Viaje de invierno

Magda Puyo se pone al frente de esta adaptación del texto de Elfriede Jelinek, para divagar sobre distintos temas en un espectáculo insípido

Viaje de invierno - FotoPor qué no reconocer que uno, a veces, cuando tiene que ponerse a escribir sobre un espectáculo es superado por la estupefacción de no saber a qué atenerse. Un texto que firma la Nobel Elfriede Jelinek, que tenemos presente por la escabrosa La pianista, que llevó al cine Michael Haneke. Este Viaje de invierno: el día que Jelinek dejó de tocar a Schubert, que no se ha traducido al español, es un texto escrito a partir de los lieder del compositor austriaco sobre los poemas de Wilhelm Müller. Una obra extensa y premiada que aquí se nos entrega reducida. Sigue leyendo →

Vuelan palomas

El género sermón le sirve a José Luis Gómez de excusa para vertebrar un montaje que traza un camino singular de la historia de España

Vuelan palomas - Foto de Sergio Parra
Foto de Sergio Parra

No son pocos los políticos contemporáneos que han recurrido a la ayuda de actores para mejorar su performance en los mítines o en las alocuciones en el Congreso. Viene de lejos que las técnicas expresivas de los intérpretes se pusieran al servicio del sermón, antes con ánimo evangelizador y con similar motivo; no obstante, con otro Evangelio. Que José Luis Gómez y Javier Huerta Calvo, uno, figura polifacética de nuestro teatro y, el otro, experto máxime de la materia, hayan elegido el arte de los sermones como concepto a desarrollar en escena hoy en día puede parecer una rareza; pero, en realidad, es un hecho de gran actualidad, pues estamos rodeados de púlpitos digitales donde no se para de admonizarnos. Sigue leyendo →

Búho

La compañía Titzina se queda a medias a la hora de transmitirnos la angustiosa vivencia de un antropólogo forense que ha perdido la memoria

Búho - FotoResulta verdaderamente difícil expresar en escena la amnesia sin caer en la intromisión externa. ¿Qué ocurre en el cerebro? ¿Cómo se entremezclan los recuerdos asentados en el tiempo con esos retazos inasibles que se suceden en el presente? Pablo es un antropólogo forense. En el descenso a una gruta ha sufrido un accidente que le ha provocado una severa pérdida de memoria. Desde ese momento, el público duda ante lo que observa. Es habitual en las historias que nos cuentan los de Titzina ─así lo comprobamos en La zanja o en Distancia siete segundos─ que se expongan a través de aproximaciones en marcha, con el acontecimiento comenzado, con voces y fragmentos que luego se deben reconstruir. Nunca se da esa linealidad que nos facilitaría el camino y que nos haga comprender ipso facto de qué están hablando. Por eso, el susodicho experto graba sus conclusiones provisionales acerca de los huesos que ha encontrado en aquella caverna. ¿Estamos en algo que ha vivido o en lo que debería haber hallado si no se hubiera caído?

Diego Lorca, autor del texto, interpreta a este paciente estupefacto en ese hospital donde se ha despertado. Frente a él, un neuropsicólogo le hace preguntas tremendamente básicas para evidenciar su lamentable estado. Quizás ahí la obra baje demasiado su atractivo. Pako Merino hace su labor médica de una manera prototípica y no nos concede ningún asidero que nos destine más allá. Y es que en esta función me falta un punto intermedio, un elemento de enlace en la crónica; porque las metáforas están expuestas con las señas de identidad que estos dos creadores manejan desde hace años; aunque no se abunda en un argumento escurridizo. Uno se queda pensando en la mera semblanza, en el hecho mostrado sin desarrollo subsiguiente, en el pozo oscuro de fondo o en el impás. Es más, cuando se quiere engarzar el sufrimiento de Pablo, en su confusión, lo que se supone que nos quieren contar de él, el doctor nos avanza una serie anécdotas sobre la vida de este hombre, explicaciones que se sueltan de forma abrupta sin una verdadera representación, como si se hubieran quedado atascados en ese diálogo nublado e impotente. Ya que apenas podemos adivinar que está divorciado, que tiene hijas, que lo vienen a visitar y que su madre se llama Ariadna (como no podía ser de otro modo), para alguien que no es capaz de escapar del laberinto. Y, sobre todo, el truculento suceso de su hermana fallecida con trece años. ¿A cuento de qué viene esto? ¿Qué relación tiene con su situación? Esto nos puede hacer especular con que hayamos sido engañados y nuestro protagonista, en realidad, viva en shock y su desmemoria tenga que ver con la autoprotección de su propio cerebro, con la necesidad de no sufrir más. Porque discurrir por una metáfora más global, más concretamente histórica, y que nos competa a todos me parecería un exceso crítico. En definitiva, todo esto no se acopla con la ambientación, con su viaje «espeleológico».

