Guayominí

Laura Garmo presenta en el Matadero una comedia paródica sobre un cantante que fracasa en el Festival de Eurovisión

Foto de Geraldine Leloutre

Paradójico cuando menos es que el Matadero, antiguo centro de artes vivas y propuestas vanguardistas, acoja un espectáculo sobre los vericuetos de un juguete roto en el Festival de Eurovisión en el año en que nos hemos dado de baja por vergüenza torera, pues, como saben, participa Israel, país que no para de cometer atrocidades. Por eso mismo, también, llama la atención lo despolitizado que está Guayominí (‘Royaume-Uni’, Reino Unido, en francés), el texto de Laura Garmo (hasta ahora la habíamos conocido en sus labores de dirección como en Cumpleaños o El desconocido). La dramaturga nos presenta una obra de trama consabida, con personajes altamente estereotipados y sin trasfondo suficientemente trascendente como para alcanzar la denominación de drama social. Es decir, contamos con una comedia que se regodea en la parodia que se emplea frecuentemente en la televisión, con caricaturas típicas sobre celebridades (por ejemplo, Ángel Llàcer o Gloria Serra) y que busca el entretenimiento y la diversión por encima de todo. Ciertamente, el argumento daría para mucho más, pues en las últimas décadas en España hemos descubierto fehacientemente cómo descacharraban varios y varias candidatos a estrella. Fundamentalmente, aquellos concursantes de Operación Triunfo que nos terminaron vendiendo su intimidad; pero que, asimismo, nos permitieron acceder a conversaciones bastante sonrojantes. Recuerdo a Miguel Gallardo vendiéndole a David Bustamante un futuro estratosférico (el éxito llegó) a través de proyectos absolutamente patéticos como «No soy un Superman». Contemplamos a productores, mánagers y ejecutivos de discográficas engatusando a esos bisoños intérpretes recién salidos de sus pueblos y del estrellato de la verbena veraniega. La lista de aspirantes que fueron «defenestrados» por una sociedad cruel es extensa, y casi cualquiera de ellos nos puede valer para hacernos una idea de cómo es nuestro protagonista: Roi (acordémonos de Roi Méndez). Nos vendrá a la cabeza instantáneamente Manel Navarro y su «gallo». Aquí la pifia es sustituida por un silencio de 3 segundos al final de su actuación. Escena poco concluyente. Primero, porque, en realidad, nuestro actor no canta en toda la función el «temazo» compuesto por Luis Miguel Cobo («Todo por tu amor»). Extraño. Además, ¿hasta qué punto ese mutis habrá sido percibido? Poco importa, a la postre, ya que ante todo interesa que los fans se conviertan en haters, en una nueva demostración de que los artistas no son tomados como personas en sí, sino como objetos que están ahí para cumplir con nuestros deseos.

La trama tiene los episodios de ascenso, caída y redención tan habituales en todo tipo de biopics sobre cantantes. Demasiados clichés se aúnan en esta comedia. El malo malísimo, amanerado, como siempre ─con ese tufillo un poco homófobo que potencia el tópico de la «marica mala»─, lo encarna Selu Nieto con soltura sobresaliente, quien hace gracietas permanentes con el nombre del muchacho. El problema es que el rol no tiene evolución posible y no muestra los entresijos zafios de la industria.

O sea, estamos ante un montaje con todo el marchamo del teatro comercial. La amabilidad prima y el sustrato con moralina es su cometido. Omar Banana, quien destacó en Te estoy amando locamente, film que poseía algunas características estéticas y morales que pululan por esta puesta en escena ─aquella tenía más enjundia─, insiste en la inocencia, muy bien elaborada y con acoplamiento idóneo para retratar a todos esos chavales sin experiencia, sin mundo y, quizás, sin alma de artistas que se han quedado por el camino. Proviene, claro, de una familia humilde, y ya sabemos que ese «pedigrí», en ocasiones, ha surtido efecto, aunque sea para mantenerse un tiempo como Rosa de España. Para recrear esta atmósfera está Julia Rubio, que hace de hermana y, luego, de estilista, manifestando otra vez su desparpajo. Por su parte, Inma Cuevas encarnará a la madre con tono genuino. La actriz se quedará con el instante más sugestivo de todo el espectáculo. Ella sí cantará. Atreverse con «La fiesta terminó», el tema que interpretó Paloma San Basilio, una de nuestras grandes voces, en la edición de 1985, merece el aplauso que se lleva. Grandioso.

La otra arista que podría haber propiciado más juego es el personaje de Luigi Tenco, aquel cantante que se suicidó con 28 años después de fracasar en el Festival de San Remo en 1967. Su muerte se convirtió en un misterio repleto de teorías conspiratorias. Verdaderamente su inclusión resulta bastante enrevesada, y su bosquejo desde la parodia no acaba de funcionar como auspiciador o revolucionario que anhela una venganza contra el sistema. No obstante, Zack Gómez-Rolls imposta el acento italiano con soltura para configurar a un ser un tanto accesorio y estrafalario que poco se parece al solista italiano. También se meterá en la piel del amigo íntimo y amante de Roi para descubrirnos el típico relato del abandono de las raíces y el regreso con las orejas gachas.

El conjunto de la representación está remarcado por los éxitos eurovisivos con guiños constantes. Todo ello ambientado con una escenografía de aire vintage, con vinilos colgados por la pared. Alessio Meloni ha puesto su mirada en épocas donde el certamen provocaba gran atractivo general en la población, antes de que se transformara en una batalla de promotores musicales y de enredos políticos. El vestuario de Pier Paolo Álvaro es muy versátil, pues resulta moderno y glam.

Pablo Martínez Bravo dirige con gran sentido del ritmo una pieza que encajaría perfectamente en algún teatro privado que ansiara explotar un producto destinado al entretenimiento.

Guayominí

Dramaturgia: Laura Garmo

Dirección: Pablo Martínez Bravo

Elenco: Omar Banana, Inma Cuevas, Zack Gómez-Rolls, Selu Nieto y Julia Rubio

Diseño de iluminación: Beatriz Francos

Diseño de vestuario: Pier Paolo Álvaro

Diseño espacio escénico: Alessio Meloni

Composición música original: Luis Miguel Cobo

Videoescena: Arantxa Melero

Ayudante de dirección: Víctor Barahona

Dirección técnica: Amalia Portes

Dirección de producción: Emilia Yagüe

Producción ejecutiva y gerencia: Marina Camacho

Secretaría de producción: Carmen Quirós

Fotografía y diseño cartel: Geraldine Leloutre

Diseño dossier: Brazo estudio

Producción: NAVE 10 |Matadero con Emilia Yagüe Producciones

Distribución: Emilia Yagüe Producciones

Nave 10 Matadero (Madrid)

Hasta el 17 de mayo de 2026

Calificación: ⭐⭐

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