Una humilde propuesta

Mariano Llorente se encarna en un satírico promotor dispuesto a solucionar la pobreza de nuestro país

Foto de David Ruiz

Viene muy a cuento lo que se critica en esta obra satírica de Jonathan Swift. Apenas un panfleto de unas cuantas páginas donde vuelve a desbordar los planos de la crítica con esa inteligencia tan soberana. Desde luego, no es en su forma la misma ironía con la que procedía Sócrates para obtener la sabiduría; pero este recurso retórico conserva ese efecto revelador que produce tanta estupefacción. Proceder así en esta proclama, proponiendo técnicamente, con toda clase de detalles matemáticos y estadísticos, sobre un proyecto serio para «zamparse» a los hijos de los pobres cuando cumplan un año y alcancen un estimable peso (entre diez y doce kilos), es una provocación que no dejará a nadie indiferente. El truco discursivo es idóneo para exigir, precisamente, todo lo contrario; a saber, una responsabilidad política y social sobre esa parte depauperada de la sociedad. Y si señalo que el contenido del texto es muy pertinente para la observancia de nuestra querida España, es porque la pobreza infantil anquilosada ofrece datos tan descomunales como desalentadores ―aunque se encubran en nuestro mundo estetizado de virtualidades virtuosas. Según el INE, la pobreza infantil afecta a uno de cada tres niños. Estamos en 2019 y parece que eso no es una urgencia. En las democracias liberales, la capacidad de los pobres (por sus circunstancias no solo socioeconómicas, sino socioeducativas) para protestar, para manifestarse y para presionar políticamente, son muy bajas (evidentemente no se pueden poner en huelga, por ejemplo). Otro asunto muy interesante que se debe señalar en relación a esta obra es la teoría de Adela Cortina. La filósofa, especialista en Ética, consiguió llamar la atención en 2017 con su libro Aporofobia, el rechazo al pobre. En él, señalaba cómo nuestra aversión generalizada a la pobreza es la base de muchas otras fobias, ya sea al extranjero, a gentes con rasgos físicos diferentes, etc. Por todo ello, la gracia de Una humilde propuesta radica en que nos sitúa humorísticamente ante la evidencia de que aún queda mucho por trabajar en pos de la justicia social; más allá de que los optimistas como Steven Pinker sean capaces de demostrar que el planeta, en un sentido macro, haya mejorado mucho en las últimas décadas. La compañía Micomicón ha tomado este texto para trazar un montaje que, en general, resulta sugestivo; aunque se comprueba que ante la tesitura de quedarse demasiado corto (creo que en realidad no daría para más de cuarenta y cinco minutos), se alarga de una manera un tanto artificial, ya sea agasajando al respetable con un vinito o una tapa, o con un ínterin musical con Frank Sinatra de fondo. En este sentido, se echa en falta un punto de tensión sostenida que consagre la desfachatez del discurso. No obstante, Mariano Llorente despliega toda su potencia actoral, recorriendo varios colores interpretativos, desde cierto regusto grotesco (un referente podría ser Javier Gurruchaga; pero no llega a tal exageración), como un mercantilista que acepta mercadear con el ser humano, superando con creces su uso como esclavo, y aceptando la tesis de los caníbales –usurpándole el ritual del sacrificio y dotándole de otros rituales gastropijos más propios de nuestra contemporaneidad de advenedizos sibaritas―; al populista neoliberal de nuestros días, que no concibe la extensión de los derechos a todos los ciudadanos pues los considera únicos responsables de su situación. Así pues, el cuidado de lo común, es un concepto propio del demonio rojo. En cuanto a la adaptación de Laila Ripoll, está claro que se ajusta a nuestro entorno y que de forma sutilmente velada nos hace pensar a lo largo de la función en nuestro propio país; aunque hay que reconocer que posee algunos detalles que chirrían un poco y que quedan fueran del estilo general; como, por ejemplo, ese señalamiento expreso a Ana Botín. Uno de los puntos fuertes es la estructuración escenográfica de Arturo Martín Burgos. Hablamos de que se disponen los elementos necesarios para que se pueda cocinar en directo la carne de los tiernos infantes. Ahí el morbo está garantizado. Es indudable que el público queda cautivado por este proyecto, principalmente porque su protagonista procede con encanto y con diligencia para transmitirnos su «propuesta, humilde» y provocar en nosotros el dilema moral que viene hoy, enmascarado, no, desde luego, en soluciones de este cariz; pero sí en otras derivas igualmente utilitarias.

Una humilde propuesta

Autor: Jonathan Swift

Versión y dirección: Laila Ripoll

Intérprete: Mariano Llorente

Escenografía: Arturo Martín Burgos

Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas

Realización de vestuario: Sastrería Cornejo

Iluminación: Marta Martí

Música: Mariano Marín

Fotografía escena: David Ruiz

Ayudante de dirección: Héctor del Saz

Prensa compañía: María Díaz

Diseño cartel y programas: Javier Naval

Realización teaser: Miguel Ángel Calvo Buttini (Salto de Eje PC)

Distribución: Joseba García (A Priori Gestión Teatral)

Agradecimientos: Escuela de Hostelería de Alcalá de Henares

Una producción de Micomicón

El Pavón Teatro Kamikaze (Madrid)

Hasta el 3 de febrero de 2019

Calificación: ♦♦♦

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