7 años

Los Teatros del Canal acogen esta batalla dialéctica entre cuatro socios de una empresa con el fin de eludir la cárcel

Foto de Sergio Parra

Si hace poco más de un mes Daniel Veronese adaptaba y dirigía la película Todas las mujeres, ahora dispone lo propio con otro film que, desde luego, pedía versión teatral: 7 años. Además, coincide en la cartelera madrileña con otro éxito cinematográfico que pasa a las tablas como es Perfectos desconocidos. Ambos montajes poseen indudables puntos en común, entre otros, su atractivo para un público más inclinado hacia el teatro comercial y sus mecanismos medidos puestos al servicio de diálogos ágiles y propiciatorios destinados a desbrozar las intimidades. Aquí el engranaje se pone en funcionamiento enseguida y la premisa es bien sencilla: los cuatro responsables de una empresa dedicada a vender software y otras soluciones informáticas están a punto de ser investigados por Hacienda. Por lo visto, han estado desviando pasta a unas cuentas opacas en Suiza y los han pillado. Se enfrentan a la pena que refleja el título del espectáculo y han decidido que se coma el marrón uno de ellos. Para dirimir tan compleja decisión van a echar mano de un mediador. Serán ochenta minutos sin el más mínimo altibajo. Sigue leyendo

Lehman Trilogy

Una complaciente mirada sobre los famosos banqueros en un espectáculo musical dirigido por Sergio Peris-Mencheta

Foto de Sergio Parra

La crisis se ha terminado porque Grecia ha dejado atrás su rescate. La democracia resurge en su cuna y aquí no ha pasado nada. Esto parece que es lo que se nos quiere transmitir en la prensa de los últimos días. Por eso, el Lehman Trilogy de Peris-Mencheta me parece un show demasiado complaciente con la historia de unos banqueros que se inmiscuyeron en cada una de las grandes decisiones que tomó Estados Unidos durante el siglo XX. Y que, incluso, se pueden considerar los promotores de una forma de vida de la que todos somos deudores en la actualidad. En forma de musical, el cuentecillo se disfruta más y entra suave en nuestras conciencias, tan acostumbradas a esa esquizofrenia que nos sitúa en disposición de admirar a los tipos que nos van a esclavizar. Es el enajenamiento por la picaresca, por la astucia. Es envidia, al fin y al cabo, por el triunfo hacia los cielos del poder. Por eso, en gran medida, esta trilogía termina por reírse de nosotros; puesto que una obra de más de tres horas, que podría servirnos para comprobar las distorsiones no ya del propio sistema (si asumimos, entre otros aspectos, la acumulación originaria de capital y el subsiguiente amasamiento de pasta en manos de unos pocos); sino del uso torticero y criminal de sus principales adalides. Sigue leyendo

La vida a palos

Imanol Arias regresa a los escenarios con una propuesta que no encuentra el equilibrio entre el drama y el cante flamenco

Foto de Irene Meritxell

Para hacernos una idea de lo que es La vida a palos en el escenario hemos de rebajar cualquier expectativa coherente con el universo del personaje al que se remite, es decir, el alter ego de Pedro Atienza (escritor y radiofonista). De cómo los entresijos puros del flamenco, de la marginalidad gitana, del pasado triste de España y la trena, de una supuesta picaresca que debiera estar; pero que no transcurre, de la carencia de pellizco, de soplo, de quejío, de duende, al fin y al cabo. Decadentismo de los nocherniegos, de los tablaos y de una melancolía que debería atenazarnos desde el primer verso. Se ha pretendido dar un aire «moderno» a un montaje que osa aunar elementos que funcionan como ganchos, a priori, incuestionables, para atraer a mucho público de aquí y de allá. Por un lado, las interpretaciones musicales y, por otro, la presencia de Imanol Arias. Sigue leyendo

Dados

Una pieza sobre transexualidad en un adolescente que plasma enérgicamente los conflictos internos y externos

