Kingdom

La Agrupación Señor Serrano monta una performance insignificante para criticar al sistema capitalista desde la industria bananera

Pensar que en el mero collage y en el aparataje del teatro objetual más un programa de mano con proclamas de carácter teórico-político ya es suficiente como para elaborar una obra que trascienda los lugares comunes del pensamiento anticapitalista, es redundar en la vaciedad del arte conceptual. Recuerdo con verdadero deleite su proyecto A House in Asia, porque concentraban sus esfuerzos en dirimir la «verdad» en aquella famosa operación de captura sobre Bin Laden y sus consecuencias morales. Pero es que Kingdom me parece una pantomima que no focaliza, en absoluto, sobre los desafueros de la United Fruit Company o lo mecanismos de la tercera revolución industrial. La Agrupación Señor Serrano se dedica a hacer el gamberro durante poco más de una hora con su habitual parafernalia videográfica, para no ofrecer la más exigua crítica sobre aquello que, en teoría, quería enjuiciar. La máscara de la ironía posmoderna aquí se antoja cobardía, complacencia y satisfactorio divertimento (tanto para ellos como para ese público sin la más mínima preocupación por indagar en el trasfondo del asunto). Mutatis mutandis puedo afirmar lo mismo que sostuve sobre Lehman Trilogy ―que curiosamente se afincó al en el mismo escenario verde de los Teatros del Canal―, es necesario ser más incisivo y evidenciar, entre tanto jolgorio, las acciones precisas de Minor Cooper Keith, como uno de los fundadores del sistema mercantil contemporáneo, a partir de la explotación bananera. Lo cierto es que predomina el embalaje y la performance satírica como si fuera una revista pulp. La estructura es evidente y clara: una introducción declamada por Pablo Rosal para recordarnos («la humanidad ha conseguido un progreso social sin precedentes»), como si no quiera creérselo, que «estamos bien» (al menos nosotros). Seguramente de lo mejor es el extenso rap de Wang Ping-Hsiang, toda una mezcla de invención y de especulación sobre el génesis bíblico (sobre la pantalla en una creación en directo, el cine-en-tiempo-real) para establecer dos vectores: que tiene más sentido imaginarse un platanero y el plátano como fruta prohibida y que desde los orígenes la virilidad (la matraca también de estos con el patriarcado) se impone como un elemento destructor. Plátano y pene van de la mano con Freud (PPF). A partir de ahí comienza el cachivachismo artesanal con los videomontajes de in situ de nuestros actores con el apoyo musical de Nico Roig, quien también colabora en la actuación, y la videoprogramación de David Muñiz, platanista igualmente. Pantalla grande para realizar los malabarismos ―muchos de ellos altamente ingeniosos y humorísticos―, con estética publicitaria tan bananera como vintage. El tren amarillo irrumpe por la selva de Costa Rica en el inicio del emporio. Datos enciclopédicos para que nos hagamos a la idea de la importancia económica del consumo de plátano a nivel mundial. Salpicadito histórico de plagas, de imperialismo, de colonialismos. Y ausencia de las perversas actuaciones de la industria bananera en los países caribeños y el sistema de esclavitud con el que procedieron; a partir de arrasar con multitud de recursos naturales (lo frecuente en estos casos y que no está de más recordar). Diego Anido busca a King Kong y él se postula como un musculitos henchido de testosterona. Fotitos de presidentes americanos y de otros lares. Y que cada uno se haga composición de lugar sobre el tema a tratar; porque poco más se procura. Metáfora tan escueta como insuficiente. No es elipsis para inteligentes, es timidez por señalar. El sistema capitalista puede dormir tranquilo si desde el arte dramático se le intimida de esta manera. Fin de fiesta con una banda de maromos que aparecen de improviso para deleitarnos con una haka maorí discotequera, estroboscópica y virulenta como epítome de esta economía de mercado que actúa como un mono gigantesco pisoteándolo todo. Aplausos, desde luego. Se quedarán de un pasmo los que esperen remover sus neuronas con este espectáculo de fuegos artificiales apoyado económicamente por una buena ristra de instituciones sostenidas con fondos públicos. Es lo que se conoce como el (anti)capitalismo haciéndose cosquillitas en la barriga.

Kingdom

Agrupación Señor Serrano

Creación: Àlex Serrano, Pau Palacios y Ferran Dordal

Performance: Diego Anido, Pablo Rosal, Wang Ping-Hsiang, David Muñiz y Nico Roig

Project manager: Barbara Bloin

Música: Nico Roig

Videoprogramación: David Muñiz

Videocreación: Vicenç Viaplana

Espacio escénico y maquetas: Àlex Serrano y Silvia Delagneau

Vestuario: Silvia Delagneau

Iluminación: Cube.bz

Coreografía: Diego Anido

Coproducción: GREC 2018 Festival de Barcelona, Teatre Lliure (Barcelona), Home Theatre (Manchester), Théâtre National Wallonie-Bruxelles, Grand Theatre (Groningen), La Triennale di Milano – Teatro dell’Arte, CSS Teatro Stabile di Innovazione del Friuli – Venezia Giulia, Teatro Stabile del Veneto – Teatro Nazionale, Festival Romaeuropa y Teatros del Canal

Con el apoyo de: Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, CCCB Kosmopolis (Barcelona), Sala Beckett (Barcelona), Teatre Auditori de Granollers, Xarxa Transversal, Graner – Mercat de les Flors

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 10 de marzo de 2019

Calificación: ♦♦

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