Fedra

El Teatro de La Latina acoge la propuesta Paco Bezerra, quien revisita el clásico para dotarlo de mayor humanidad

Foto de Jero Morales

Resulta satisfactoria, en términos generales, esta aproximación al mito de esa mujer enamorada hasta las entrañas. La nieta del Sol fulge en su angustia hasta llegar a la enfermedad y Lolita Flores no puede ni sujetarse la melena en los padecimientos de su enfermedad. Su expresión con las manos, la hondura que manifiesta en las frases más sinceras, el amor que expele junto al cuerpo de su amado hijastro, Hipólito. El hijo de Teseo y de la amazona Antíope (también llamada, en ocasiones, Hipólita) es un Críspulo Cabezas que parece más interesado en la sensualidad bucólica que le ofrece la naturaleza que en aceptar las insinuaciones de su madrastra. Paco Bezerra, inspirado por Eurípides y por Séneca, reinventa esta conocida historia para convertirla en un relato más cercano a la novela de aventuras, despojado de los dioses clásicos que infunden su poder; está como extraída de Las mil y una noches o, si queremos, aproximarnos más a nuestro presente, podemos imaginarnos una película de piratas o de buscadores de tesoros donde encontramos reinos casi idílicos que se deben arrasar. El ambiente orientalista se exterioriza en el vestuario de Almudena Rodríguez Huertas y en la iluminación de Juan Gómez-Cornejo, que da idea, inicialmente, de la diafanidad de un palacio. En los contrastes que necesariamente se tienen que enfrentar, la parte sombría, la que remite al volcán real y metafórico, a la boscosidad que viene magníficamente representada por uno de los elementos fuertes de esta propuesta, la escenografía de Monica Boromello. Una caverna vaginal sinuosa y elegante, profunda y simbólica, de la que surge como si estuviera en proceso de trance una Lolita obnubilada. Creo que la gran lástima de este espectáculo es el poco aprovechamiento de ese fondo sobre el que, además, se proyectan una serie de vídeos (mucha más naturaleza) muy sugerentes, creados por Bruno Praena. Porque la dirección de Luis Luque, si bien es correcta, resulta, a la postre, demasiado estática. La mayoría de los parlamentos se dictan desde la mitad del escenario, obviando que allá se encuentran unos recovemos que podrían aumentar la dramaticidad (pensemos que este montaje fue pensado para el Teatro romano de Mérida y que ahí debe radicar el motivo de estas disposiciones). Por otro lado, debemos alabar la sonoridad que ha propiciado Paco Bezerra en su texto. Su escritura suena estupendamente en los cinco actores. La poesía toma un ritmo que redunda en la dolencia del amor, en el horror que supone esa relación cuasi incestuosa, en la transgresión motivada por un anhelo carnal que ciega y asfixia a esa mujer hipnotizada. Juan Fernández, como Teseo, mantiene una firmeza inconmensurable. Su intervención es breve, pero muy consistente. La que resuelve con más cintura y con una capacidad inmensa para bajar el tono y recuperar el susurro, es Tina Sáinz, la nodriza Enone, quien debe jugar prestamente con todas las barajas posibles. Finalmente, Eneko Sagardoy, es Acamante, el hijo de ese matrimonio quebrado por la falta de pasión. Su interpretación se aproxima como puede a la de su padre; aunque no deja de ser un muchacho tembloroso ante una noticia que los lleva de cabeza a la tragedia. Esta Fedra apuntala con pericia las ideas platónicas del amor ideal que fueron metamorfoseándose durante el primer renacimiento, que tuvieron su punto culminante en el Romanticismo y que no dejan de ser el motor peligroso y fascinante que nos mueve cada día. El tabú, lo prohibido, el erotismo y la huida furibunda de la muerte se encarnan en esta reina de la Isla del Volcán. Bulle para nosotros hasta las últimas consecuencias, en una función que se envuelve de un lirismo muy beneficioso.

Fedra

Autor: Paco Bezerra

Director: Luis Luque

Reparto: Lolita Flores, Juan Fernández, Críspulo Cabezas, Eneko Sagardoy y Tina Sáinz

Escenografía: Monica Boromello

Iluminación: Juan Gómez-Cornejo

Música: Mariano Marín

Vestuario: Almudena Rodríguez Huertas

Vídeo escena: Bruno Praena

Ayudante de dirección: Álvaro Lizarrondo

Productor: Jesús Cimarro

Una producción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Pentación Espectáculos

Teatro de La Latina (Madrid)

Hasta el 30 de septiembre de 2018

Calificación: ♦♦♦

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