Nueva propuesta dirigida por Josep Maria Mestres del clásico de Lope de Vega en los Teatros del Canal

La dama boba, la comedia que Lope de Vega escribió en 1613 en plena madurez, es indudablemente uno de los clásicos auriseculares que más suben a las tablas. Merece la pena que me refiera a la adaptación que preparó Alfredo Sanzol con la Joven Compañía de Teatro Clásico en 2017, pues poseyó gran atractivo en su disposición escénica. Además, allá encontrábamos a un actor que ya apuntaba maneras, Pablo Béjar, a quien hace bien poco contemplábamos en Panorama desde el puente, y que ahora encarna a Liseo, para demostrar su ambición en el dilema que se le presenta.
Con ánimo modernizador y captador del público adolescente hallamos una propuesta kitsch. Mi admiración por el músico Alberto Granados ─la he dejado reseñada en múltiples ocasiones─ es inequívoca, pero he de afirmar que esta vez las transiciones techno con coreografías desenfadadas del grupo, como si nos tuviéramos que retrotraer al macarrismo de OBK, me han echado para atrás. Bien valen para remarcar algunos de los versos lopescos para que el respetable pille el asunto; sin embargo, a mí estos procedimientos me cansan. Distinto será cuando el piano nos acerque al Barroco y el propio artista intervenga amparándose en Euterpe, según invención inteligente de la adaptadora Xus de la Cruz. A ello hay que sumarle un vestuario ─fundamentalmente el de los chicos─ que incide en la horterada general. Gabriela Salaverri les ha plantado zapatillas deportivas y camisas de encaje entre otras mezcolanzas. El remate es la escenografía de Clara Notari, una estructura de arcos sucesivos con cortinilla color pistacho sobre fondo fucsia, que completa coherentemente la cursilería. La factura no desentona si lo que se ansía es potenciar al máximo la bobería de la dama. Carolina Rubio resulta más que idónea para insertarse en el papel de Finea. La actriz posee una voz aflautada que favorece la comicidad, asimismo domina el ritmo impuesto con gran versatilidad. Si hace unas semanas hablaba de La vengadora de las mujeres para referir la transformación de su protagonista, aquí descubrimos otro tipo de metamorfosis. El amor funge de revulsivo. La muchacha, incapaz de aprenderse las letras del abecedario, pone en marcha su adormilado raciocinio una vez se ve cautivada por un pretendiente inesperado: Laurencio. Este es acogido por Carlos Serrano, quien muestra gran destreza para ir ganando posiciones dentro de la trama. Anteriormente, Joaquín Notario, a quien el mes pasado disfrutábamos en Tormenta, prologa con énfasis fenomenal la comedia en la piel de Otavio, el padre de la criatura. No desprecia el guiño metateatral que le brinda el texto, cuando se refiere hacia el final a un «notario». En su deseo está emparejar a sus dos hijas. La boba carece de inteligencia, pero cuenta con una dote superior, que puede motivar a los postulantes, mientras que la otra tiene belleza e ilustración suficientes. Silvana Navas interpreta a Nise con mucho garbo y es capaz de dotar al montaje de una seriedad muy beneficiosa. Sus celos se acrecientan cuando observa que su hermana está abandonando la estulticia. Es Béjar con el rol de Liseo, quien a priori se había convencido de que el oro de una herencia justifica hacerse cargo de una mujer poco «discreta». La concatenación de decisiones volubles de unos y otros desbarata el argumento en el tercer acto. Unos van y otros vienen, unos cambian y la otra finge; porque Finea ahora se ve en la tesitura de jugar con una máscara u otra según le convenga. El amor le ha dado la lección completa y ahora se atreve con las tretas de la seducción. Son otros los que parezcan más patéticos frente a ella, como le ocurre al Duardo de Víctor de la Fuente, quien se pone empalagoso con sus recitaciones y su amaneramiento. El actor, quien también se ocupa del criado Turín, se maneja con soltura.
Por otra parte, Markos Marín se encarga de hasta tres personajes, bastante variados, y los resuelve con magnífica profesionalidad. Su estrafalario Rufino, el maestro, nos destina a una de las escenas más graciosas. En cuanto a Concha Delgado, la instructora de danza, resulta algo descabalada, mientras que su Clara, sirvienta de la protagonista, es una confidente extraordinaria. Verdaderamente el elenco ofrece un trabajo sensacional. Se percibe la mano de Josep Maria Mestres en la fluidez con la que entran y salen los diversos intervinientes aprovechando el amplio espacio. Esto permite situar las actuaciones por encima de cualquier estridencia estética. De este modo, la visión neoplatónica del amor y la defensa del ingenio femenino de nuestro dramaturgo se distinguen con franqueza.
Texto: Lope de Vega
Versión: Xus de la Cruz
Dirección: Josep Maria Mestres
Reparto: Joaquín Notario, Carolina Rubio, Silvana Navas, Carlos Serrano, Pablo Béjar, Markos Marín, Concha Delgado, Víctor de la Fuente y Alberto Granados
Ayudante de dirección y coreografía: Andoni Larrabeiti
Música original y espacio sonoro: Alberto Granados
Asesora de verso: Pepa Pedroche
Diseño de escenografía: Clara Notari
Diseño de iluminación: Juanjo Llorens (AAIV)
Diseño de vestuario: Gabriela Salaverri
Ayudante de escenografía: Juanjo González Ferrero (AAPEE)
Ayudante de vestuario: Paula Fecker
Dibujante de escenografía: Francisco Bassi
Estudiante en prácticas de iluminación: Ana Callaghan
Diseño gráfico y fotografías: Javier Naval
Vídeo: David González | 2VISUAL
Dirección técnica: Ciru Cerdeiriña
Producción ejecutiva: Beatrice Binotti
Dirección de producción: Nadia Corral
Distribución: ConTablas Distribución
Una producción de Festival Hispanoamericano del Siglo de Oro de la Comunidad de Madrid. Clásicos en Alcalá, Ajedrez Eventos y Octubre
Teatros del Canal (Madrid)
Hasta el 14 de junio de 2026
Calificación: ⭐⭐⭐
Puedes apoyar el proyecto de Kritilo.com en:

Deja un comentario