Una noche sin luna

Juan Diego Botto se pone y se quita la máscara de Lorca para arrastrarnos a un espectáculo tan atrayente como populista

Una noche sin luna - Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

San Federico García Lorca vuelve a subir a los escenarios para iluminarnos con el ejemplo de su mirada, para avisarnos de lo que puede ocurrir si no estamos atentos a las señales siniestras. Lo paradójico es que se nos imponga un farsante que juguetea con la máscara irónica de la bonhomía y de la pureza moral. Uno ya tiene claro que Sergio Peris-Mencheta ha entendido cómo funcionan las industrias audiovisuales y escénicas, pues está instruyéndose en Estados Unidos (véase lo que ha hecho con Lope en Castelvines y Monteses). Y entre lo que comprende y lo que anhela artísticamente, se estira más hacia el riesgo o se encoge más hacia el público complaciente. Tiene la inteligencia y la ambición necesarias para perfilar el producto idóneo, para que su prestigio se siga agrandando y para que sus excesos, a veces, maximalistas, no lo arruinen. Ganarse al respetable con la biografía espiritual del poeta granadino es harto fácil si se tiene cintura. Siempre se juega en casa y uno se conoce el desenlace de memoria. Sigue leyendo

Los precursores

Luis Sorolla nos sitúa en el final del mundo a través de un gran mito que encierra otros tantos relatos posibles

Los precursores - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

El final, entonces, puede ser como los albores; debe imaginar Luis Sorolla cuando deja que sus tres protagonistas sean abandonados en un bosque por sus padres. Tres niños de edades similares que van a crecer juntos con su memoria huidiza y su imaginación desbordada por una misión tanto salvífica, como esperanzadora. Uno piensa en El señor de las moscas; pero aquí el asunto es mucho más quebradizo, porque son tres chavalines que apenas cuentan con un cometido, que es contarse cuentos para relatar a la humanidad; y, punto importante, desde la inocencia rousseauniana. Dos chicos y una chica con la suficiente civilidad como para no atacarse furibundamente ante la mínima carencia de su egocentrismo; pero sin la conciencia de ser prepuberal. O eso debemos elucubrar, puesto que no parece que Sorolla haya explotado con intensidad su hipótesis inicial. Sí resulta convincente el prólogo. Sigue leyendo

Antonio y Cleopatra

Tiago Rodrigues toma como excusa la obra de Shakespeare para distanciarse hasta deambular por la performatividad genesiaca

Antonio y Cleopatra - Foto de Magda Bizarro
Foto de Magda Bizarro

Estamparse contra un límite dentro del arte puede ser muy beneficioso; pues alerta a otros artistas de que ese camino es un callejón sin salida. Antes, los creadores se daban cuenta de esto, que hasta las vanguardias tenían sus reglas, y no saltaban al vacío porque sabían que los espectadores no tragarían con cualquier propuesta (con excepciones, claro); pero desde que se abrió la espita posvanguardista y posdramática, pues ha ido surgiendo un público, una élite, poseedora de unas tragaderas tan inmensas como su ceguera crítica. Así que partamos del propio límite que había sondeado Tiago Rodrigues con la obra que pudimos ver hace dos años, Sopro; donde los actores ya eran despojados de sus personajes para quedarse inermes. Sigue leyendo

Mi padre no era un famoso escritor ruso

Documental escénico de Bárbara Bañuelos sobre la salud mental en otra propuesta más de autoficción

Mi padre no era un famoso escritor - Foto de Andrés Pino Bueno
Foto de Andrés Pino

En su suma (o resta) y sigue que ha emprendido La Abadía esta temporada con espectáculos redundantemente autoficcionales y tramposos, llega ahora Mi padre no era famoso escritor ruso, después de que hayamos aguantado Un país sin descubrir de cuyos confines no regresa ningún viajero y Sucia. En esta ocasión, es Bárbara Bañuelos quien presenta su documental escénico para indagar en una historia familiar y, a continuación, vincularla con el tema de las enfermedades mentales. Uno, enseguida, duda si estamos asistiendo a una conferencia con aires teatrales o a una incursión baldía, esteticista y naíf; porque su conductora se muestra dubitativa, hasta el punto de tener que parar y disculparse cuando su propia narración se convierte en un trabalenguas que se le resiste (y no me refiero solamente al vocabulario posmoderno con el «cuerpo» tal y el «cuerpo» cual). Bañuelos no se planta como una actriz, sino como una periodista que debe dar la cara ante un público al que anhela relatar su investigación. La racanería de medios, con unas decenas de sillas, unas partidas de nacimiento, algunos pomos de puertas y la consabida pantalla gigante sobre la que se muestran títulos de capítulos, y definiciones de diccionario que apenas se desarrollan en el drama, es ya un tópico de esta deriva conceptualista. También, por supuesto, referencias a Foucault. Sigue leyendo

Amar después de la muerte

La propuesta dirigida por Carlos Martínez-Abarca sobre la obra de Calderón pretende encontrar paralelos con nuestro presente