Destinar una obra al público adolescente, principalmente, es, de por sí, una cuestión compleja en la actualidad ―las situaciones conflictivas han aumentado tanto como el caos en nuestra sociedad―; más lo es si se trata el tema de la transexualidad. El principal mérito de su autor, Jose Padilla, es que su didactismo no sea sesgado e impositivo. El texto dispone un planteamiento, un lapso en un transcurso, más que una historia con una conclusión definitiva. Es, sobre todo, un «ocurre esto», es algo duro de asumir, «¿qué puedo hacer?». A este distanciamiento también hay que agradecerle que no se trasladen las disputas desorbitantes del movimiento trans; puesto que el asunto está llegando a unas cotas de disensión tanto interna como externa en algunos países (véase Canadá o Estados Unidos con el uso de los pronombres o la lista de identidades de género; van ya por 37 en algunos estados). Es adecuado simplificar y diseñar una base, para lograr una mayor comprensión ―sobre todo si los destinatarios son una chavalería que se siente por naturaleza temerosa ante lo extraño o lo diferente― y reconocer que algunas personas están sufriendo o se sienten angustiadas por una serie de circunstancias que están relacionadas con su cuerpo (en un sentido extenso de la sexualidad y la conciencia de ser). Sigue leyendo

Evel Knievel contra Macbeth na terra do finado Humberto

Rodrigo García presenta su última creación en los Teatros del Canal, un collage pop donde se enfrentan todo tipo de fuerzas

Foto de Marc Guinot

Aceptemos que debajo de todo el collage, de todos esos vídeos psicotrópicos y esa propulsión textual existe un fin político. Aceptemos que bajo las tópicas figuras de estilo de este dramaturgo que se nos impone como enfant terrible de la postdramaticidad existe un fin existencial. Si el envoltorio no fuera tan sumamente irónico y, por lo tanto, tan tendente al nihilismo y a esa sensación de vacío que se percibe en el aplauso apagado del público; cuando este comprende que no comprende si de verdad merece la pena gastar una hora y media en aquello que ve; seguramente podríamos desbrozar el aparataje para llegar a algo. No lo pone fácil esta vez Rodrigo García, porque como espectáculo es más pacato y «humilde» que otros suyos. Que es una manera de afirmar que es muchísimo menos provocador y que ha metido mucho relleno. El espectador debe aunar, como si asistiera a la emancipación de un poema surrealista, postista o creacionista, una serie de motivos que deambulan por diferentes capas de realidad-irrealidad, de lo serio y de lo vulgar, que se manifiestan como una lucha maniquea. Sigue leyendo

Los mariachis

Pablo Remón continúa su andadura dramatúrgica con esta representación sobre la decadencia política en plena meseta castellana

El buen sabor de boca que me había dejado El tratamiento, la obra que hace tan solo unas semanas estrenó Pablo Remón, tenía necesariamente que marcar un fuerte prejuicio a la hora de asimilar su nuevo trabajo. Y hay que reconocer, ya de primeras, que el tono humorístico baja y que la estructura dramática se desvanece en una de las subtramas. Todo ello apreciado dentro de un mundo, un estilo peculiar que convence a un público que va reconociendo las virtudes de este «nuevo» dramaturgo. Los mariachis contiene una virtud extraordinaria plasmada con verdadera sutileza artística, y es haber creado una especie de paralelismo rancio y rural de la supuesta elegancia de los advenedizos urbanos enfangados en las veleidades políticas. Una réplica deshidratada y polvorienta de eso que Sergio del Molino ha bautizado tan exitosamente como «La España vacía». Y el fondo, por lo tanto, va como sigue. Por una parte, conocemos a tres hermanos envueltos en su idiolecto y en la concentración absurda de su microcosmos abultado por ciertas incapacidades para el raciocinio que comparten genéticamente. Sigue leyendo

El corazón de las tinieblas

Darío Facal ejecuta certeramente una deconstrucción antropológica sobre la célebre novela de Joseph Conrad