Puesto que lo auténticamente valioso de Búho (ese animal con el que tanto se identifica el malhadado) está en las técnicas teatrales que aplican estos dos artistas, en esa manera de conjugar la gestualidad ─a veces para adentrarnos en lo onírico, como en el juego de brazos y manos superpuestos─, en los movimientos, en este caso, a través de la animalización con esa ave nocturna que Merino acoge y que nos sugestiona; o con ese aprovechamiento del espacio tan sutil como dinámico, con la iluminación de Jordi Thomàs que lleva al extremo la tenebrosidad. Así, la escenografía de Rocío Peña, con dos grandes paneles móviles, vale para crear la habitación de la clínica, también un pasadizo y, sobre todo, unas paredes sobre las que ir reflejando las pinturas rupestres que deben aunarse en una especie de conciencia primitiva, una expedición de la mente hasta alcanzar esos vestigios, quizás seguramente alejados del arte, y más próximos al indicio, a la señal de que ahí se encuentran esos animales. Una pista, como esas en las que un antropólogo forense debe fijarse para descubrir la verdad.

La breve pieza está realizada con primor, con gusto y con un detallismo encomiable; pero esta vez el relato parece inconcluso o, si se quiere, incapaz de hallar un destino más fértil. Por eso el espectador se puede quedar a medias.

Búho

Idea y creación: Diego Lorca y Pako Merino

Dirección: Diego Lorca y Pako Merino

Dramaturgia: Diego Lorca

Interpretación: Diego Lorca y Pako Merino

Composición musical y sonido: Jonatan Bernabeu y Tomomi Kubo

Iluminación: Jordi Thomàs

Espacio escénico: Rocío Peña

Construcción escenografía: Albert Ventura y La Forja del Vallès

Diseño proyecciones: Joan Rodón

Vestuario: Ona Grau

Diseño gráfico compañía: Isa Besset

Dirección técnica: Albert Anglada

Producción: Luz Rondón

Fotografía: Quim Cabeza

Técnicos en gira: Marto y Jordi Thomàs

Titzina Teatro

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 22 de octubre de 2023

Calificación: ♦♦

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Rabia

Claudio Tolcachir monologa desde la perspectiva de un asesino que se oculta y vive en una mansión habitada, para adaptar la magnífica novela de Sergio Bizzio

Rabia - Foto de Lucía RomeroUno puede asistir al montaje de Rabia con la magnífica novela de Sergio Bizzio leída o, sencillamente, puede sentarse en su butaca para dejarse sorprender por una historia, monologada, que oculta toda una serie de referencias existencialistas; más aviesas de lo que parece. Puesto que el hecho de que un tipo se esconda en la mansión donde su novia ejerce de sirvienta es, cuando menos, seductor. Hablamos de quedarse años en una buhardilla, en una población argentina. Un hombre que ha matado al capataz de la obra en la que trabajaba; pero que, una vez se ha aposentado en ese nuevo hogar, ha empezado a sentir la paradoja de la seguridad y hasta de la libertad; aunque en el fondo, esté huido de la justicia, y, a la postre, enclaustrado y sin ningún lugar mejor al que acudir. Sigue leyendo →

Cielos

Sergio Peris-Mencheta vuelve a entregarnos un espectáculo de atractiva factura para desentraña este thriller de Wadji Mouawad

