Hermanas

Bárbara Lennie e Irene Escolar se emplean a fondo para representar este enfrentamiento sobre los desgarros familiares

Foto de Vanessa Rabade

Hace tres años aproximadamente, el dramaturgo francés Pascal Rambert pegaba un buen aldabonazo con la presentación de La clausura del amor. Su planteamiento era bastante radical en cuanto a la disposición dramatúrgica: tomar a una pareja real de actores y someterlos a una experiencia destructiva bajo dos monólogos agónicos y eternos como un diálogo solapado y ya imposible. Después conocimos Ensayo, e igualmente sondeó terrenos metateatrales, esta vez con cuatro intérpretes, que exprimió al máximo en la implosión de una compañía. Pero ahora, con Hermanas, tan solo se aprecia un manierismo. Una dejadez en las perspectivas dramatúrgicas, ya sin gestos metaficcionales, ni monólogos abusivos. Aquí solo quedan unas extraordinarias actrices y los fluorescentes a tope de la escenografía aséptica firmada por el propio autor. Y si en aquella primera obra el contenido no era en sí mismo una revolución, al menos poseía entraña; en esta, directamente nos encontramos el consabido tópico ―bastante tontorrón―, de la hermana segundona que vive herida por todo el cariño que sus padres le han usurpado en pos de la primogénita, la ganadora, la gran esperanza familiar. Familia, por cierto, de burguesitos ilustrados, exigentes en grado sumo y clasistas de sutileza incomparable. Papá, arqueólogo de prestigio. Sigue leyendo

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El precio

Aires de elegancia melancólica para esta obra de Arthur Miller, interpretada por un elenco muy afinado

Foto de Javier Naval

Es común aplicarle el término de clásico a ciertos dramas estadounidenses concretados por el desarrollo psicológico profundo de sus personajes, bajo unas circunstancias determinadas. Son textos firmados por O`Neill, por Tennessee Williams o, como es en este caso, por Arthur Miller. El precio saltó a escena en 1968 y continuaba ese discurso tan meditado sobre el devenir de las familias tras el crac del 29. Estas obras, en definitiva, se las apoda de clásicas; porque infunden seriedad y están escrita bajo unos parámetros perfectamente identificables; porque el público al que van dirigidas es precisamente esa clase media que las hace revivir a cada poco; ya que son ellos quienes padecen estos conflictos propios de la sociedad urbanita inmersa en los ciclos económicos de crisis y de crecimiento alborozado. Otro tema será que lleguen a formar parte del canon por virtudes literarias. Al fin y al cabo, lo que contemplamos es un manierismo chejoviano. Más allá de que nos conmueva la historia o que la reconozcamos cercana, posee unos diálogos que, por su adensamiento pausado, permiten a sus intérpretes dibujar al personaje en toda su extensión; lo pueden matizar con parsimonia y con madurez. Sigue leyendo

Un roble

Luis Sorolla se pone al frente de este experimento creado por Tim Crouch, interpretado cada función por un actor distinto

Foto de Luz Soria

Con los prejuicios a flor de piel cada vez que un dramaturgo pretende transgredir las formas teatrales con un experimento al uso, uno siempre espera que el formalismo no se sustente en el vacío y que al final todo resulte una pirueta tan llamativa como intrascendente. Avancemos que Un roble no supone una gran trasgresión y que su contenido se deshilacha en su redundancia. La propuesta estructuralmente se propone convocar a un actor (cada día será uno diferente; no obstante, el margen para encontrar grandes diferencias será exiguo, si no se rompe el «pacto»), que no debe conocer el texto, a participar en una función donde se encontrará con Luis Sorolla, quien no solo hará de maestro de ceremonias, sino que interpretará a un hipnotista. El primer participante de este asunto es Israel Elejalde; que aguarda sentado entre los espectadores. A continuación, es llamado a escena para recibir instrucciones (por lo visto se han reunido una hora antes, lo que incumple el previsto halo de espontaneidad) y nosotros también recibimos alguna indicación. Sigue leyendo

Monta al toro blanco

Cuatro relatos que satirizan políticamente sobre una Europa en permanente tensión ante un futuro aciago

