El policía de la ratas

La naturaleza del mal se cuestiona en el mundo de las ratas de mano de Àlex Rigola y los fantásticos intérpretes de su troupe

El policía de las ratasEl policía de las ratas parte de un relato del autor que más renombre ha logrado en los últimos años en lengua castellana, más, incluso, desde su muerte en 2003. A Roberto Bolaño le gustaban las indagaciones, lo demostró en 2666 o en Los detectives salvajes. Sus personajes buscan la respuesta a preguntas inconvenientes y en esta obra, que Àlex Rigola ha llevado a escena, la cuestión radica en la maldad, en su porqué fuera de las necesidades básicas.

Un policía, Pepe el Tira, interpretado por Joan Carreras, con pausa, con posicionamiento trascendental, con ansia contenida por saber la verdad, con una cadencia casi tan enfermiza que si hubiera tenido acento chileno hubiéramos creído que el propio Bolaño había renacido para dar vida a su rata extraña, diferente; el sobrino de Josefina la Cantora (homenaje a Kafka), otro de esos especímenes que se salen de la comuna y que van por libre en busca de la soledad y del arte.

Junto a él, da la réplica, en diversos papeles aquiescentes y, por lo tanto, hostiles cuando alguien pretende cambiar los modos de proceder, Andreu Benito, cuidando a esos personajes con gran tino; él domina el texto y el ritmo que necesita. Los dos actores, compenetrados al máximo, como lo hemos podido comprobar en otras piezas de Rigola, dejan que las palabras y los párrafos vayan goteando como la sangre de las ratas asesinadas, dando vida a la inquisitiva alegoría que Bolaño ha trenzado y que está compuesta de diversas capas que se entreveran con elementos como la naturaleza de los animales, el matar por matar, la utilidad del arte o la responsabilidad en el trabajo.

El policía de las ratas ocupa La Abadía sin atrezo, sin trampantojo, apenas una gran rata degollada y un par de sillas giratorias; también una bolsa liberando sangre sobre una cría. Una estética tan mínima, tanta desnudez escénica, que es necesario que el texto posea la potencia suficiente y que los actores sean capaces de desentrañar su complejidad. Ambos elementos funcionan con grandeza durante una hora, tanto que dibujan una ética del outsider, alguien que establece sus propias costumbres, que rehúye el grupo, que desarrolla la infrecuente sensibilidad al arte y que, por encima de todo, se estremece ante el hecho de asesinar sin el motivo vital que le corresponde a su especie. En definitiva, el cuestionamiento de la naturaleza, de su constitución, de su esencia, y eso únicamente se puede lograr a través de la perplejidad, de la evolución de los animales que indefectiblemente acaban siendo terriblemente humanos.

El policía de las ratas

Basado en un relato de Roberto Bolaño

Adaptación y dirección: Àlex Rigola

Reparto: Andreu Benito y Joan Carreras

Escenografía: Max Glaenzel y Raquel Bonillo

Teatro de La Abadía

Hasta el 23 de febrero

Calificación: ♦♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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