Cielos - Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

Sigue poseyendo esa aura Wadji Mouawad de dramaturgo capaz de reactualizar las tragedias griegas clásicas; principalmente por su célebre Incendios, que se representó en esta misma sala del Teatro de La Abadía; donde ahora se instala una escenografía que se excede en altura. Desde luego, la labor de Alessio Meloni vuelve a ser fundamental (junto a la iluminación de David Picazo), pues esos tres pisos que ha organizado, con la azotea y esas esculturas angelicales, las distintas celdas abajo, además, del búnker central donde se dirimen todas las pistas, es de lo más impresionante del montaje y facilita escapar de un estatismo que se recarga con algunos parlamentos tan épicos, como desbordantes. Sigue leyendo →

Escena – Fin de temporada 2022-23

Coronada y el toro, de Francisco Nieva sobresale junto a La voluntad de creer, dirigida por Pablo Messiez. Hemos asistido a una temporada sin la carga pandémica; pero se ha insistido en el lenguaje complaciente de nuestros tiempos

Coronada y el toro - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

La estela pandémica aún puede percibirse en las programaciones; aunque las funciones se han podido realizar con bastante normalidad. Lo que sí parece asentado en nuestros escenarios es la pertinacia de lo políticamente correcto, del bienquedismo con el respetable, del peloteo a los que dan de comer, y de un conservadurismo, en definitiva, que se ve a diestro y siniestro. Sigue leyendo →

Cristo está en Tinder

Rodrigo García recupera parte de su hálito rompedor para satirizar el mundo de las redes sociales a través de una performance con vigor juvenil

Cristo está en Tinder - Foto de Lucía Romero
Foto de Lucía Romero

Debería comenzar afirmando que, al salir del Matadero en aquel febrero de 2020, después de haberme sentido como una oveja con tortícolis al contemplar PS/WAM, pensé que Rodrigo García estaba totalmente acabado. Pero resulta que tenemos que tomarlo como una especie de sabio-bufón que sale de su aldea asturiana en la que vive para reírse con total desfachatez de nuestras costumbres y de nuestra abducción. Y no es que esto no lo hubiera hecho antes; sino que él, a punto de los sesenta años, tiene más pujanza, frescura mental y vitriolo que cualquier dramaturgo (y dramaturga) joven con toda su conciencia moral atemorizada, cuando tienen que presentarse ante un público igualmente inquisitorial. Sigue leyendo →

María Luisa

Lola Casamayor protagoniza esta nueva comedia de Juan Mayorga, donde la fantasía de una anciana se convierte en una vía de escape existencialista

María Luisa - FotoA Mayorga le gustan los cuentos clásicos, también, hacerse preguntas sobre la realidad y curiosear en posibilidades fabulísticas. En el propio Teatro de La Abadía, que ahora él dirige, presentó hace varios años Intensamente azules, una pieza de igual tono naíf para maravillarse con la cotidianidad. En María Luisa no es que tengamos en escena el supuesto aburrimiento; aunque sí que se manifiestan las rutinas habituales de las dos amigas que suelen conversar por teléfono y que quedan los jueves para agotar su charla con naderías propias de su devenir. Por eso, Marisol Rolandi, con su Angelines no puede ofrecer más que su existencia anodina con su afabilidad tan verosímil. No es esta una obra que indague sobre la soledad, no obstante, se da por hecho. Ni sobre los pesares de la ancianidad entre el silencio. Ni, tampoco, sobre la falta de proyectos de más o menos enjundia que pudieran motivar a los vejetes en la última etapa de su vida. Si quiere el espectador, lo puede tener en cuenta; pero aquí todo es mucho más sencillo, tanto que, tal cual entras, tal cual sales, pues no veo por dónde podría quedarnos algún poso. Ya que si únicamente se desea poner de manifiesto cómo la imaginación puede ser la mejor compañera o la idónea incitadora de actividades que aún se anhela practicar, pues bienvenida sea. Puede debamos analizar más. Sigue leyendo →

Canción del primer deseo

Los topicazos de las dos Españas, la guerra civil y Lorca forman un engrudo telenovelesco en esta obra firmada por Andrew Bovell

Canción del primer deseo - FotoTampoco me extraña que se haya llegado al punto de exceso que se alcanza en Canción del primer deseo, pues las dos anteriores obras (Cuando deje de llover y Las cosas que sé que son verdad), sobre todo esta última que protagonizó Verónica Forqué estuvieron a punto de caer en un melodramatismo insoportable. Pero no, lo contrapesos funcionaron con excelencia. Sigue leyendo →