Madre Coraje

La compañía sevillana Atalaya logra que Madre Coraje y Brecht sigan atizando hoy la conciencia del público

Madre CorajeLa guerra no permite a nadie mantenerse neutral, tarde o temprano exige un pago. Anna Fierling, la Madre Coraje que vende cinturones, chaquetones y cascos en su viejo carromato, es acompañada por unos hijos destinados al sacrificio. La acción se sitúa en pleno siglo XVII, los protestantes luchan contra los católicos en el norte de Europa. Durante varios años vamos a conocer los entresijos de esta peculiar vendedora y de las peripecias de sus vástagos: dos varones y una muchacha muda. Bertold Brecht critica la guerra en sí misma como una atrocidad sin sentido, pero aprovecha, además, para someter a examen la cuestión religiosa; él, como ateo y marxista, se muestra contrario a esa furia dogmática que conlleva la fe ciega. Por último, Madre Coraje encarna al comercio, al mercado que aprovecha el dolor de la coyuntura y que se alimenta del ansia de riqueza. ¡Qué pocos inocentes nos depara esta obra! Si bien es cierto que todo el simbolismo del autor alemán ha quedado, con el tiempo, un tanto ensombrecido por la magnitud espectacular de la época en la que vivimos. Cuesta trasladar esas metáforas, ya de por sí llevadas a un momento histórico remoto, con la confusión del presente.

En verdad, lo mejor de la obra que se representa en el Matadero a cargo de Atalaya es su propuesta artística. Desde el comienzo, los ocho actores propician, en el centro del escenario, una especie de calentamiento corporal, un atisbo de encuentro inspirador con ellos mismos a medio camino entre la persona y el personaje que ya va siendo; mientras, a la vez, descubren a sus compañeros. Muy plástico y hermoso. Luego, toda la función está trufada de momentos musicales (con las composiciones que Paul Dessau creó en 1949 para la versión berlinesa), canciones en alemán y ruso (la compañía ha tenido el decoro de no traducir nada más que algunos versos). Estas letrillas, muy comunes en el teatro épico de Brecht, pueden resultar excesivas para un espectáculo que transcurre en hora y media, aunque no desentonan. A esto hay que añadir la actuación de Silvia Garzón en el papel de Ivette, una joven cabaretera, muy probablemente enferma de la que huyen los soldados de cada bando. Su representación sicalíptica remueve el tono apesadumbrado del que se va cargando el texto. Un sutil guiño nos sitúa al elenco en varias ocasiones detrás de una valla sobre fondo rojo manifestado en sombras. El vestuario que Carmen de Giles ha preparado también acentúa esa ambigüedad simbólica de unos hombres y mujeres que parecen obreros de luto en un conflicto inhumano. Y, luego, claro, están los actores con Carmen Gallardo a la cabeza, una Madre Coraje más envejecida que vieja, fuerte y entregada, pero con capacidad para templar los ánimos. María Sanz se queda con uno de los hijos, Caracuajo, muy negociante, como su madre, el tesorero del negocio. Es interpretado con una movilidad esplendorosa. Como Lidia Mauduir, la hija muda, todo gesto e impotencia. Mientras que Raúl Sirio es reclutado sin que su madre pueda evitarlo. El resto de la compañía no hace más que mejorar las intervenciones de los protagonistas; desde Manuel Asensio como cocinero o tuerto con esa presencia física tan dramatúrgica hasta Jerónimo Arenal que interpreta un capellán cobardón y pusilánime, pasando por Raúl Vera que recorre todos los escalafones del ejército.

Ricardo Iniesta con su adaptación y sus labores en la dirección ha logrado que Madre Coraje y Brecht sigan atizando las conciencias de un público, el de hoy, que vive perplejo ante los avatares de la actualidad. Demasiadas vallas.

Madre Coraje

Autor: Bertold Brecht

Adaptación y dirección: Ricardo Iniesta

Reparto: Carmen Gallardo, Lidia Mauduit, Raúl Vera, Silvia Garzón, Manuel Asensio, Jerónimo Arenal, Raúl Sirio Iniesta y María Sanz

Música: Paul Dessau

Arreglos musicales: Luis Navarro

Coros y coreografías: actores de Atalaya

Vestuario: Carmen de Giles

Espacio escénico y escenografía: actores y director

Realización de escenografía: Factoría La Fragua

Maquillaje y peluquería: Manolo Cortés

Vídeo y fotografía: Félix Vázquez

Iluminación y coordinación técnica: Alejandro Conesa

Sonido: Emilio Morales

Naves del Matadero – Sala Fernando Arrabal (Madrid)

Hasta el 4 de octubre de 2015

Calificación: ♦♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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