Españolas, Franco ha muerto

Ruth Sánchez y Jessica Belda hacen un repaso didáctico a la Transición desde una perspectiva feminista

Se llama sesgo cognitivo y en este caso es femenino. En gran medida la llamada perspectiva de género viene a ser lo mismo. Se obvia el contexto, al otro, las causas que contradicen tu profecía y únicamente te quedas con esos ejemplos donde la mujer es minusvalorada, maltratada o, en caso extremo, asesinada. Españolas, Franco ha muerto cuenta cosas que son verdad; pero soslayando otras que también lo son (y que nos ayudarían a poner en tesitura las primeras). Es una táctica digna del populismo, de la ingeniería social, de la publicidad. Una colección de ejemplos donde la mujer sale malparada intentando provocar la siguiente conclusión: ellos nunca han tenido problemas, al morir el «Generalísimo» les fue cojonudamente. Lo peor que le puede ocurrir al feminismo es que discursee a través de falacias, perdiendo los límites de las circunstancias; ya que se lo pone en bandeja al verdadero enemigo. Los emblemas burdos y desnortados hacen que cada vez más gente se plantee que ese cierto feminismo hegemónico es una insensatez (no llegamos a tal extremo aquí). Quiero decir con esto que Españolas, Franco ha muerto no es una obra intelectualmente honrada y valiosa, es simplemente curiosa, porque nos recuerda que tras la muerte de Franco aún se dieron algunos desajustes dignos de mención. Y afirmo esto, por dos motivos fundamentalmente. Uno, puesto que, insisto, da la impresión de que al morir el dictador a los hombres, en general, les fue de perlas, que no hubo parados, que no tuvieron que ir a la mili ―truncando en muchas ocasiones sus planes vitales―, o que la droga esquilmó a una generación (bastante más que a las mujeres). Sigue leyendo →

Una novelita lumpen

Rakel Camacho ha realizado una adaptación fiel y procaz de la novela que publicó Roberto Bolaño en 2002 poco antes de morir

Foto de Javier Jarillo

Diríamos que esta novela era, a priori, difícil de llevar a escena porque contenía demasiado sexo y venía cargada por una atmósfera decadente y nihilista que no encontraba fin. La obra había sido encargada a Bolaño para participar en una colección donde los escritores afincarían sus textos en una ciudad importante. El escritor chileno estaba sentenciado a muerte y sus últimos años de vida (murió al cumplir la cincuentena) estuvieron destinados a terminar su magna obra ―cinco novelas en una―, 2666, que fue llevada a escena en un grandioso montaje por Álex Rigola (la pudimos ver en 2008 en el Matadero), quien también se atrevió con el relato El policía de las ratas. Por otra parte, Una novelita lumpen tuvo su versión cinematográfica titulada Il futuro (2013), dirigida por Alicia Scherson; aunque careció de resonancia aquí en España, y, desde luego, merece la pena su visionado. Consideremos que la sensación que genera la lectura de la novela es que está esbozada una estructura que abre posibilidades mayores; pero que se ataja en ciertas descripciones y que se corta abruptamente en el tratamiento de algunos personajes; por eso parece hecha a medias, como un cuento que se alarga o como una extensa novela que se reduce para cumplir con el encargo. Lo cierto es que, en este sentido, la teatralización complementa visualmente algunas de esas recurrentes elipsis. Es fundamental tener en cuenta ―al escuchar el breve prólogo, nos podemos perder― que estamos ante un recuerdo, un flashback, que su protagonista emite: «Ahora soy una madre y también una mujer casada; pero no hace mucho fui una delincuente». Sigue leyendo →

El tiempo todo entero

Una sutil adaptación de El zoo de cristal para trasladarnos a un hogar en el que su máxima protagonista desea permanecer imperiosamente

Foto de Sebastián Arpesella

Que Romina Paula (Buenos Aires, 1979) se haya basado en el esquema argumental que dispuso Tennessee Williams con El zoo de cristal (estrenada en 1944) es ponernos en exceso sobre aviso; porque podríamos perfectamente obviar tal circunstancia y centrarnos en que El tiempo todo entero es otro planteamiento. Principalmente porque la dramaturga emplea mucho más los procedimientos chejovianos, puesto que trabaja la elipsis hasta el punto de discursear sin destino; es decir, las preguntas clave no se plasman como sí se hace en el texto del célebre dramaturgo estadounidense. Así que vamos a asistir a una función cargada de estupefacción y de diálogos que parecen destinados a tapar un silencio, una hondura y un quebranto. La obra, además, se adereza con una cantidad importante de claves que podemos ir cogiendo al vuelo en nuestro sondeo especulativo. Pues así, nada más comenzar, suena la canción «Si no te hubieras ido», del cantante mejicano Marco Antonio Solís. El tema es bien conocido y muchos artistas la han interpretado. ¿Qué nos quiere decir la autora con esta composición musical a la que parece darle tanta importancia, ya que también cierra con ella el espectáculo? El caso daría para mucho si no queremos quedarnos con lo que realmente ocurre en escena. Antonia, la joven que vive «encerrada» en su casa, dibuja una teoría sobre la propia letra: «…ella ya está muerta…», «…el cantautor, la asesinó…». Una fantasía que le sirve para hablar de la violencia, de la cultura machista mejicana (apuntalada con la referencia al cuadro de Frida Kahlo, Unos cuantos piquetitos) y, quizás, de sus miedos; aunque juguetea como si fuera una niña ensoñándose con la idea de matar. Sigue leyendo →

