El último rinoceronte blanco

Un vigoroso espectáculo para adaptar la obra de Ibsen, El pequeño Eyolf, y tratar el tema de la maternidad y de la pareja

Si los dos últimos montajes de la pareja Mora-Ferrer ―sin contar otros trabajos de distinto cariz dramatúrgico― me habían parecido pretenciosos y hasta inanes (Esto no es La casa de Bernarda Alba y Los cuerpos perdidos), con El último rinoceronte blanco he de afirmar que me han devuelto a las buenas sensaciones de Los nadadores nocturnos. En esta ocasión, lo performativo y lo dancístico no son fuegos artificiales para epatar al público y que sirvan para cubrir la ausencia de profundidad y de argumento. Para empezar, es justo aceptar que asistimos a diferentes momentos de gran eclosión dramática (como veremos a continuación) y que el texto intervenido de Ibsen, El pequeño Eyolf, ha resultado muy evocador y, sobre todo, reverberante con la coyuntura que vivimos. Ya el preludio es un choque de ideas, una paradoja; pues el niño, aquí llamado Jesús (las reminiscencias bíblicas en esta adaptación serán múltiples), es un engendro, en el sentido de que es un ser doblemente abandonado por los amigos con los que no puede jugar, pues está tullido (una caída cuando era bebé y que sus padres debieron evitar; pues estaban a otras cosas); y por sus padres. Sigue leyendo

Clean City

Desde Grecia llega este espectáculo de teatro-documento, en el que cinco inmigrantes relatan sus penosos avatares

Foto de Christina Georgiadou

Sabemos perfectamente lo que ocurre, aunque miremos para otro lado. Las cosas no pueden ser muy distintas a España; por eso, este panorama que llega de Grecia encuentra paralelos formidables a nuestro alrededor. Clean City es un espectáculo de carácter periodístico, un teatro-documento, un teatro de denuncia que se envuelve con cierta ironía, cierta esperanza y una lectura, por parte de las protagonistas, ambigua entre las ganancias y las pérdidas. Un aspecto fundamental para entender que las «democracias» mundiales no terminan de garantizar los derechos de los extranjeros. Sigue leyendo

Federico hacia Lorca

La Joven Compañía conmemora en este Año Lorca en Madrid la semblanza sobre el poeta con un potente espectáculo

Existe una frontera y no es sutil, en la que un adolescente se siente convertido en un niño, cuando se le presenta ese teatro que lo toma por objetivo y que le lanza mensajes directos y se cree cautivo de discursos que parecen estar ahí para adocenarlo. Sigue leyendo

Kingdom

La Agrupación Señor Serrano monta una performance insignificante para criticar al sistema capitalista desde la industria bananera

Pensar que en el mero collage y en el aparataje del teatro objetual más un programa de mano con proclamas de carácter teórico-político ya es suficiente como para elaborar una obra que trascienda los lugares comunes del pensamiento anticapitalista, es redundar en la vaciedad del arte conceptual. Recuerdo con verdadero deleite su proyecto A House in Asia, porque concentraban sus esfuerzos en dirimir la «verdad» en aquella famosa operación de captura sobre Bin Laden y sus consecuencias morales. Pero es que Kingdom me parece una pantomima que no focaliza, en absoluto, sobre los desafueros de la United Fruit Company o lo mecanismos de la tercera revolución industrial. La Agrupación Señor Serrano se dedica a hacer el gamberro durante poco más de una hora con su habitual parafernalia videográfica, para no ofrecer la más exigua crítica sobre aquello que, en teoría, quería enjuiciar. La máscara de la ironía posmoderna aquí se antoja cobardía, complacencia y satisfactorio divertimento (tanto para ellos como para ese público sin la más mínima preocupación por indagar en el trasfondo del asunto). Sigue leyendo

La resistencia

Lucía Carballal firma un flojo texto sobre la anodina relación entre dos novelistas que dirige Israel Elejalde

Quizás una de las razones por las que la literatura (la literaria) arrastra una decadencia interminable en las últimas cuatro décadas ―no solo en España, sino también en el resto del mundo― radique en las vidas de los propios escritores, en que cada vez nos parecemos más, en que lo underground puede ser algo tan banal como no tener redes sociales. Ser viajero es casi un imposible y ya solo queda ser turistas de nosotros mismos en nuestra pura semejanza con el prójimo allende los mares. Existen más razones, como las puramente comerciales, o el concepto de ocio y de entretenimiento, etcétera. Lucía Carballal llega a los Teatros del Canal después de enlazar dos propuestas muy estimables: Los temporales y La vida americana. Dos textos en los que demostró su capacidad para elaborar diálogos persuasivos, inteligentes y repletos de detalles que percuten en las relaciones humanas. En ella se percibe una sutileza a la hora de aquilatar sus personajes que termina por convencerte en demasía. La resistencia parece pergeñada por una primeriza, por alguien que ha compuesto según los parámetros de los ejercicios de estilo, lleno de tópicos y falto de esas ideas que justifican la materialización en las tablas. Sigue leyendo

