7 años

Los Teatros del Canal acogen esta batalla dialéctica entre cuatro socios de una empresa con el fin de eludir la cárcel

Foto de Sergio Parra

Si hace poco más de un mes Daniel Veronese adaptaba y dirigía la película Todas las mujeres, ahora dispone lo propio con otro film que, desde luego, pedía versión teatral: 7 años. Además, coincide en la cartelera madrileña con otro éxito cinematográfico que pasa a las tablas como es Perfectos desconocidos. Ambos montajes poseen indudables puntos en común, entre otros, su atractivo para un público más inclinado hacia el teatro comercial y sus mecanismos medidos puestos al servicio de diálogos ágiles y propiciatorios destinados a desbrozar las intimidades. Aquí el engranaje se pone en funcionamiento enseguida y la premisa es bien sencilla: los cuatro responsables de una empresa dedicada a vender software y otras soluciones informáticas están a punto de ser investigados por Hacienda. Por lo visto, han estado desviando pasta a unas cuentas opacas en Suiza y los han pillado. Se enfrentan a la pena que refleja el título del espectáculo y han decidido que se coma el marrón uno de ellos. Para dirimir tan compleja decisión van a echar mano de un mediador. Serán ochenta minutos sin el más mínimo altibajo. Un atiborre de pullas, de elipsis, de escarceos y de contrapesos a toda razón personal que se esgrima: hijos, padres enfermos o ser mujer en un país donde solo hay tres cárceles destinadas a ellas y bastante alejadas del hogar familiar. Pactos ocultos, jugadas maestras y una sorpresa final para gusto del respetable. En el debe, no queda más remedio que reconocer que somos sumidos por un planteamiento excesivamente teórico, repleto de hipótesis y de contrafácticos que harían las delicias de un profesor de Ética; pues parece un laboratorio de moral, donde las virtudes se desvanecen desde el inicio, la verdad es un arma arrojadiza y cualquier apelación al imperativo categórico se disuelve en cerveza. Por otra parte, me falta ese punto de reconocimiento más profundo de los personajes, pues su autor, José Cabeza, no se adentra suficientemente en su caracterización y se queda en la pincelada para que nos centremos en la trama. Pero si los protagonistas no nos importan bastante, entonces lo que les ocurra puede darnos un poco igual más allá del propio juego de estratagemas para librarse de tal entuerto. De esta forma, Daniel Pérez Prada se mete en la piel de Carlos, el responsable de cuentas (recordemos al personaje de Pete Campbell en Mad Men), el que agasaja a los clientes con cenas exóticas y compañía sicalíptica. Un auténtico rastrero. Un dechado de chulería que el actor mantiene firme desde el segundo uno hasta el final. Rápidamente encuentra víctima a la que minar la moral, y este es Eloy Azorín, Luis, el cerebrito apocado, el que tuvo las grandes ideas en el origen; pero que ahora parece seco. Adopta el papel de tipo que, producto de su baja autoestima (resulta no ser muy ducho con las mujeres y se le ve falto de cariño), se posiciona instantáneamente a la defensiva. Ambos deben jugar sus bazas frente a Marcel, el CEO, el líder de familia fetén con hija pequeña virtuosa del piano. Así, Juan Carlos Vellido se encarna en este astuto gestor que sostiene la compostura en casi todo momento. Cuenta con una gran aliada, Verónica. Carmen Ruiz hace de inteligente contable y de secreta amante de ese director de matrimonio incólume. Saca a relucir sus armas de mujer y una estimable mala leche capaz de esputar algunas inconveniencias. Los cuatros establecen un tira y afloja de ritmo extraordinario con varios picos de tensión situados en momentos precisos para que el espectador no descanse un ápice. Aunque es Miguel Rellán, como el pazguato José, un mediador de sonrisa permanente, dispuesto a sacar de quicio a más de uno por sus ocurrencias desafortunadas y fuera de lugar; quien abre derivas en la trama con planteamientos y tácticas brillantes que nos sitúan ante un individuo paradójicamente hábil. Pruebas, excusas, ataques y otras inquinas nos lanzarán hacia el ¿derrotado? Cada espectador en su mente llegará a un elegido diferente. 7 años entretiene y mucho, te lleva a pensar éticamente sobre los equilibrios imposibles en un grupo compuesto por personas que han sucumbido a la tentación de la avaricia. Por otro lado, la factura del espectáculo es magnífica gracias a la escenografía de Monica Boromello, quien ha ideado un estudio de diseño contemporáneo, que denota esos valores snobs y esteticistas que han implantado este tipo de empresas; cervecitas y diana con dardos mediante (ante todo disfrutar del trabajo y sentirse como en casa).

7 años

De José Cabeza

Versión y dirección: Daniel Veronese

Reparto: Miguel Rellán, Carmen Ruiz, Eloy Azorín, Juan Carlos Vellido y Daniel Pérez Prada

Iluminación: Juan Gómez Cornejo (AAI)

Escenografía y vestuario: Monica Boromello

Producción ejecutiva: Olvido Orovio y Carlos Larrañaga

Ayudante de dirección: Maite Pérez Astorga

Distribución: Producciones Teatrales Contemporáneas

Coproducción: VerTeatro, S.L. y Producciones Teatrales Contemporáneas, S.L.

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 4 de noviembre de 2018

Calificación: ♦♦♦

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