La performance de María Velasco en Cuarta Pared nos destina a una rave durante la pandemia de 2020

La prolífica carrera de María Velasco continúa, a pesar de que en este montaje pienso que ha bajado mucho el listón en los diferentes elementos artísticos que ella suele conjugar. La pasada temporada triunfó con Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos, donde sí se podían descubrir algunos valiosos hallazgos que superaban al díptico anterior compuesto por Harakiri y Primera sangre. Volvíamos, de algún modo, a Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra de 2022 que se representó aquí en Cuarta Pared. Pero ahora, con la potente estela de Sirat sobrevolando la propuesta, creo que no asistimos a una performance sugerente, ya que muestra carencias en la cohesión y caídas de ritmo brutales. Paradójicamente, al contrario de lo que ocurre en el film de Óliver Laxe, la música no tiene el protagonismo que debiera para que nosotros como espectadores pudiéramos penetrar en las vivencias de estos raveros, encerrados en su danza durante la cuarentena de la pandemia del covid.
Fran Vélez impone en su prólogo la declamación del chamán que nos quiere guiar hacia el ritual disolutorio desde su vestimenta andrógina. El actor, desde su altura, logra atraernos hacia el choque inicial que supone escuchar «Claro de luna», de Beethoven y, después, adentrarnos en la composición techno que han insertado Giancarlo Pia Mangione y Ruth Rubio. ¿No es realmente paradójico que durante bastantes minutos no se oiga la música ni siquiera de fondo? ¿No debería mantenerse la tensión en ese encierro?
Como sucede con otros textos de la dramaturga, las metáforas convincentes y las distintas intertexualidades se mezclan con claves explícitas. No hace falta comparar esto que vemos con la «peste de la danza» de 1518, pues ya lo escribe ella. Por cierto, en este mismo espacio en Quiero colapsar a tu lado (2024) se hacían eco de la misma plaga dancística. En cualquier caso, la escenografía de Emilio Manzano apuntalará con su altar de bafles el caos que deberíamos percibir. Y no es que el grupo esté únicamente desperdigado, es que tiende a la conversación azarosa, sin verdadero ánimo comunicativo. Remembranzas de una biografía musical como expone en lenguaje inclusivo Marina Herranz, sobre la manera en la que se fue introduciendo en el mundo de los conciertos más salvajes, donde se pogueaba (baile propio del hardcore y otros estilos de rock duro).
Igualmente se puede afirmar que la energía de sus coreografías se va disolviendo. La pujanza del principio se pierde, y luego no se baila tanto. Aunque Lucía Sánchez y Álvaro Leiva se afanan más en mostrarse activos y hasta sensuales. Además de que, a diferencia de otras funciones de la creadora, no se halla tanto cuidado en el movimiento corporal. Porque algunos de los gestos contribuyen más a rellenar instantes, como pasa con Chelo Valma, quien sostiene un plástico que pone frente a un ventilador.
A partir de la segunda parte de la performance el texto se apodera del espectáculo. Las cuestiones inconexas se cuelan en las bocas de unos intérpretes que en ningún momento han tenido que bosquejar un personaje. En alguna medida, el vestuario de Manzano ayuda a inclinarlos hacia algún estereotipo; pero, sobre todo, son una capa más del collage. Que si la orientación sexual de Chavela Vargas o de Bowie, que si woke, que si Black Lives Matter, que si la canción «Strange Fruit» de Billie Holiday (a ella se hizo referencia en Puertas abiertas, de Abel Folk). Se podría haber incluido cualquier tema. De todas formas, las frases que seguimos escuchando tienen más que ver con definir lo que hacen o lo que van a hacer que con una búsqueda existencial o experiencial de su paso por la rave. En esas caídas constantes de ritmo, donde transcurre muy poco y se enlentece la dinámica, atendemos a diálogos verdaderamente endebles, repletos de cotidianidad. Considero que este es uno de los proyectos más flojos y vacuos de María Velasco.
Texto: María Velasco (con aportaciones de la cía)
Dirección: María Velasco
Elenco: Marina Herranz, Álvaro Leiva, Lucía Sánchez, Chelo Valma y Fran Vélez
Espacio escénico y vestuario: Emilio Manzano
Espacio sonoro: Giancarlo Pia Mangione y Ruth Rubio
Audiovisual e iluminación: Giancarlo Pia Mangione
Coreografía y movimiento: Javiera Paz
Con la participación especial de Marina Otero
Y la colaboración de Raquel Sánchez
Ayudante de dirección: Ruth Rubio
Fotografía: Alberto Mateo Moreno
Tráiler: Beatriz Congregado y Verde Pistacha
Cartel: Verde Pistacha
Prensa y comunicación: Manu Benito y Cuarta Pared
Una producción de Cuarta Pared
Sala Cuarta Pared (Madrid)
Hasta el 23 de mayo de 2026
Calificación: ⭐
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