Wasted

Una obra generacional sobre el desencanto de unos jóvenes en el aniversario de su amigo fallecido

Foto de Carlos Rodríguez
Foto de Carlos Rodríguez

En la dialéctica del capitalismo tardío hace ya tiempo que se observan esos arrastres que provocan las crisis en las que una generación es golpeada con mayor virulencia que otras; lo hemos visto en movimientos culturales y políticos desde los años sesenta para acá. París, Londres, Berlín, luego Madrid y, ahora, volvemos con esos gritos de angustia, de indignación y desidia provenientes de veinteañeros (los treintañeros se miran los pies con resignación) que ven truncados sus sueños. Se venden deseos, se incita a la gente a desear a lo grande y parece que cualquiera, más allá de las condiciones materiales con las que cuente o de sus propias aptitudes, debe atreverse a materializar sus sueños, por muy peregrinos que resulten. Aquí, por ejemplo, tenemos a un tío que dice que quiere ser músico, que le mola la música, pero que, evidentemente, no es una pasión desbordante que lo ponga en marcha contra cualquier impedimento; es alguien de esos a los que una idea le ha entrado o le han entrado en la cabeza sin saber muy bien cómo. Oriol Esquerda encarna el papel con un aura de desencanto, de perniciosa apatía que le lleva a perder oportunidades (enamorado de Carlota) y que lo bloquea en el mismo banco de siempre fumando porros, como en un círculo vicioso donde sus fantasías no se transforman en voluntad. Aunque también contamos con el emparejado, con el colega que ha dado los pasos convenientes y que trabaja en una fábrica donde pronto descubre que su vida es anodina. Frente a su amigo, Xavier Teixidó sí que parece apreciar esas pequeñas cosas de la vida, lo sencillo; su necesidad de autoafirmación constante lo lleva por derroteros de cierta vesania, como un ser furibundo que de vez en cuando requiere desenfrenarse para continuar con la rutina y acomodarse al devenir que le ha tocado. Más esperanza, a pesar de todo, nos encontramos con el personaje que interpreta Sandra Pujol, que irrumpe con verdadera firmeza en su discurso. Ella es una profesora de instituto contagiada prematuramente por el agotamiento y la dejadez de sus compañeros, esos docentes quemados que parecen odiar a sus alumnos. Su vocación permanece y es en esta, en Carlota, en la que observamos la catarsis después de la noche de fiesta que se pegan los tres amigos de la infancia. Un encuentro en recuerdo de Toni, muerto hace diez años y que se erige como una presencia constante que les impele a reaccionar, es la inquietante alternativa de la dicotomía en la que ahora se ven envueltos. Es, desde luego, una historia que se ha venido repitiendo una y otra vez en los barrios de todas las ciudades occidentales en las últimas décadas. Demasiada publicidad a todas horas sobre el «tú puedes, si quieres». Un voluntarismo insensato y un no querer ser, un no querer hacerse, sino más bien, un absurda carrera hacia la imitación de modelos imposibles. Es, por lo tanto, un relato anodino, resabido, que impactará a todos esos jóvenes que no acuden al teatro y que ni ganas tienen de ir. Al resto, puede quedarles la carcasa que recoge a esos tipos que se empastillan al ritmo litúrgico de la mákina, que recurren al eterno discotequeo como subterfugio para no sucumbir definitivamente, aunque después venga la grandiosa resaca de las promesas que se incumplirán cuando llegue el lunes. Es curioso cómo hace un mes nos quedábamos sorprendidos frente a una propuesta con ciertas similitudes a Wasted; Yogur | Piano también nos adentraba en un club, aunque su desarrollo nos planteaba una opción muy distinta. Creo que el problema de esta función de Íntims Produccions es que ha apostado excesivamente por lo físico, por lo emocional, por el contacto con el espectador al que quiere mirar a la cara y gritarle, con el que quiere compartir su vivencia tan explosiva y al que estaría dispuesto a incluir, auténticamente, en el happening. Pero su discurso se agota en su propio nihilismo. Aquello que intentan expresar volverá a ocurrir el próximo fin de semana con otra cuadrilla de amigos. No habrá salida para casi ninguno de ellos, se resistirán más o menos, pero al final tendrán que ajustarse a la corriente y al absurdo (o no) de vivir convencionalmente. Valga, entonces, como decía, para comprender la estructura de la que parte este aullido, para aprehender las causas que provocan estos síntomas, para analizar la trampa en la que millones de desilusionados caen año tras año. Es más, si adoptamos esa postura, Wasted es una obra con más contenido político y social que muchas de esas que nos vienen con toda su proclama y el eslogan demagógico. Por eso estos «wasted» pueden ser unos desaprovechados, unos agotados o unos simples mamados con la birra siempre fría y el peta entre los dedos.

Foto de Carlos Rodríguez
Foto de Carlos Rodríguez

Se nota la mano de Iván Morales, este tipo de teatro cercano e invasivo que ya nos mostró en Sé de un lugar, una obra de gran recorrido existencial. Este Wasted, incluso, podría funcionar como una precuela de aquella. Además, como adaptador del texto escrito por Kate Tempest, la rapera y dramaturga londinense, supongo que habrá contado con el beneplácito de los actores, porque el uso de ciertas expresiones propias de la jerga juvenil requiere un ajuste propicio y el oído fino para captar todos los giros. Me ha sonado plenamente contemporáneo, muy actual (utiliza palabras, por ejemplo, como «picueto») y creíble. También muy meritorio es el trabajo de LosCorderos, instruyendo a los tres actores en la expresión corporal. Tengamos en cuenta que van al límite, que se mueven entre unas filas circulares que reducen el espacio central a un cubo de medio metro y que ellos no paran de bailar desenfrenadamente.

Creo que es un buen punto de partida, meritorio en la entrega, en el cuerpo a cuerpo, en la veracidad que le quieren imprimir a cada uno de sus parlamentos, a su desgaste emocional, que parece que te lo quieren inocular; pero insuficiente en el contenido, que se agota en sí mismo y que debería ir más allá; incluso se debe ir más allá aunque el público sea esa adolescencia de tercera generación. Si afinamos la mirada y dejamos que nos permee su energía, Wasted destila el desencanto que nuestro presente solicita para reaccionar; o no.

Wasted

Autoría: Kate Tempest

Traducción: Martí Sales

Dirección y adaptación: Iván Morales

Intérpretes: Oriol Esquerda, Sandra Pujol y Xavier Teixidó

Coaching corporal: LosCorderos.sc

Asesoramiento vocal: Pau Llonch y David Menéndez

Vestuario y escenografía: Marc Salicrú

Espacio sonoro: Ilia Mayer

Iluminación: Miki Arbizu

Ayudante de dirección: Rafa Rodríguez

Fotografía y vídeo: Moledro House

Diseño gráfico: Iolanda Monsó

Producción: Íntims Produccions y Fira Tàrrega

Producción ejecutiva: Marc Cartanyà

Comunicación: Isaac Baró

Festival Frinje Madrid 2016

Naves del Español – Matadero (Madrid)

Calificación: ♦♦♦♦

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