Orlando

Guy Cassiers y Katelijne Damen presentan una narración esteticista sobre la novela de Virginia Woolf

Foto de Frieke Janssens
Foto de Frieke Janssens

Resulta ineludible tener en cuenta la versión cinematográfica de Orlando, la obra de Virginia Woolf que pretendía superar ese imponderable literario del tiempo. Sally Potter se atrevió con la adaptación fílmica y no salió mal parada, sobre todo porque contó con la actriz idónea, Tilda Swinton, caracterizada por sus juegos estéticos de androginia. Uno solo puede sentirse intrigado por la forma en la que procederá un dramaturgo a la hora de llevar un texto complejo en el que se emplean varias de las técnicas que popularizaron la novela modernista inglesa. Creo que no hay forma peor de llevar una novela a las tablas que renunciando al lenguaje propio del arte dramático, en este caso a través de la narración. Guy Cassiers como director y Katelijne Damen como adaptadora e intérprete, no solo reducen cuantitativamente la novela de Virginia Woolf, sino que también reducen la expresión al puro cuentacuentos. ¿Qué ganamos los espectadores escuchando a una actriz contándonos una historia que ya existe con todo su aparataje literario? Nosotros hemos ido a ver una representación teatral, pero durante una hora y cuarenta minutos se nos suelta una parrafada, ya conocida, que no aporta un ápice a la novela; es más, se queda en valor muy por detrás. Aquí no hay personajes, no hay voces, no hay monólogos interiores, no hay metamorfosis del protagonista, no encontramos al hombre que se hace mujer y recorre varios siglos como un espíritu de los tiempos, como una conciencia que fragua en el devenir. Aquí tenemos a una actriz relatándonos todo esto, pero sin la vivencia del personaje y, por lo tanto, sin el destino a la catarsis. Es cierto que Katelijne Damen muestra su ímpetu y su capacidad para transmitir, pero lo que me cuenta queda muy lejos de comunicarme el acontecimiento que se debería celebrar sobre el escenario y que nos es usurpado. El tedio nos aplasta por la monotonía de un falso monólogo que vamos leyendo en las pantallas. Orlando pretende ser mucho más que una biografía basada subrepticiamente en la vida de Vita Sackville-West, aristócrata y amante de la escritora; anhela recorrer trescientos años, desde el reinado de Isabel I hasta principios del siglo XX, apoyándose en un ser mágico, un ente inmortal, superador de toda ambivalencia sexual y asombrado en su transformación. Digamos que el espectáculo se sustenta en algo tan viejo como contar una historia y en algo tan moderno como incluir proyecciones sobre una pantalla. Guy Cassiers monta un complejo sistema de vídeo que da como resultado algo bastante sencillo. Una serie de cámaras enfocan sobre el suelo sobre el que se desplaza la intérprete, unas planchas con ilustraciones que luego se deslizan para dar paso a otras (nosotros solamente vemos lo que aparece en la gran pantalla). Son dibujos sugerentes que ilustran sutilmente las estaciones, la naturaleza, una cúpula y a la propia Katelijne tumbada en camisón. Hay que reconocer el esplendor y la magnitud estética que se alcanza en muchos momentos; pero un espectáculo que debería ser capaz de trasladar las novedosas técnicas literarias de la novelista británica con técnicas teatrales acordes a tal empresa, no puede entregarse únicamente al despliegue tecnológico y al apabullamiento del respetable a través del maximalismo. ¿Cómo sería, por ejemplo, una adaptación teatral de El Quijote consistente en seleccionar unos cuantos pasajes y que un actor los fuera narrando mientras se proyectan unas imágenes alusivas? Sería reducir una obra maestra a lo anecdótico mientras que el público tendrían que ser unos escolares. En definitiva, me parece que este Orlando de Toneelhuis se apoya en un esteticismo que no comprende la esencia literaria de la novela.

Orlando

Autora: Virginia Woolf

Director: Guy Cassiers

Intérprete: Katelijne Damen

Diseño de vestuario: Katelijne Damen

Adaptación: Katelijne Damen

Escenografía: Guy Cassiers

Traducción: Gerardine Franken

Dramaturgia: Erwin Jans

Colaboración artística: Luc De Witt

Diseño audiovisual: Frederik Jassogne (Hangaar)

Diseño de iluminación: Giacomo Gorini

Diseño de sonido: Diederik De Cock

Producción: Toneelhuis

XXXIV Festival de Otoño a Primavera

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 5 de febrero de 2017

Calificación: ♦♦

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