Los Teatros del Canal acogen la adaptación de la breve novela de la argentina Ariana Harwicz, protagonizada por Érica Rivas
Miren que la verborrea de los argentinos a nosotros, los españoles, nos parece proverbial, agotadora y asfixiante; pero, también, seductora, en cuanto que da la impresión de que se adentran en un torbellino que va a ser capaz de horadarnos hasta la médula. Y si una prosa de este calibre ha triunfado por aquellos lares ha sido la de Ariana Harwicz, quien se apodera del flujo de conciencia impuesto más por Virginia Woolf (que es nombrada, por su Mrs. Dalloway) que por el de Joyce. Aquí no hay juegos lingüísticos. Aquí hay tajos. Porque el cuchillo que sostiene desde el inicio, tan real como metafórico, es una inapelable relación de fondo y de forma. Sigue leyendo →
Juan Carlos Rubio adapta y dirige en El Pavón esta obra de Adam Rapp con aire de thriller en un ambiente filológico
En las últimas temporadas, Juan Carlos Rubio nos ha ido entregando algunas de las obras más recientes de David Mamet, como Muñeca de porcelana, Trigo sucio o La culpa, un autor que, en gran medida es referente de Adam Rapp (aquí diríamos que nuestra mirada va más hacia Oleanna). El enfrentamiento dialéctico entre dos (o pocos más) personajes a través de un proceso que apunta al thriller sicológico. Y esto, en El sonido oculto, está muy bien medido en cuanto que es la atmósfera, más que la historia lineal, la que nos lanza hacia un desenlace que no sabemos muy bien por dónde desembocará. Es algo que observábamos, no hace mucho, en otro montaje —La coartada, de Christy Hall— que exprimía este procedimiento estético. Sigue leyendo →
Los Chiens de Navarre regresan a los Teatros del Canal para realizar un ataque satírico contra todas las cuitas de nuestra contemporaneidad
Foto de Philippe Lebruman
Quienes acudimos en 2021 a esta misma Sala Verde de los Teatros del Canal para disfrutar de No todo el mundo puede ser huérfano; ya nos quedó claro de qué palo van estos cafres de Chiens de Navarre. Aunque lo evidente en este nuevo proyecto es que la cohesión es más endeble; puesto que no se sustenta tanto en un argumento con su hilo conductor, sino que se dedican a satirizar salvajemente los desvaríos de nuestra contemporaneidad, los conflictos políticos, los traumas personales y otros trastornos que deben mostrarse cuanto antes. Sigue leyendo →
La compañía Dead Centre ha dispuesto una fantasmagoría en los Teatros del Canal para adaptar la película que Ingmar Bergman estrenó en 1963
Foto de Ola Kjelbye
Continuamos nuestra andadura con otro proyecto que se suma al imperante estilo dramatúrgico de nuestra contemporaneidad consistente en el film performance. En este caso, más cine todavía, pues la propuesta trata de adaptar la última cinta de esa trilogía titulada «El silencio de Dios» que Bergman presentó en 1963. La gente de Dead Centre, especializada en esta aplicación tecnológica al teatro, nos propone un acercamiento a nuestro tiempo para dejarse, quizás, por el camino, una serie de pruritos de carácter religioso que aquí no parecen tan subyugantes como en el ideario del cineasta sueco, alguien empeñado en desembarazarse (o no) de ese marchamo indeleble del puritanismo. Sigue leyendo →
El dramaturgo Íñigo Guardamino, un veterano del circuito off, plantea en el Teatro Quique San Francisco una sátira acerca del engranaje malicioso en el que se ven envueltos los mensajeros de paquetería que recorren nuestras ciudades
Foto de Carmina Prieto
Resulta conveniente observar el circuito off, donde, a veces, aparecen obras que merecen sobrevivir, entre tanta abundancia de intentonas primerizas o de asuntos manidos. Íñigo Guardamino siempre se ha mantenido en cierta marginalidad dentro de esa esfera escénica española y ha saltado poco a los teatros institucionales. Quizás, esto le ha permitido sostener su irreverencia; puesto que lo suyo es la sátira vitriólica, capaz de señalar los destrozos de nuestra vida contemporánea. Con humor negro y golpes de efecto que nos pueden dejar estupefactos, el dramaturgo ha ido aquilatando su estilo dentro del teatro social más inteligente (véase Monta al toro blanco).