Foto de Carmen Prieto

La incuestionable mirada satírica de Íñigo Guardamino se inmiscuye en nuestra Europa y su devenir. Tema verdaderamente necesario y, en absoluto, manoseado. Digamos rápidamente que las cuestiones que aborda resultan verosímiles, inteligentes y, además, pavorosas. También reconozcamos que, a pesar del tono humorístico, se ha puesto algo más serio en el lenguaje; no parece aspirar el autor a remarcar con chistes sorpresivos cada frase de cada diálogo ―como suele ser habitual en él. Y si ha rebajado la comicidad, ha aumentado el análisis y, por lo tanto, la profundidad de casi todas las piezas que componen este fresco tremebundo de un futuro que podría llegar ipso facto. Asistimos a cuatro piezas que se nos ofrecen entremezcladas. Todas ellas podrían interpretarse como las pesadillas de una Alta Representante de la Unión Europea, quien ha decidido echarse la «siesta de la cuchara» antes de reunirse con los Ministros de Exteriores. No faltan los aderezos mitológicos sobre el Rapto de Europa, varias interpolaciones, como esa interesante declaración engreída de un chino, un estadounidense, un árabe y un ruso portando la balsa hinchable donde terminarán los europeos; o el tema musical tan hortera y pegadizo que los espectadores deberán tener verdadero cuidado si no quieren que el estribillo les retumbe durante una semana. Sigue leyendo

Yerma

El ambigú del Teatro Kamikaze se llena de tierra para representar esta mirada sugerente a la tragedia de Lorca

Foto de David Ruano

En un intento moderado de traer la Yerma lorquiana al presente, Marc Chornet ha conseguido que uno se olvide de que aparecen un móvil, un test de embarazo o unos auriculares. Si esos elementos no hubieran aparecido; pues casi mejor. Efectivamente, no entorpecen el espectáculo; pero no son, desde luego, suficientes ―entre otros detalles― como para que uno se piense que en algún pueblo de España el patriarcado sigue funcionando de esa manera. De hecho, no funciona de ninguna, salvo en algunas etnias que necesitan atrapar en el tiempo su «raza». Es preferible dejarse provocar por el lenguaje del poeta granadino, aceptando que su protagonista viste vaqueros; pues lo que acontece, insisto, puede mantener algunos vestigios en alguna familia muy concreta; pero no en una sociedad que le dé soporte cultural. Ante todo, el montaje funciona por dos hechos, esencialmente: por la escenografía y los movimientos que propicia, y por el cariz que le aporta Alba José. En cuanto a lo primero, Laura Clos ―quien seguramente habría deseado unos cuantos metros más en ese ambigú del Teatro Kamikaze―, esparce arena, va floreando de vides todo el suelo y sitúa una cama deshecha en el centro junto a un váter. Sigue leyendo

Un enemigo del pueblo (ágora)

Rigola reduce la obra de Ibsen a su mínima expresión para debatir con el público sobre la democracia y el sufragio universal

Foto de Vanessa Rábade

Resulta muy difícil trasladar el planteamiento de Ibsen a este presente tan complejo en el que nos ha tocado vivir y, además, pretender que un caso local, con implicaciones muy personales que sitúan entre la espada y la pared a los afectados, pueda servir de ejemplo para evaluar a las democracias liberales de nuestra contemporaneidad. Caer en el reduccionismo y, por lo tanto, en el populismo y la demagogia es muy sencillo; y así ocurre. Esto ya lo comenté con otra versión que se presentó hace tres años titulada Stockmann (donde curiosamente también empleaban una pizarra como en esta ocasión utiliza Max Glaenzel en la rácana escenografía que presenta. La cuestión es que nos tienen que dar la lección en el aula). Al entrar en la sala nos encontramos con la palabra ethiké repartida en unos enormes globos. La remisión en griego a la ética, nos tiene que hacer pensar obligatoriamente en Aristóteles. Fundamentalmente por famosa Ética nicomaquea (donde se desgrana el valor de las virtudes y sus posturas teleológicas) y, también, por ser un filósofo que caracterizó la democracia a través de los conceptos de isegoría (igualdad a la hora de emitir una opinión) y de isonomía (igualdad ante la ley). Bien, pueste este montaje no empieza con la emisión de los pareceres, con el enfrentamiento de las ideas, con la concreción sobre los conceptos sobre los que se quiere dirimir. No. Aquí los sofistas, entre la algarabía, entre el chichisbeo del estreno, nos impelen a votar a través de las cartulinas que nos han repartido. «¿Creéis en la democracia?». Y la gente vota. Y nadie cuestiona nada. Sigue leyendo

