Los componentes de La Zaranda en colaboración con los argentinos de Teatro Picadero discurren en el vacío de la espera
Todos tenemos clara la estética y la ética que han desarrollado con su arte Eusebio Calonge y Paco de La Zaranda. Ambos inciden de manera expresionista en los márgenes sociales. Su teatro «pobre» perfila con precisión la angustia vital de sus personajes para imponernos el espejo cóncavo con el que retratarnos. En demasiadas ocasiones los grandes temas se solapan de un proyecto a otro. Y las técnicas dramatúrgicas se evidencian con demasiada prontitud. Esto es una rémora pertinaz que evita la sorpresa y la revelación en el espectador asiduo a sus montajes. Sea como sea, son insistentes en la búsqueda y en la plasmación de cuitas esenciales del ser humano. Su profundidad es tan honda que suelen toparse con un vacío agónico. Sus resoluciones nos hacen zozobrar, mientras esbozamos una sonrisa construida con sincera compasión. Sigue leyendo

Antes de que Horacio estableciera su sentencia docere et delectare en el siglo I a. C., Terencio había ofrecido su arte bajo estas premisas. De esta manera, en Adelphoe (Los hermanos), nos quiere proponer una cuestión y ayudarnos a dirimirla: «¿Qué influye más en la conducta de un hijo: la educación o la naturaleza?». Para dar respuesta, Chiqui Carabante maneja con su habitual dominio distintos procedimientos para la diversión y el entretenimiento. Por otra parte, la pregunta no puede ser más pertinente en nuestra contemporaneidad. Un asunto en el que están enfrascados los neurocientíficos de renombre (véase a Sapolsky y su libro Compórtate), los filósofos especializados en la identidad de género y toda la colección de psicólogos conductistas. El tema permea en debates y llega hasta la política en la aprobación de leyes harto polémicas. No tengo claro quién firma la adaptación, si el propio director o Josu Eguskiza (así se especificaba en el estreno en Mérida el año pasado); en cualquier caso, es un acierto enorme. Y eso porque se le da una pátina de color y de humor que reconocemos a la perfección. 

Poco secreto encuentro a estas alturas en la sexualidad de los ancianos. Juan y Medio ha logrado con su programa en Canal Sur que ya nada nos sorprenda cuando abordamos la tercera edad. Otro asunto es que hallemos la misma dinámica con los hijos, muchos de los cuales desarrollan una vergüenza tremenda y se vuelven pacatos. De un tiempo a esta parte, una vez que se nos ha esputado una supuesta gerontofobia en este ambiente de juvenofilia extendida, vamos descubriendo más obras con personajes provectos y sus diversas cuitas sexuales. Así en el cine, por ejemplo, Maspalomas es muy significativa. Más todavía si se trata de homosexualidad. En este proyecto, el creador Mohamed El Khatib ha reunido a personas mayores de entre 85 y 100 años para recapacitar sobre sus relaciones íntimas. 

El año pasado (y nuevamente este) Fernando Fernán Gómez «regresó» al teatro que lleva su nombre con