Los nadadores nocturnos

Una función que se zambulle con algún desvarío en las vidas de unos individuos golpeados por los avatares de la modernidad

 

Ya es un tópico de nuestra contemporaneidad. Lo veíamos el otro día con Sé de un lugar. La vida cuesta. La vida urbana con sus reglas tremebundas y nuestra incapacidad para adaptarnos a los ritmos del mundo moderno conlleva hecatombe emocional. Acostumbrados a que nos lo hagan todo, tanto en casa como fuera (mediante pago, por supuesto), nos predisponemos hacia la irresponsabilidad y hacia el sufrimiento de la incomprensión. Los nadadores nocturnos, en realidad, son un grupo de avestruces que meten la cabeza debajo del agua, unos buceadores de algodón huyendo del ruido atroz de la existencia compleja. Unos niños pasando por las fases iniciales establecidas en el desarrollo psicosexual freudiano, desde la oral hasta la fálica (6 añitos), pasando luego a la fase de latencia en la que se manifiestan las frustraciones sexuales (a gritos suplica al público que se la follen una de las protagonistas). Volvemos otra vez a Freud: sexo, escatología, Eros y Tánatos, música y baile, el malestar en la cultura…

Cada intérprete posee su parcela individual en la que hace traslucir sus dotes dramáticas, y los siete actores cumplen con gran acierto y perspicacia su labor. Con entrega física, gracia y versatilidad, elaboran la eucaristía, el aquelarre, su catarsis, mediante la danza y el desahogo emocional. Sus cuerpos de nadadores son sometidos a un trabajo de contorsión y ejercicio que los subsume en una coreografía de complacencia mutua. Entre ellos, me quedo, como actor más sobresaliente (dentro del alto nivel), con Óscar de la Fuente, quien consigue desarrollar su rol de chico normal tensado entre varias fuerzas antagónicas que tiran de él.

En el texto escrito por José Manuel Mora, en el que se va pergeñando una especie de secta alentada por un gurú interpretado mefistofélicamente porJoaquín Hinojosa, predomina en exceso el discurso unívoco y, a veces, se echa en falta menos narración y más diálogo puramente dramático. Además, me sobran las interpelaciones al público y esas ansias (muy propias del Fringe) de empatizar con el hipsterío con chistes localistas, cuando se reitera una y otra vez aquello de Sol Vodafone (en referencia al patrocinio de la parada del metro) y por extensión humorística «Museo del Prado – Repsol» (entre otras alusiones del estilo). Tampoco, me encaja un vídeo final con un niño criticando el sistema como si quisiera limpiar de responsabilidad a unos personajes ahogándose en el vacío de su existencia.

Los nadadores nocturnos termina por manifestarse como una eucarística de seres marginales componiendo un ballet acuático que los despida del dolor, la angustia y la incomprensión.

Los nadadores nocturnos

Autor: José Manuel Mora

Directora: Carlota Ferrer

Reparto: Joaquín Hinojosa, Esther Ortega, Paloma Díaz, Miranda Gas, Jorge Machín, Óscar de la Fuente, Alberto Velasco, Ricardo Santana

Coreografía y espacio escénico: Carlota Ferrer

Diseño de iluminación: José Espigares

Diseño audiovisual y de sonido: Eduardo López

Realización vídeo niño: Jaime Dezcallar

Diseño de vestuario: Ana López Cobos

Naves del Español – Matadero (Madrid)

Calificación: ♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

Anuncios

One thought on “Los nadadores nocturnos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s