Taxi Girl

María Velasco ha escrito un drama cargado de lujuria sobre el célebre trío entre Henry Miller, June Mansfield y Anaïs Nin

Taxi Girl - Foto de marcosGpunto
Foto de marcosGpunto

En primera instancia debemos afirmar que esta obra no parece escrita por María Velasco (hace poco hablaba por aquí de su adaptación de La espuma de los días), pues, aunque esta tiende a cierto lirismo erótico y sentencioso, existencialista y decadente, no posee todas esas señas de identidad tan propias del postdrama que suelen remarcar el teatro de la autora burgalesa. Taxi Girl ―ganadora del Premio Max Aub en 2017― tiende hacia la convención realista y se agota en unos personajes que ni en el papel ni, después, en la dirección, se consiguen redondear hasta lograr una suficiente verosimilitud y un atractivo estético. Y yo creo, definitivamente, que la gran falla de este montaje tiene que ver con unos individuos que cuesta mucho creérselos. Si leemos con atención la entrevista que le hicieron a propósito de este estreno a Javier Giner, quizás entendamos por qué se ha adoptado cierto enfoque de pesos y contrapesos. Sus respuestas no tienen desperdicio y no podemos imaginarnos que a alguien que piensa así no le hay repugnado acercarse a un trío donde la sordidez es patente: «La gran, gran, gran historia de amor es entre Nin y Mansfield, sin embargo, en una sociedad patriarcal donde las mujeres están silenciadas, lo que ha pasado al imaginario colectivo, social y cultural es que era «el triángulo amoroso de Henry Miller»». Sigue leyendo →

PS/WAM

La última ocurrencia de Rodrigo García es una descomposición de elementos varios que apenas provoca la más mínima reacción

Nadear en la NADA con sus naderías nadeantes. NADA NADA NADA. Pretende Rodrigo García aprovechar su estatus para esputar un espectáculo excrementicio con hálito escatológico y con las ínfulas de «crítica a las falacias del mundo contemporáneo». Espectáculo destinado a pacientes fans (poco más de una centena para cada función) que se largan tras terminar, ignorando si hay que aplaudir semejante tomadura de pelo. Creo que llega un punto en el que reírle la gracia al dramaturgo es llamarse imbécil; pues su aporte artístico es una vaga descomposición de cachivaches que configuran un engrudo realmente insufrible. El hilo conductor de semejante artefacto es tu propia imaginación y tu voluntad por encontrar sentido al caos. Este Piano Sonatas / Wolfgang Amadeus Mozart (PS/WAM) es una instalación dadaísta que se deglute sobre sí en el sinsentido azaroso que no significa NADA, que apenas llama la atención ―mucho menos a sus habituales espectadores―, que se agota en el aburrimiento y que únicamente sirve para descreer de este callejón sin salida esteticista. La Nave 11, la Fernando Arrabal, la grande del Matadero, despojada de las butacas. Un tique para pedir la vez en este supermercado de chorradas con un «Muérete» impreso (quien avisa no es traidor, supongo). Sigue leyendo →

Rey Lear

Un montaje sobre la tragedia shakesperiana que incide en lo esencial, protagonizado por una excelente Carmen Gallardo

Rey Lear - Foto de Curro Casillas
Foto de Curro Casillas

La larguísima trayectoria de la compañía Atalaya deja un poso sobre la dramaturgia teatral que tiene que ver con el viejo hacer, con la elaboración artesanal y con unas señas de identidad, además, que lo aproximan a un «teatro pobre» (como desarrolló Grotowski). Por eso no podemos esperar una gran espectacularidad en cuanto a los medios empleados, en ninguno de los apartados artísticos más allá de la labor actoral. Muestras de ello han dejado en sus propuestas, a saber, algunas de las últimas: Madre Coraje, Así que pasen cinco años o Celestina. Es la pericia del actor a hora de desentrañar el carácter del personaje y la dirección tanto individual como colectiva que ejerce el director Ricardo Iniesta, quienes predisponen una atmósfera entre macilenta y vil, cuasi tenebrosa, para plasmar la concepción que Shakespeare albergaba del poder. En esta función, destaca primordialmente la interpretación de Carmen Gallardo en el papel de Lear, la actriz alcanza la convulsión y un recorrido acibarado en el derrumbe de su fuerza, de su honor y en esa decrepitud que lo asimila con su propio bufón. La voz rota y agónica, poderosa en los inicios, vaga y taciturna después en la dislocación del tiempo. Impone una templanza despampanante, la vemos ahí, adoptando esa varonil postura del orgullo, y somos capaces de subirnos a su discurso bravo. Sigue leyendo →

