Abel Zamora presenta en La pensión de las pulgas su visión de las relaciones humanas en Yernos que aman
Una noticia luctuosa consigue aflorar los resentimientos, los complejos y las dudas de unos hermanos, sus parejas y su madre. Cada uno de los personajes expresa sus debilidades de una manera distinta, con lo que al final tenemos un microcosmos construido con un catálogo de disquisiciones que deben ser resultas o no en el desenlace. Representada en tres salones que el público tiene que ir visitando, Yernos que aman propone un melodrama elaborado con un lenguaje trepidante y mordaz en el que las piezas no pueden más que encajar a través de la pérdida de orgullos y neuras. Sigue leyendo →
Otra forma de representar el teatro en La casa de la portera: dos actrices a pocos centímetros de veinticinco espectadores
Cuando se unen ante la red de una pista de tenis una entrenadora que perdió su sueño de ser Mónica Seles debido a una lesión y una pija advenediza, abúlica y más pendiente de comer polvorones, se establece una especie de relación fáustica. La primera, de nombre Mónica, desea la independencia, vivir sola, pero no puede conseguirlo por falta de recursos; a la otra, Candela, muy al contrario, le sobra el dinero y solo ansía más capital y alguien que le haga compañía, máxime si su marido, un director de sucursal bancaria, pasa de ella. ¿Es este el argumento? En absoluto. Ascensión y caída de Mónica Seles es un viaje en el tiempo, un partido de tenis, una convocatoria fantasmal, un corte de pelo maléfico, una puesta en marcha del azar, un crédito envenenado, una venganza y una experiencia dramatúrgica en un espacio (La casa de la portera) que, indefectiblemente, nos obliga a sensibilizarnos con dos actrices expuestas a la intemperie de veinticinco espectadores y dos pequeños salones. Sigue leyendo →
Teatro Meridional nos cuenta los orígenes de la existencia como si los fundamentos de la física fueran una leyenda
Cantar la historia del universo desde el campo, desde la boina, desde el achaque y el mandil, dando pábulo a científicos como Hubble o George H. Darwin, provoca todo un sistema de paradojas humorísticas que Julio Salvatierra ha trenzado a partir de las Cosmicómicas de Italo Calvino. Emparentado con el Enuma Elish (poema babilónico de la creación), con la Teogonía de Hesíodo o con el Génesis del Pentateuco, QFWFQ (se debe leer cufubufucu) narra en diversos episodios una cosmogonía. Lo que realmente da valor al relato son, primero, los propios textos creados entre 1963 y 1964 por Calvino y, segundo, el tono que tanto en la adaptación como en la labor directiva (Álvaro Lavín) se infunde al desarrollar unos personajes que acompañan al protagonista (el propio QFWFQ), más unas interpretaciones musicales en los interludios donde el folclorismo jotero se adentra en una especie de parodia físico-rural. Sigue leyendo →
Repasamos los mejores espectáculos del curso teatral reseñados en El Pulso
Como lleva ocurriendo en los últimos años, comenzamos con varios platos fuertes llegados desde el extranjero. El ciclo «Una mirada al mundo» reúne lo mejor que se puede ver en el mundo hoy en día y que, a pesar de la crisis, tenemos la suerte de disfrutar en el Centro Dramático Nacional (CDN). En esta ocasión, han sobresalido el Ubu Roidirigido por Declan Donnellan, Seuls de Wadji Mouawad, Julia (reelaborando a Strindberg desde Brasil) y Bienvenido a casa con sesión duplicada desde Uruguay. Además, en el propio Valle-Inclán asistimos a la compleja escenificación de las Comedias Bárbaras valleinclanescas con Montenegro de Ernesto Caballero, aunque se esperaba un poco más. Eso sí, el CDN nos deparó gratísimas sorpresas como El viaje a ninguna parte o El triángulo azul, verdaderamente estremecedora.