Amar después de la muerte - FotoYa debemos de estar acostumbrados a que los dramaturgistas biempensantes purifiquen su conciencia atormentada de blancos (probablemente heterosexuales) y judeocristianos —aunque sea por tradición—, y occidentales; ser, además, español supone una asfixia cerebral irreparable. Yo creo que España debería desaparecer, porque no existe nación en La Tierra que haya propiciado mayor daño a lo largo de su historia. Por eso a Carlos Martínez-Abarca le ha parecido que, en Amar después de la muerte, Calderón de la Barca, a pesar de escribir desde una perspectiva favorable y conmiserativa respecto de los moriscos, necesitaba traernos la cuestión hasta el presente para unirlo con la inmigración marroquí, con la islamofobia europea y todas esas controversias que provocan tanto dolor. Aspectos que también se insertan en el epílogo, puesto que debe quedar claro que de aquellos lodos estos barros y que el islam es una religión de paz y que las costumbres de los musulmanes son tan respetables como cualquier otra. Sigue leyendo

Alimañas (brillantes)

Pilar Massa dirige esta provocadora comedia negra de corte fantástico firmada por Philip Ridley en los Teatros del Canal

Alimañas - FotoDe primeras uno debe pensar en la sátira de Jonathan Swift, Una humilde propuesta —pudimos ver de ella una adaptación teatral dirigida por Laila Ripoll hace pocos años—. Si aquella daba solución a la molesta presencia de los niños vagabundos en las calles y a la acuciante hambre de la sociedad británica, las Alimañas de Philip Ridley, reparan lo primero y solventan las dificultades de los jóvenes para acceder a la vivienda, de sus sueños. Quién se lo iba a decir a Adela Cortina, cuando escribió aquello de Aporofobia, que ahí estaba encerrada la política inmobiliaria más eficiente. Por supuesto, que el tema viene que ni pintado para nuestro país y, sobre todo, para las grandes capitales; pues el abuso, por ejemplo, con los alquileres es insolente —no obstante, habría que rascar mucho acerca de las causas y de las soluciones—. Sigue leyendo

El silencio de Elvis

Sandra Ferrús trata el tema de las enfermedades mentales y su falta de apoyo en la Sanidad Pública en un drama algo superficial

El silencio de Elvis - Foto de Paula Pinon
Foro de Paula Pinón

Es absurdo, por supuesto; pero una metedura de pata (me corto, claro) de un diputado en el Congreso, puso sobre la mesa —y parece que para quedarse—, la realidad sobre los trastornos y las enfermedades mentales; aunque la iniciativa partía de Errejón, quien ha tomado la cuestión como uno de los pilares de su programa. Cualquiera que trabaje, por ejemplo, en un instituto, ha comprobado cómo la pandemia —y lo que esta conlleva— ha multiplicado las incidencias psicológicas y siquiátricas en los adolescentes. Esto venía de atrás, no obstante, ahora se ha acelerado. Por lo tanto, viene muy a cuento recuperar esta obra que Sandra Ferrús presentó en 2018. La dramaturga estrenó hace unos meses su segunda pieza, La panadera. Sigue leyendo

Calígula murió. Yo no

La obra de Albert Camus sirve para hacer teatro dentro del teatro y proponer una suerte de lenguajes y críticas inasibles

Calígula murió. Yo no - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Ante todo, hay que tomárselo en serio, sin paternalismo, con la máxima exigencia artística y con una mirada abierta. Esta propuesta de Clàudia Cedó, como versionista del texto de Camus, y el portugués Mario Paiva, un director experto en estas lides, es, cuando menos, inquietante; porque se logran concitar posturas y lenguajes que, a priori, uno es capaz de atisbar en su desarrollo. Podemos tener presentes algunas de las últimas adaptaciones de esta obra como la que dirigió Mario Gas o la que protagonizó Javier Collado; pero lo que aquí se propone va por otros derroteros. Primeramente, puesto que recoge una atmósfera entre absurda y melancólica —la iluminación de Nuno Samora destila esos azules mortuorios y venenosos, sobre la sencilla escenografía de José Luis Raymond, quien ha favorecido más la verticalidad, con las mesas colgando junto a la gran luna; que la horizontalidad, pues se tiende al despojamiento—. Segundo, porque el teatro dentro del teatro logra la metamorfosis de los actores como yoes infectados por sus personajes —hace bien poco veíamos un efecto así en Historia de un jabalí—. Sigue leyendo

La plaga

La compañía Caramala desembarca en el Matadero para dar rienda suelta a sus peripecias cómicas a través de una sátira escolar

La plaga - Foto de Daniel Garrido e Isaías Sadaña
Foto de Daniel Garrido e Isaías Sadaña

Uno de los grandes atractivos de esta propuesta es que venga avalada por la dirección (y parte de la autoría) de Chiqui Carabante, pues él está detrás de la descacharrante trilogía Crónicas ibéricas (Desde aquí veo sucia la plaza, Herederos del ocaso y Algún día todo esto será tuyo). Pero hay que reconocer que La plaga, aunque posea gestos humorísticos que se mueven en el absurdo y en lo paradójico ahondando en el costumbrismo, es una pieza algo limitada en su despliegue textual y dramatúrgico. Vaya por delante que la sensación general es que observamos una trama que daría más para una pieza breve que para un espectáculo de más amplio recorrido; porque se percibe un argumento alargado en subtramas que no dan suficiente de sí. Esto lo vemos en la falta de desarrollo de algunos personajes secundarios, como alguna alumna que reforzara a la auténtica protagonista. Y es que la revolución que se atisba, tan solo se insinúa. Y, lo que resulta más llamativo, que, como podrá observar el espectador, no se produzca algún tipo de acontecimiento cuando se opta por la solución draconiana de raparle la cabeza a toda la chavalería (no vaya a ser que se tuvieran que ir de cuarentena a casa con sus mamás. Horror). En fin, rasurar melenas de niñas sin que se monte una hecatombe. Sigue leyendo