Medea

Simon Stone trae a la protagonista de Eurípides al mundo contemporáneo bajo una mirada aséptica

Foto de Sanne Peper

Vuelta de tuerca estetizante sobre la tragedia de Eurípides para aproximarla a la concepción contemporánea; pero, también, en su frialdad descontextualizadora, para alejarla de la empatía propicia. Es una propuesta de corte cinematográfico y, diríamos, que hasta publicitario. No solo porque se utilicen pantallas gigantes y se proyecten las imágenes que se están grabando in situ en algunas escenas; sino porque Simon Stone domina el movimiento del montaje con una ductilidad asombrosa, empastando situaciones y tiempos como si fuera una película. Los intérpretes penetran de improviso por los laterales, acometen su actuación simultáneamente con otros aprovechando la profundidad del escenario. En el sentido técnico, la función es loable. Luego, la escenografía de Bob Cousins juega al espacio vacío, al maximalismo y a una blancura que transforma a unos médicos en auténticos neuróticos. La trastornada, sin duda, es ella; pero su marido, Lucas, no le va a la zaga. Una situación de extrema violencia doméstica expuesta a un público que vive en una sociedad donde no se juzgan los mismos hechos si lo realiza un hombre o una mujer. Parece, como ocurre aquí, que el impulso original, la verdadera procedencia de la culpa, parte de la infidelidad de él; y, ella, arrebatada y disuelta en su vesania, se prepara para la venganza mediante el envenenamiento. En una segunda andanada, como todo el mundo sabe, se empleará a fondo con el filicidio. Por lo tanto, la cuestión que alguien se puede preguntar es si, una vez se ha reconstruido el texto de Eurípides (ponerlo como autor y utilizar el nombre de su obra es un gancho injustificado; máxime cuando el dramaturgo se basa en un hecho real ocurrido hace unos años) y ya no podemos reconfigurar la historia de los personajes, anclados estos en una larga tradición y con unas circunstancias muy diferentes a las actuales; cómo podemos justificar lo que ocurre delante de nuestros ojos. No llegamos a conocer en hondamente las vidas de esos personajes, es más, no llegan a ser redondos en el aspecto de que parecen desvinculados de un contexto social, parece que se mueven por un mundo etéreo, espectral; mientras un chorro suave de cenizas negruzcas mancha el tapiz y se mezcla con la sangre (hasta el asesinato es sutil). El bronco diálogo se dispone con una agresividad atenuada en una incomprensible respuesta de perdón. Lucas permite que regrese al hogar, que vuelva a estar en contacto con sus hijos (Faas Jonkers y Poema Kitseroo pululan con su cámara en plena espontaneidad para grabar un documental casero). Aus Greidanus Jr encarna a este padre, más joven que su esposa, un triunfador tanto en el trabajo como con las mujeres ―ahí sigue con su amante, Clara, encarnada por Eva Heijnen, intentando congeniar con los muchachos―, y, lo cierto, es que su efusión es potente y su dominio casi omnímodo nos sitúa frente a una debilitada Anna. Ella, Marieke Heebink, una actriz que ha encontrado ese punto idóneo entre la vergüenza del reencuentro en un lugar que debería ser todo familiaridad y esa inquina que le bulle. Su expresión y su gestualidad alcanzan el misterio, y su entrega es de lo mejor del espectáculo. El asunto fundamental es que si en la tragedia de Eurípides podíamos encontrar cierta justificación ante los luctuosos hechos ―Medea es un animal herido, deshonrado y expulsado a la nada―; aquí es insostenible. Interpretativamente no se quedan atrás, Bart Slegers, como jefe, o Fred Goessens, como una especie de coach contratado por la empresa para que la protagonista se reintegre con mayores garantías. Cierra el elenco con un papel más modesto, Marie-Louise, la secretaria, que acoge Evgenia Brendes. Breve función de apenas hora y veinte minutos; quizás demasiado sintética como para sacar una nueva lectura del clásico.

Medea

De: Eurípides

Escrita y dirigida por: Simon Stone

Dramaturgia: Peter van Kraaij

Intérpretes: Evgenia Brendes, Fred Goessens, Aus Greidanus Jr., Marieke Heebink, Eva Heijnen y Bart Slegers

Niños: Faas Jonkers y Poema Kitseroo

Traducción: Vera Hoogstad y Peter van Kraaij

Escenografía: Bob Cousins

Diseño de iluminación: Bernie van Velzen

Sonido: Stefan Gregory

Vestuario: An D’Huys

Productor: Joost and Marcelle Kuiper

36º Festival de Otoño

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 17 de noviembre de 2018

Calificación: ♦♦♦

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