El Matadero, pese a un par de meteduras de pata que no recordaremos, nos ha regalado una variedad y calidad que es y debe seguir siendo su seña de identidad. Comenzando por aquel Roberto Zucco que instaló su edificio allá por octubre, continuando con la fantástica interpretación de José Luis García-Pérez en el Diario de un loco o el Pinter que nos depararon Lluís Homar y Josep Maria Pou en Tierra de nadie; más el desembarco de la Joven Compañía de Teatro Clásico y su lopesca La cortesía de España. Finalizando con el regreso, Max que exitoso, de Juan Diego Botto y su obra Un trozo invisible de este mundo. Sigue leyendo →
La Sala Kubik Fabrik acoge la obra Constelaciones, donde la física cuántica y la apicultura juegan en la incertidumbre
Cada mínima postura en la vida, cada enunciado, cada decisión, cada encuentro fortuito con otro individuo que, a su vez, multiplica las posibilidades, concierta un cuestionamiento de la libertad individual y una especie de tabla de salvación ilusoria escondida en los postulados de la física cuántica. No sabemos si Nick Payne habrá visto La vida en un hilo (1945) de Edgar Neville, aunque su propuesta es más radical y no le sirve con fantasear con aquello de… «qué hubiera pasado si…»; no, el dramaturgo británico, premiado por esta obra, Constelaciones, quiere ir más allá y su lenguaje se apoya en la recursividad, en girar sobre sí mismo con pequeñas variaciones, en lanzarse hacia el futuro y en transgredir los hechos del pasado, provocando un big bang de historias entre cruzadas y posibles, quizás inverosímiles o quizás deseables. Sigue leyendo →
Miguel Rellán, desde la mayor sencillez, lleva a escena Novecento de Alessandro Baricco
¿Contar un cuento en un escenario vacío es teatro? Un bebé, encontrado encima de un piano en la sala de primera clase de un transatlántico, se convertirá en el mejor pianista de jazz del océano. Como narrador-testigo, Miguel Rellán va relatando, durante poco más de una hora, la historia de ese muchacho, de su prodigiosa virtud ante las teclas y, fundamentalmente, su negativa a bajar del barco en toda su vida. Alessandro Baricco escribió esta historia calificándola de monólogo, cuando, en realidad, es un cuento, con incisos de cuento, con detalles de cuento, con estilo de cuento, con prólogo, nudo y desenlace de cuento. Además, el escenario está vacío y tan solo la voz, la gesticulación, las ganas y la honradez interpretativa de Miguel Rellán, deben resultar suficientes para lograr que un misterio tal nos cautive hasta el fin. Sigue leyendo →
La adaptación de La Venus de las pieles llevada a cabo por David Serrano se excede en el tono alocado
Foto de Luis Alda
Cuando juegas al teatro dentro del teatro, debes procurar que la ficción que quieres llevar a cabo dialogue coherentemente con la obra que finges desarrollar, si no, es muy posible que el espectador no termine por sintetizar ambos discursos. Bien, pues, el director, David Serrano, ha optado por infundir un tono barriobajero y excesivamente grosero, como si esa cómoda distancia posmoderna de la ironía no se tomara en serio el binomio placer-dolor. Desde el inicio, lo que deberían ser los primeros pasos hacia un cierto aire de solemnidad, hacia un viaje a la oscuridad de 1870, cuando Sacher-Masoch publicó su libro La Venus de las pieles (una novela algo anticuada para la época, un tanto artificial y que daría origen al término masoquismo), la protagonista, Vanda, aparece súbitamente, hablando a la velocidad del rayo como una groupie desnortada delante de un famoso y lanzando improperios sin parar como si fuera una choni recién salida del garaje de una discoteca light. La cantidad de ordinarieces se convierte en una losa incapaz de levantar en una hora y media; por mucho que, a continuación, cuando Vanda, se dispone a realizar la prueba para el papel principal, su voz suene aterciopelada y profunda. De esta forma, Clara Lago se enfunda estos dos roles y sale bastante bien parada (sigue las instrucciones que el director le ha dado), si nos fijamos en su seguridad con el texto y en su expresión corporal, demuestra que es una buena actriz. Su compañero, Diego Martín, aunque le vendría mejor una compostura más canalla y menos pija, es un actor sobresaliente que sabe mantener la seriedad de la representación desde el primer momento, llevándonos someramente hasta su claudicación. Sigue leyendo →
Juan Diego Botto triunfa en los premios Max de teatro con cuatro galardones gracias a su obra Un trozo invisible de este mundo
Las maletas recorren solas la cinta automática y luego caen unas encima de las otras. No parece que nadie las vaya a bajar, ni que su destino sea distinto del montón. Los cinco monólogos de Un trozo invisible de este mundo escritos por Juan Diego Botto se hilvanan mediante el tormento de aquellos que tienen que exiliarse, que lanzarse a lo desconocido con la urgencia que impele la supervivencia. La tristeza y la nostalgia se unen a la fuerza de la esperanza, a la lucha que frena el desánimo. Botto es un argentino huido de la dictadura con cargo de conciencia, un policía haciendo malabares con las falacias en un triunfal discurso al que ya nos hemos acostumbrado, un obrero fingiendo ante su mujer en la distancia que las cosas marchan bien. Astrid Jones da vida a una mujer subsahariana en un relato conmovedor donde los recuerdos se mezclan con cánticos que llenan el espacio de melancolía. Sigue leyendo →
La propuesta de Lima y Cavestany funciona estéticamente, pero el trazo grueso en la adaptación la ensombrece
La tragedia de Shakespeare trastoca su perspectiva si el protagonista se convierte, junto a la ayuda de su mujer, en un político gallego capaz de llegar al asesinato por medrar, pero si a esto le añades los últimos acontecimientos referidos a la presidenta de la Diputación leonesa, entonces, inevitablemente la obra cobra otra dimensión. Sigue leyendo →