Teoría King Kong

El ensayo de Virginie Despentes discurre en una propuesta teatral falta de energía punk en el Teatro de La Abadía

Foto de Marta Caravaca

No se puede negar que este ensayo tan personal y sui géneris de Virginie Despentes ha logrado asentarse como un texto de referencia en todo lo que tiene que ver con el feminismo, la sexualidad contemporánea e, incluso, de cuestiones como la prostitución, el porno y la lucha de clases. Digamos que la autora reparte en todas las direcciones e incomoda a las distintas facciones de nuestras controversias presentes.

Hay una apuesta por la libertad individual, en sentido libertario, anarquista, fuera de la moralidad pacata y cristiana, y también de ese feminismo punitivo que ha ganado la partida en los últimos diez años aproximadamente en España y que ahora parece tambalearse en algunos de sus flancos. Es decir, ella misma se posiciona como punk y esto implica, habitualmente, una expresión lingüística soez, insolente y radical. Por eso resulta un tanto extraño en la adaptación que firma M. Àngels Cabré que ciertos términos no se potencien. El que más chirría, sin duda, es «Fóllame», alusivo a Baise-moi, novela que puso en órbita a la creadora en 1994 y que luego se convirtió en una película casi X. No entiendo cómo un título tan expresivo y provocador no se escucha en el montaje: en francés pierde fuerza para nuestros oídos, razón de más para mantener la traducción de Paul B. Preciado. A ello se le suma un tono menos potente de lo esperable para lanzar una diatriba de este calibre. No pensarán que por pegar unos cuantos martillazos en una lámina de pladur la energía se expande hacia la grada. Porque lamentablemente Maria Pau Pigem se muestra un poco errática en la función ─puede que la traslación al castellano le reste fluidez─. No obstante, sí que en diferentes momentos su apostura atrae y ofrece seguridad con su cuerpo. Después, en el epílogo, su entrega es definitiva; aunque creo que es demasiado tarde para que recojamos las ínfulas del libro. Quizás uno se imagina a la propia Despentes y aguarda el trasunto en las tablas o algo que se le acerque: «Todo lo que me gusta de mi vida, todo lo que me ha salvado, lo debo a mi virilidad». Brevemente lo hizo Carmen Machi cuando tomó la palabra de la ensayista francesa en Prostitución.

Por otro lado, pienso que la susodicha «teoría» debería formar parte de los fragmentos seleccionados, a saber, del capítulo «King Kong Girl», donde se compara la escritora con esa bestia del film de Peter Jackson estrenada en 2005. Insisto en que la propuesta estética no contribuye a la idea de destrucción, de contravenir los géneros antes de que llegara esta ola queer y trans, sino en la androginia que en los setenta y ochenta plantó a tías muy cañeras en la calle. Esa actitud tan descarada no acontece en escena y mucho menos para describir una violación, que sirve más para elaborar un discurso político que para autocompadecerse. La biografía de la firmante atraviesa toda la narración para revelar su testimonio, como una exploradora escapando de las convenciones de la conservadora sociedad gala, aquella que prohibió el porno en pantalla grande.

Aceptemos, asimismo, que estamos asistiendo a una arenga que coloca a las prostitutas ─la autora lo fue durante varios años─ como seres que pudieron alcanzar cierta independencia económica, o sea, una no dependencia de un hombre. No es que se romantice esa vida, pero las corrientes abolicionistas son mayoritarias dentro de amplios sectores feministas hoy en día. Por eso atender a esto puede molestar. Igual que hablar de acostarse con cientos de varones y defender su postura con satisfacción. Desde luego, resulta muy interesante el tema de la belleza y de la seducción. Ella misma se define en el grupo de «las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas,…». En una sociedad tan estetizada como la nuestra, en un aumento, además, enloquecido del narcisismo, plantear los modos de la realidad donde la excitación corre entre cuerpos y rostros nada atractivos pone sobre la mesa todo un mundo.  

De poco vale que se sitúe una pantalla en el fondo y que se emplee una cámara para buscar el detalle en su faz. La performance no termina de impactar más allá de las frases tan elocuentes que se quedan suspendidas en el aire: «No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos de los hombres, sino dinamitarlo todo».

Teoría King Kong

Texto original: Virginie Despentes

Dirección: Isis Martín

Interpretación: Maria Pau Pigem

Traducción: Paul B. Preciado

Adaptación: M. Àngels Cabré

Dramaturgista: Aleix Fauró

Escenografía: Paula Font y Paula González

Iluminación: Manoly Rubio García

Espacio sonoro: Uriel Ireland

Vestuario: Berta Riera

Ayudante de dirección: Laura Giberga y Ariadna Rossell

Diseño de vídeo: Mariana Echeverri

Coordinación de intimidad: Lola Clavo

Construcción de escenografía: Albert Ventura

Diseño de arte en prácticas: Berta Miró

Comunicación: La Virgueria

Producción ejecutiva: Anna Maruny y Júlia Simó

Coordinación de producción: Júlia Ribera

Producción: La Virgueria y Cassandra Proyectos Artísticos

Con el apoyo de Generalitat de Catalunya (ICEC) y las Becas Crea Barcelona 2023

Teatro de La Abadía (Madrid)

Hasta el 19 de abril de 2026

Calificación: ⭐⭐

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