Declan Donnellan nos invita a descubrir de pie esta tragedia en un espectáculo despojado de aderezos en los Teatros del Canal
Apenas hace unos meses presentaba Milo Rau Medea’s Children donde exponía la crueldad de un modo tajante. Era un paso más en ese recorrido que hemos ido apreciando estos últimos años, cuando el relato de esta mujer, ya fuera una hechicera o una sacerdotisa, ha regresado a los teatros. Quedan en nuestra memoria las actuaciones de Ana Belén o de Aitana Sánchez-Gijón (recogiendo a Séneca), visiones más oscuras y hasta salvajes. En definitiva, la perspectiva de Declan Donnellan, quien repite la misma fórmula que en aquel Edipo Rey de 2024 ─verdaderamente más impactante y ágil─, busca despojarla de todo atributo accesorio. Él quiere bosquejar una dramaturgia de la cercanía y la palabra. Y aunque se aleja de la negrura, su propuesta es muy distinta a la de Simon Stone, quien nos «fustigó» con una iluminación realmente potente. Sigue leyendo


Desde luego, si el espacio Salón de los Balcones – Andrea D’Odorico ha de ocuparse de piezas que no alcancen la hora de duración (deseable sería propiciar el doblete con las otras salas del Teatro Español), esta obra de August Strindberg, dramaturgo sueco que dialoga con su compatriota Ingmar Bergman (
Desde que Rodolf Sirera escribiera en 1978 este breve texto, ha logrado con el paso de los decenios asentarse como una obra de referencia del ámbito metateatral. La última adaptación fue aquella que montó 