Escena – Fin de temporada 2017-18

Un recuerdo de lo mejor que hemos podido admirar en los escenarios durante este curso

Nuevamente llega la hora de pegar un repaso a esta temporada que, como no podía ser de otra manera, ha dejado obras meritorias destinadas al recuerdo y otras, que nos servirán de contrapunto en su fallo. Me quedaré con las primeras y no haré más escarnio con las segundas; aunque ambas dialogan en el meollo de nuestra escena teatral contemporánea. Se sigue echando en falta menos complacencia con el poder y con los «nuevos» discursos políticamente correctos. El teatro actual, en general, o es pacato o es directamente de un populismo ―muy aplaudido, por cierto―, que daña a la inteligencia. Mostrar, por parte de aquellos que tienen pretensiones, aquello que tu público espera conceptualmente, es una traición a la controversia. De lo poquito que ha destacado en cuanto al cuestionamiento de carácter político ha sido Juegos para toda la familia de Sergio Martínez Vila que, a pesar de que no termina de redondearse, nos deja un poso de inquietud. Sigue leyendo

La valentía

La nueva obra de Alfredo Sanzol es una intrascendente comedia de enredos con fantasmas por el medio

Foto de Javier Naval

Se presenta la nueva creación de Alfredo Sanzol bajo el aura salvífica del reciente Premio Valle-Inclán (por La ternura), en el teatro donde ahora se gana uno el caché para los que quieren estar en esa pequeña pomada farandulera que aún resiste. Aunque La valentía, más allá de los parabienes que propician y van a propiciar todos aquellos que se niegan a aceptar la verdad y que observan a este dramaturgo tan consagrado con pleitesía snob, es una comedia burguesa anticuada sin la más mínima trascendencia. Es la comedia burguesa que tanto se ha denostado y que se denuesta, y que se sigue exhibiendo en otros teatros privados en muchas ocasiones con éxitos abrumadores e incontestables; pero envuelto en la bandera del Premio Nacional de Literatura Dramática en 2017 por La respiración y con el aplauso enfervorecido de muchos de esos que no pisan aquellos teatros de autores que buscan el puro y llano entretenimiento, y de productores que piensan, lógicamente, en el rendimiento económico por encima de todo. El texto, desde luego, contiene todos los tópicos, los guiños y las «sorpresas» que se han ido anquilosando desde hace cien años, y que resultan manidos y hasta ingenuos. Sigue leyendo

A secreto agravio, secreta venganza

Una adaptación sobre este drama de honor en el que se pretende enmendar la plana a Calderón de la Barca

Foto de J. Alberto Puertas

Ya nadie puede negar que vivimos una época en la que una corriente de moralismo pretende arreglar mágicamente los desafueros del pasado; aunque estos pertenezcan al mundo ficticio del arte y estén, desde nuestra perspectiva, más que juzgados. De esta forma, Pablo Bujalance y Pedro de Hofhuis han querido jugar al Ministerio de tiempo para enmendarle la plana no sé si a la historia o al propio Calderón. He de suponer que con la intención de que ningún espectador fuese a pensar que ellos apoyan, de alguna manera, la trama que se nos presenta. Lo que el dramaturgo del Siglo de Oro nos viene a contar no reviste una complejidad extraordinaria y esta adaptación aún se ha simplificado más. Nos situamos en Lisboa, don Lope de Almeida es un caballero que ha dedicado gran parte de su vida a guerrear y ha decidido casarse por poderes con una dama castellana. Ella es doña Leonor, una mujer que acepta el matrimonio; pero que mantiene todavía a un pretendiente llamado don Luis de Benavides, que cuenta con bastantes posibilidades de éxito dados los sentimientos despertados en su pretendida. Ante tal triángulo nos encontraremos con un ataque de celos del portugués y el consiguiente resarcimiento de su supuesta pérdida de honor a través de brutales asesinatos. Sigue leyendo