Las interpretaciones psicologistas sobre la novela de Conrad han sido habituales en ciertos ámbitos de la crítica literaria, en una búsqueda denodada de los arquetipos jungianos, por ejemplo. Sin ser desdeñable el aspecto alegórico, Darío Facal ha querido cargar las tintas en el aspecto político para mostrarnos la obra como un espejo en que se reflejen nuestras contradicciones actuales. Para ello enmarca la función con un prólogo, demasiado espontáneo en su proceder, ejecutado por Ernesto Arias; en el que se nos comunican esas cuitas eternas sobre la antropología, sobre si nosotros, que somos el mundo civilizado, el que ostenta las virtudes y los derechos humanos, debe intervenir en aquellos lugares donde se cometen atrocidades, cuando paradójicamente también nos aprovechamos comercialmente de esos mismos destrozos. Moralizar y ganar, el culmen de la hipocresía. ¿Qué hacer? El epílogo es una colección de nuestras más célebres paradojas o de la imposibilidad de ser moralmente impoluto bajo la doctrina kantiana imperante. En una mano sostienes un donativo para una ONG que ayuda al desarrollo de los países más pobres de África porque eres una persona educada y solidaria; y con la otra sostienes un teléfono móvil que lleva dentro coltán, un mineral que se extrae en las minas de esos mismos países africanos donde fuerzan a niños en jornadas laborales infames. Sigue leyendo

Future Lovers

La tristura plantea un viaje desde el futuro hacia el momento crucial de unos adolescentes

Foto de Mario Zamora

Reconocer el punto de partida. Reconocer en tu memoria el día de tu epifanía; cuando tomaste conciencia de quién ibas siendo, de que tu madurez se había iniciado. Sí, «Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde /—como todos los jóvenes, yo vine / a llevarme la vida por delante.», que expresaba Gil de Biedma. Con el prólogo, enseguida, me trasporto al capítulo de Black Mirror titulado «San Junípero». Sara Toledo se enviste de guía. Es su historia, es su experiencia. Estamos en el futuro lejano y desde allí ella (imaginemos alguna empresa que nos pueda ofrecer la siguiente aventura) pretende situarse en una noche muy concreta de 2018, cuando terminó el curso y se marchó a un descampado a las afueras de la ciudad con sus amigos del instituto para celebrar el cumpleaños de su novio. La noche en la que tuvo la «primera decepción de su vida». La actriz ya adopta el lenguaje fluido y espontáneo, muy fresco, que va a estructurar toda la función. Luego, descubrimos plenamente la escenografía que nos va a acompañar hasta el final y que ha creado Ana Muñiz: una imagen gigantesca con el skyline de Madrid, una pequeña arboleda y el maletero bien cargado de botellas de un Opel Astra blanco. Sigue leyendo

Mammón

Los Teatros del Canal acogen la comedia irrefrenable sobre la avaricia que han creado Nao Albet y Marcel Borràs

Todos los elementos que han propiciado el cine postmoderno, el que no ha tenido reparos con la cultura popular, con la ironía pertinaz, con el juego metaliterario, con la crítica social en forma de sarcasmo y con todos esos divertimentos que mezclan la alta con la baja cultura aprovechándose de la combinación de técnicas antiguas y modernas; también han encontrado, aunque muchísimo menos, su vertiente teatral. Mammón es un artefacto magnífico que recoge esa veta deconstructiva de fingir que no se cuenta lo que sí se cuenta, de bordear el tema, de marcar distancia y regodearse en el marco del cuadro, como si se quisiera despistar al espectador para, al final, haber consumado el hecho. Si ya había quedado demostrado el talento en la interpretación de Nao Albet (véase El público) y de Marcel Borràs (véase Las bodas de Fígaro), con la creación dramatúrgica van a por todas. Y han sido inteligentísimos para llevar a cabo su proyecto tan simple en medios y, a la vez, tan espectacular. En el trasfondo del relato está el concepto de avaricia. Partimos de la intención de montar un magno espectáculo (al aire libre en Madrid con sangre por todos los lados y una escenografía impresionante) que represente el mito de Mammón. Sigue leyendo