Sí es cierto que este último montaje ha rebajado algo esa chocarrería tan rompedora; aunque el pulso es pertinaz. Esta vez la emprende contra las empresas de envío, esas que tienen a un montón de repartidores en bicicleta dejándose los glúteos y el aliento por aguantar a flote. Nuestro antihéroe es un Álex Villazán que vuelve a demostrar su energía y una habilidad enorme para hablar rápido, algo que viene estupendamente en esta función. Un joven graduado en Derecho que comprueba que su currículum apenas le deja oportunidades, si no trae aparejada una experiencia. Que decida aceptar la oferta de empleo de Hermess, le permitirá conocer un mundo de angustia infinita; pero que, paradójicamente, lo enganchará no como si fuera un rider, sino un gamer, un ludópata de su propia supervivencia dopaminada. Sigue leyendo →
Pablo Rosal continúa con su personalista andadura dramatúrgica elaborando otro ejercicio de estilo a través de los estereotipos habituales de las novelas de detectives
Empecemos por el final o por el todo o por esto que aquí ocurre. Asesinato de un fotógrafo es un ejercicio de estilo. Y, sinceramente, creo que solo es un ejercicio de estilo. Otro más, como su exitoso Los que hablan. Porque hay un tipo de público que necesita aparentes rarezas teatrales en este mundo de engrudos y de llamadas de atención permanente. Pero, ¿nos quiere decir algo Pablo Rosal? O simplemente juguetea con el género negro, con el cliché. Hace poco, Puñales por la espalda. Glass Onion desplegaba todo su poderío tecnológico para realizar un producto repleto de remisiones culturalistas en un collage descomunal que, con la apariencia del film extremadamente comercial, que engancha a todos aquellos que ansían descubrir quién es el asesino, nos descubría el cinismo de nuestro mundo contemporáneo. Sigue leyendo →
El estilo del teatro filmado se impone en la dramaturgia contemporánea europea; y una de sus principales artífices, Katie Mitchell, nos ofrece una adaptación de la novela de Virginia Woolf
Foto de Stephen Cummiskey
Lo más normal es que Paul B. Preciado se apropie del Orlando, de Woolf, para emprender su autobiografía fílmica en el desarrollo de ese mundo disfórico en el que parece vivir y en el que defiende que deberíamos vivir todos. Una egolatría más que puede tener repercusión en el arte performativo, como un revival setentero, pero que filosóficamente hace aguas, pese a quien le pese.
El Orlando, la novela de 1928, no para de ganar adeptos, no para de resimbolizarse en esta atemorizante disolución queer que están padeciendo las nuevas generaciones en el cuestionamiento de su existencia sexual, mientras las eternas distracciones les provocan ansiedad generalizada. Ya tuvo éxito la versión de Sally Potter con la idónea Tilda Swinton y, bastante después, Guy Cassiers nos aburría hasta la saciedad con su mortuoria monotonía dramatúrgica. Ahora llega Katie Mitchell a desbordarnos con su «mecanismo». Sigue leyendo →
La nueva obra de Ignasi Vidal cae en el manido enfrentamiento de una pareja malavenida en el contexto de la Semana Santa sevillana
Foto de Antonio castro
Cuando se pretende condesar mucha información en muy pocas horas, como si hubiera que cumplir con la regla de las tres unidades (tiempo, espacio y acción) a rajatabla (aquí así ocurre), hay que tener una gran pericia para que las inverosimilitudes no lo lleven todo al traste. Desgraciadamente, el dramaturgo Ignasi Vidal no ha estado fino en el reparto comedido de lo relevante. En cierta medida, en su obra más célebre El plan, ya se dieron excesos en cuanto a cargar las tintas. Mejor le fue, desde mi punto de vista, con Dribblig, verdaderamente se concedía el oxígeno requerido. Porque en Sobre el caparazón de las tortugas —una metáfora que se nos explica debidamente como en un aparte cargado del melodramatismo de otro tiempo— la sempiterna bronca entre dos divorciados se manifiesta de una manera inverosímil, como si estuvieran más empeñados en que el público se entere de los avatares de su extinto matrimonio, que en jugar sus cartas con astucia. Sigue leyendo →
Natalia Menéndez dirige esta comedia negra del dramaturgo Gabriel Calderón, donde se pretende realizar una sátira acerca de las creencias de una familia cristiana. El resultado nos hace pensar en un tipo de teatro comercial bastante inane
Foto de Javier Naval
La lógica parecía decirnos que, si Historia de un jabalí había sido extraordinaria y Ana contra la muerte, nos hizo pasar buenos momentos, este Uz: el pueblo —presentada en 2004—, del dramaturgo uruguayo (y multipremiado) Gabriel Calderón (1982), debería ser un bombazo. Pues yo pienso que si le quitamos el embalaje ese que las élites culturales parece que no quieren contemplar; pues hallaremos una astracanada digna de los teatros comerciales más rancios.
Esto no tiene ni la sutileza, ni la inteligencia de los Monty Python, que serán nuestro principal referente (tampoco de Los Simpson). Más bien se parece a La que se avecina; aunque sin esa capacidad para incidir en nuestra moralina presente. Esto es una bola de nieva lanzada de una montaña bien empinada, una vez la clamorosa voz en off de Dios le ordena a Grace que mate a uno de sus dos hijos, como si fuera Abraham. El desbarre alcanza los noventa minutos y se recurre a ese humor que, sí, nos puede hacer reír y hasta carcajearnos; pero para caer después en el olvido. No obstante, nosotros íbamos al Matadero a ver teatro trascendente y profundo, ¿no? Sin pasarnos, claro, que para eso nos cargamos a Mateo Feijóo, que pretendía hacer de esto Berlín. Sigue leyendo →