Danzad malditos

Sugerente versión de la célebre película, aunque sin el ritmo adecuado

Foto de Pablo Rodrigo
Foto de Dominik Valvo

Viene esta versión escrita por Félix Estaire pegada a la célebre película de Pollack y las comparaciones serán irremediables. Ya nos enseñó Steinbeck en Las uvas de la ira que la deshumanización, durante aquella época verdaderamente depresiva y llena de carencias tras la hecatombe del 29 en EE.UU, fue brutal. El lumpen da vueltas en el circo de baile a la espera de que comience el certamen; mientras, el maestro de ceremonias, encarnado por Rulo Pardo, como un mefistófeles garboso y augusto, dispone las reglas, avanza los atajos y los posibles juegos de eliminación; todo tan azaroso que clamar justicia se torna absoluta imbecilidad. Danzar hasta la descomposición, con el fin de ganar la recaudación procedente de un público (en este caso nosotros) que aguza su vertiente macabra. Un divertimento burgués, una ofensa insolente, unos Juegos del hambre visionarios, unos pobres gladiadores rodeados de risotadas con dentaduras postizas. Penoso.

A Velasco le ha faltado la valentía de llevar su propuesta al extremo, que es lo que pide un asunto como este, donde la biografía de los personajes carece de importancia; bien es sabida qué razón máxima los une en su danza terminal. Ante la casi ausencia de argumento, únicamente queda la pura expresión; y ya que él ha optado por hacernos copartícipes del experimento (se nos informa de que cada función será diferente y de que los actores son libres para elegir pareja) y que incluso, en un acto de rebeldía pirandelliana, uno de los actores se queja vehementemente del propio director, qué menos que una manifestación de maratón dancístico exhaustivo. Puesto que la gran falla del espectáculo radica paradójicamente en la parálisis, en la rotura del ritmo, en que los eliminados no encuentran acomodo dramático y parece que asisten al ensayo de sus propios compañeros, en que se corta la música y la magia se desvanece porque nada tenso o relevante ocurre. Este planteamiento requería danza de principio a fin, agotamiento extremo real, aunque durara la mitad; si no, se debe dotar a cada personaje de una personalidad lo suficientemente definida como para que nos importe qué le va a ocurrir, para que provoque en nosotros un favoritismo.

También es cierto que la fantástica escenografía pergeñada por Alessio Meloni, toda una colección de pecios tras el vendaval, se hubiera desplegado con mucha más coherencia en la sala principal del Matadero. Aquí la polvareda que se levanta estéticamente puede ser muy atractiva para los de las últimas filas, para el resto es un sofoco. Además de que la movilidad de los bailarines se ve un tanto trastabillada ante la falta de espacio.

Por lo afirmado anteriormente, no se puede uno decantar por ninguna actuación predominante. Aparte de Verónica Ronda en su papel de cantante lírica ─a la que conocíamos por su participación en Como gustéis─ provoca un contraste muy pertinente entre sus temas y las coreografías que ejecutan los actores. Además, la música de Mariano Marín favorece la representación de unas danzas, en las que la labor, aquí sí, de Alberto Velasco es más que sobresaliente, son, a veces, de una extrañeza y un anacronismo que amplían esa sensación de animalización que se pretende desde el principio. En el movimiento el grupo funciona con auténtica entrega, laboriosidad y una sádica satisfacción en la sudoración, en el embadurne y en el cansancio de sus cuerpos.

En conclusión, Danzad malditos es una versión repleta de propicios elementos artísticos y de un atrevimiento escénico que necesariamente han de llevarse a cabo con un ritmo sofocante que desemboque en un profundo patetismo.

Danzad malditos

Dirección: Alberto Velasco

Versión: Félix Estaire

Reparto: Guillermo Barrientos, Carmen del Conde, Karmen Garay, José Luis Ferrer, Rubén Frías, Ignacio Mateos, Nuria López, Sara Parbole, Txabi Pérez, Rulo Pardo, Sam Slade, Ana Telenti, Verónica Ronda y Alberto Frías

Voz en off: Carlos Hipólito

Coreografía: Alberto Velasco

Ayudante de dirección: Luis Ulzurrún

Escenografía: Alessio Meloni

Asistente de escenografía: David Cubells

Vestuario: Sara Sánchez de la Morena

Iluminación: David Picazo

Música original: Mariano Marín

Fotos del proceso/cartel: Pablo Rodrigo

Fotos del espectáculo: Dominik Valvo

Producción: Malditos

Naves del Español-Matadero – Sala Max Aub

Hasta el 13 de diciembre de 2015

Calificación: ♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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