Instrucciones para caminar sobre el alambre

Un dinámico drama sobre cómo nuestro sistema laboral lleva a muchos trabajadores hasta la extenuación

Foto de Sandra Nieto
Foto de Sandra Nieto

Reconozco que acudía a ver esta segunda parte de la «Trilogía negra» con todas las reticencias posibles, porque su celebrada Nada que perder me había parecido un auténtico mitin. Lo cierto es que Instrucciones para caminar sobre el alambre recoge la temática que ideológicamente asumen sus autores y que la relaciona con su anterior obra; pero desde una perspectiva estética y una construcción textual mucho más concisa y hasta demoledora. Los cuatro dramaturgos que se han unido para continuar la tríada, adoptan una clara reticencia a adentrarse en el naturalismo puro; aunque anhelen seriamente cautivarnos en la crítica de cierta ansiedad generalizada en nuestra sociedad. La fábula se impone, si aceptamos esta como un proceder de personajes que cumplen una función más simbólica que sicológica. O, más bien, diríamos que esa es la base que subyace al argumento, la estructura que sustenta el montaje y que busca el ejemplo, la moraleja suspendida en el aire. Luego, a modo de juego irónico, se procede como si fuera un thriller, una obra de suspense sobre una desaparición; sin embargo, enseguida entendemos que la denuncia no tiene que ver con una desaparición en el sentido delictivo; sino en el sentido laboral. Por lo tanto, esa capa distanciadora, ese cuentecillo macabro, configura una nebulosa cuasionírica, estresante, ansiolítica, despersonalizante; porque la protagonista ha osado auparse al ascensor social. Sigue leyendo →

La leyenda del tiempo

Los dramaturgos Carlota Ferrer y Darío Facal intervienen con hálito conciliador la obra de Lorca Así que pasen cinco años

La leyenda del tiempo - Foto de Vanessa Rabade
Foto de Vanessa Rabade

A tenor de los últimos trabajos presentados por Carlota Ferrer (El último rinoceronte blanco) y Darío Facal (El corazón de las tinieblas), su unión auguraba un espectáculo potente sobre Así que pasen cinco años; y aunque es fácil identificar sus rasgos señeros, parece que se han quedado algo a medias. La última propuesta interesante sobre la críptica obra de Federico García Lorca la llevó a cabo la compañía Atalaya. Digamos que sutilmente la han hecho más fácil para el público, recolocando alguna escena, o explicando a través del micrófono ―también con algún cartel― por dónde andamos en la falsa trama. Luego, además, se percibe cierta candidez, cierto aniñamiento, también esto se debe a la juventud del elenco, a su vestuario y a una escenografía que favorece lo retro. María de Prado, habitual escenógrafa en los montajes de Facal (véase Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín o Sueño de una noche de verano), suele trabajar como si el espacio se ocupara por uno de esos recortables de antaño. Piezas que bajan de las alturas para resignificar las acciones. Una artesanía, por un lado, cercana, fácilmente comprensible; y, paradójicamente, inserta, esta vez, en un territorio excesivamente oscuro y distanciador, con un estrado central que eleva a los actores; pero que además nos los aleja. Son contrastes que propician sensaciones extrañas: guiños al surrealismo buñuelesco (hormigas perroandalucescas) o de Man Ray. Luego, toda la leve trama, que es como un extenso poema de ida y vuelta por los estados temporales, se encarna con actores que se travisten, que juegan ―la obra abre esas posibilidades claramente― a hacer del sexo contrario. Sigue leyendo →

Fortunata y Benito

Laila Ripoll firma esta propuesta sobre un inverosímil Galdós observando las aventurillas amorosas de sus personajes

Fortunata y Benito - Foto de David Ruano
Foto de David Ruano

Pretender trasladar la inmensa novela (tan larga y con tantos personajes) a las tablas es todo un atrevimiento. En la historia del teatro español se recuerda la versión que realizó Ricardo López Aranda, y que se llevó en dos ocasiones a escena, la última en 1993 dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente. Anhelar que el público juvenil se la tome con agrado hoy en día es una tarea complicada, si exigimos una aproximación a este clásico tímidamente razonable. Yo creo que Laila Ripoll se ha topado de bruces con ese muro infranqueable y ha elaborado un texto excesivamente complaciente con unos espectadores que necesitamos espolear y agitar. Querer la aceptación generalizada de los bachilleres es rebajar la función a unos mínimos que rozan el ridículo. Primeramente, no estaría de más aclarar al lector, que es en el último trimestre del cuarto curso de la ESO, cuando se trata a don Benito Pérez Galdós (apenas página y media, no se vayan a creer) y los que continúan en el Bachillerato, lo vuelven a tocar escuetamente (apenas hay tiempo si es obligatorio comenzar desde la Edad Media y dar a la vez Lengua). Los planes de estudio están así. Leer Marianela o Misericordia, cuatro pinceladas biográficas, un repaso sucinto por las etapas del novelista y a otra cosa. Sigue leyendo →