Yo soy el que soy

Espectáculo musical sin enjundia dramatúrgica basado en los desgraciados avatares del violinista Aaron Lee

Se debe ser muy laxo para considerar que este espectáculo que acoge el Teatro Kamikaze para concluir su proyecto sea una obra teatral. Situar sobre el escenario a un virtuoso del violín (acompañado de un magnífico pianista como es Gaby Goldman) y, en paralelo, a una actriz que narra un relato, no genera por sí mismo una suma, una síntesis. Esta función carece de trabazón dramatúrgica y eso nos debe colocar en otra perspectiva si se quiere disfrutar. Si lo tomamos como un recital, entonces, qué duda cabe, posee un gran interés; sobre todo para los profanos; ya que se deambula entre lo popular y lo clásico (desde Alaska hasta Shostakovich pasando por Leonard Bernstein o John Williams) con dinamismo y pericia. En este sentido, está muy ajustado a un público general. El madrileño con antecedentes surcoreanos, Aaron Lee, sostiene su violín con vigor y con delicadeza para deleitarnos con la «Chacona» de Bach, en lo que se convierte en el momento álgido del montaje, una significativa explosión de confianza en sí mismo, cuando se vio tocando en la calle de Postas en Madrid, para ganarse el sustento diario. Apuntemos que la función es mayormente musical y que los apuntes desgraciados de la biografía de nuestro protagonista pretenden trazar un itinerario que parece más válido para una charla del BBVA sustentada por El País, que para la pulsión trágica. El texto que firman el propio Lee (tomado de su autobiografía titulada bíblica y orgullosamente Yo soy el que soy) y Zenón Recalde es endeble y apenas alcanza la compostura del monólogo teatral. Porque se resume lo que tendría que poseer un desarrollo en profundidad para atisbar la hondura de lo afirmado y contemplar las contradicciones de algunos hechos como los aspectos religiosos, políticos e, incluso, jurídicos. Es decir, quedan muchos temas en el tintero para que la historia sea madura literariamente hablando. Además, tengamos en cuenta que el contenido tampoco amplía en demasía lo que el violinista ha relatado en las múltiples entrevistas que ha concedido. Por otra parte, Recalde, quien también se ocupa de la dirección, parece que se ha rendido a la magia de la mínima expresión, que solamente funciona en contados momentos como el antes señalado con Bach; el resto es rácano y repetitivo; sin enjundia en la representación. Verónica Ronda es la encargada de poner voz a los pensamientos de Aaron en primera persona. La actriz y cantante sabe dotar a sus líneas de fuerza y de gran emotividad; además, no falta su capacidad para expresarse con ironía en algunas ocasiones en las que el humor sirve de bálsamo; mientras se configura el «ambiente» con los temas habituales del Orgullo como, por ejemplo, el «Over the Rainbow». Por otra parte, también se lleva su momento de esplendor, cuando canta en español el «I am What I am», popularizado por Gloria Gaynor y por Shirley Bassey. Nos pone en el contexto de aquel adolescente imbuido en sus estudios musicales, en la ausencia de grandes amigos y en la opresión de una familia conservadora, estricta en la disciplina y comprometida de manera exacerbada (al menos para nuestra sociedad secularizada) con su religión, el cristianismo evangélico. Cuando decide revelar que inequívocamente es homosexual, la hecatombe no se hace esperar e, incluso, llega a un punto de violencia acongojante. Comienza ahí su proceso de «curación» en una isla del Pacífico, mediante el encierro en una iglesia hasta que se retracte y Dios lo reconduzca. El caso es que, después de un tiempo, ya cumplida la mayoría de edad, termina viviendo solo, tocando en la calle; pero, también, consiguiendo una plaza en la orquesta de RTVE y, luego, en la Orquesta Nacional. Una historia de superación y de denuncia que daría mucho más juego mostrada de otra manera; pero, a tenor de lo observado, únicamente solo se puede pensar que el objetivo de esta propuesta no es tanto artística como pedagógica, ejemplar o, incluso, promocional. Fines todos ellos loables, pues Aaron Lee preside la Fundación Arte que Alimenta, que busca ayudar a los más vulnerables de nuestra sociedad. Es palpable que un evento así puede beneficiar a jóvenes que se encuentren en una situación similar; pues, aunque cada vez menos, todavía quedan familias renuentes en nuestro entorno a aceptar la orientación sexual de sus hijos. Del espectáculo Yo soy el que soy podemos quedarnos, indudablemente, con las interpretaciones musicales, pues tienen gran valía y vienen cargadas de sensibilidad; no obstante, como proyecto teatral está bastante alejado de lo deseable.

Yo soy el que soy

Texto: Aaron Lee y Zenón Recalde

Dirección: Zenón Recalde

Dirección musical: Gaby Goldman

Intérpretes: Aaron Lee, Gaby Goldman y Verónica Ronda

Dirección de producción: Susana Menchaca

Dirección técnica: Paloma Parra y Víctor Sánchez

Iluminación: David Picazo

Ayudante de iluminación: Dani Checa

Diseño gráfico: Patricia Portela

Distribución: Caterina Muñoz Luceño

Una producción de Fundación Arte que Alimenta

El Pavón Teatro Kamikaze (Madrid)

Hasta el 30 de enero de 2021

Calificación: ♦♦

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