliegue final, cuando por fin los rockeros se muestran ante nosotros y alcanzamos el momento en que se dirimen las fuerzas de la astucia con Decio a la cabeza, la versión de Sorolla nos concede un epílogo cargado de justicia poética y feliz; aunque remarcando que el Relato, la Historia, vuelven a estar del bando vencedor. O, como sostiene Astrea: «¿Quién puede afirmar con seguridad qué es lo que ha pasado de verdad?». Un buen montaje.

La gran Cenobia

Autor: Pedro Calderón de la Barca

Versión: Luis Sorolla

Director: David Boceta

Reparto: Cristina Arias, Mikel Arostegui, Mariano Estudillo, Marta Guerras, Alejandro Pau, Isabel Rodes, José Juan Rodríguez, Víctor Sáinz, Irene Serrano y José Luis Verguizas

Escenografía: Almudena Bautista

Iluminación: Víctor Longás

Vestuario: Paola de Diego

Coreografía: Edu Cárcamo

Dirección musical, música original y espacio sonoro: Antonio de Cos

Videoescena: Álvaro Luna

Asesor de verso: Alejandro Saá

Ayudante de dirección: Vanessa Espín

Ayudante de escenografía: Igone Teso Bravo

Ayudante de iluminación: Marina Palazuelos Soto

Ayudante de vestuario: Guillermo Felipe Señaris

Ayudante de videoescena: Elvira Ruiz Zurita

Producción: Compañía Nacional de Teatro Clásico

Espectáculo patrocinado por Loterías y Apuestas del Estado

Teatro de la Comedia (Madrid)

Hasta el 6 de marzo de 2022

Calificación: ♦♦♦

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