El texto desasosegante del dramaturgo argentino Santiago Loza deambula por el humor absurdo para tratar sobre el desamor

Demasiados elementos atrayentes se unían en este montaje como para salir decepcionado. Tiempo hacía —quizás desde Furiosa Escandinavia— que la sala Margarita Xirgu del Teatro Español no hospedaba una producción rompedora, anclada, aún, al texto. Digamos, inicialmente, que el espectador sentirá pronto la extrañeza, y saldrá con ella a la calle. Se conjugan el absurdo y el nihilismo, la desazón y la rabia, el humor rayano en la estupidez y el solipsismo. Me gustaría aproximarme al concepto de homo sacer que trabajó el filósofo Giorgo Agamben, y que nos remite en la actualidad, a la no-persona, al forajido, al marginal y, en definitiva, al vagabundo. Afirma el escritor italiano: «una figura límite de la vida, un umbral en el que se está, a la vez, dentro y fuera del ordenamiento jurídico». Sigue leyendo



Cuando en los últimos tiempos uno acude a espectáculos teatrales marcados por el marchamo del actual feminismo, no queda más que esperar si se respetará la inteligencia del espectador o si, por el contrario, se desbarrará con el proselitismo insufrible que restringe la crítica o el matiz al máximo; es decir, tendrá leccioncita o no. Desgraciadamente, en Despierta, cuando parecía que no; pues al final resulta que sí, que Ana Rayo y su personaje de sí misma han venido a instruirnos y a concretar las sencillas recetas en el conflicto hombre-mujer (y viceversa). Una obra en la línea de
Volver a la figura clave del teatro sofocleo implica darle nuevos aires, ahondar en perspectivas inéditas y resignificar el símbolo esencial para demostrar que seguimos impresionados por su repercusión. Como han hecho otros tantos en los últimos tiempos, desde 