BARRO

Un drama que repasa fulgurantemente la Primera Guerra Mundial a través de los jóvenes soldados de ambos bandos

Hay que insistir una vez más en la importancia que tiene el proyecto de La Joven Compañía; pues supone un hito en la difusión del teatro. Si un grupo de profesionales está ganando espectadores (y el esfuerzo es ímprobo en nuestra sociedad de la sobreabundancia ociosa) son precisamente ellos. Puesto que la combinación de textos interesantes, ya sea porque se apoyan en clásicos o porque al ser de nuevo cuño atinan con temas de relevancia; o ya sea porque estéticamente son altamente atractivos tanto para el público general como para los adolescentes. Todo esto no les debe eximir de la crítica, que tendrá que ser tan exigente como el trabajo que ellos mismos se imponen. Sigue leyendo

Medea

Simon Stone trae a la protagonista de Eurípides al mundo contemporáneo bajo una mirada aséptica

Foto de Sanne Peper

Vuelta de tuerca estetizante sobre la tragedia de Eurípides para aproximarla a la concepción contemporánea; pero, también, en su frialdad descontextualizadora, para alejarla de la empatía propicia. Es una propuesta de corte cinematográfico y, diríamos, que hasta publicitario. No solo porque se utilicen pantallas gigantes y se proyecten las imágenes que se están grabando in situ en algunas escenas; sino porque Simon Stone domina el movimiento del montaje con una ductilidad asombrosa, empastando situaciones y tiempos como si fuera una película. Los intérpretes penetran de improviso por los laterales, acometen su actuación simultáneamente con otros aprovechando la profundidad del escenario. En el sentido técnico, la función es loable. Luego, la escenografía de Bob Cousins juega al espacio vacío, al maximalismo y a una blancura que transforma a unos médicos en auténticos neuróticos. La trastornada, sin duda, es ella; pero su marido, Lucas, no le va a la zaga. Sigue leyendo

Tratando de hacer una obra que cambie el mundo

Más metateatro para criticar el metateatro contemporáneo en la propuesta de estos chilenos con ganas de satirizar su propia existencia

En el manifiesto que viene impreso en el programa de mano (cada vez más básico), y que firma Teatro La Re-sentida, están todas las preguntas, todos los cuestionamientos que esta compañía se plantea y, también, algunas de las respuestas. Digamos que su propuesta, Tratando de hacer una obra que cambie el mundo, debería ser su posicionamiento estético y ético; pero la paradoja (o no) es que termina adoptando la voz más empleada en esa posmodernidad, que es el metateatro ―en este caso, el metadiscurso, también― y, por lo tanto, ese regodeo distanciador sobre la incapacidad para crear algo nuevo y para expresar ideas revolucionarias (la izquierda les podría ayudar; pero están solucionando su quiero y no puedo). «Vive en nosotros el anhelo de modificar la sociedad a través de nuestro arte». Y para ello recurren a la sátira de la propia funcionalidad del teatro, del teatro posmoderno en contraposición al teatro político anterior. Al epatante y lleno de guiños conceptuales soliviantados por los fuegos artificiales e infectado de un marxismo que huele añejo y que no conecta con el público actual (ahora hay que venderlo con las proclamas de los marginados sociales). Sigue leyendo

7 años

Los Teatros del Canal acogen esta batalla dialéctica entre cuatro socios de una empresa con el fin de eludir la cárcel

Foto de Sergio Parra

Si hace poco más de un mes Daniel Veronese adaptaba y dirigía la película Todas las mujeres, ahora dispone lo propio con otro film que, desde luego, pedía versión teatral: 7 años. Además, coincide en la cartelera madrileña con otro éxito cinematográfico que pasa a las tablas como es Perfectos desconocidos. Ambos montajes poseen indudables puntos en común, entre otros, su atractivo para un público más inclinado hacia el teatro comercial y sus mecanismos medidos puestos al servicio de diálogos ágiles y propiciatorios destinados a desbrozar las intimidades. Aquí el engranaje se pone en funcionamiento enseguida y la premisa es bien sencilla: los cuatro responsables de una empresa dedicada a vender software y otras soluciones informáticas están a punto de ser investigados por Hacienda. Por lo visto, han estado desviando pasta a unas cuentas opacas en Suiza y los han pillado. Se enfrentan a la pena que refleja el título del espectáculo y han decidido que se coma el marrón uno de ellos. Para dirimir tan compleja decisión van a echar mano de un mediador. Serán ochenta minutos sin el más mínimo altibajo. Sigue leyendo