Medea

Declan Donnellan nos invita a descubrir de pie esta tragedia en un espectáculo despojado de aderezos en los Teatros del Canal

Apenas hace unos meses presentaba Milo Rau Medea’s Children donde exponía la crueldad de un modo tajante. Era un paso más en ese recorrido que hemos ido apreciando estos últimos años, cuando el relato de esta mujer, ya fuera una hechicera o una sacerdotisa, ha regresado a los teatros. Quedan en nuestra memoria las actuaciones de Ana Belén o de Aitana Sánchez-Gijón (recogiendo a Séneca), visiones más oscuras y hasta salvajes. En definitiva, la perspectiva de Declan Donnellan, quien repite la misma fórmula que en aquel Edipo Rey de 2024 ─verdaderamente más impactante y ágil─, busca despojarla de todo atributo accesorio. Él quiere bosquejar una dramaturgia de la cercanía y la palabra. Y aunque se aleja de la negrura, su propuesta es muy distinta a la de Simon Stone, quien nos «fustigó» con una iluminación realmente potente.

En la Sala Verde, dispuesta para que nos situemos sobre el escenario, con la grada desaparecida, también la luz general nos muestra la tragedia en contacto total. No hay posibilidad de truco, de escondrijo. Tan solo un escueto altar en el que Radina Kardzhilova, vestida con un traje blanco, va perfilando su carácter a partir del deshonor. La ira evoluciona en su interior y nadie a su alrededor consigue aplacarla. La actriz se mete profundamente en el papel y vibra a la intemperie que configuran todos esos espectadores contemplándola. Su soledad ahí en el centro exige una templanza extraordinaria. Logra matizar su agresividad para ofrecérnosla con altas dosis de lógica. Ella entiende que son los demás quienes la han empujado a esa tesitura.

Inicialmente, su esposo baila con ella. Velislav Pavlov cuenta con un aspecto auténticamente propicio para ofrecernos un Jasón contemporáneo. Observarlo adentrarse en el espacio desde fuera, caminando sobre la tarima con fuerza, produce temor. La furia en su voz resulta idónea. La pareja destila pasión y belleza cinematográfica. Ambos se lanzan acusaciones terribles, propias de seres de gran autoestima y perniciosa egolatría. ¿Quién ayudó más al otro? Como sabemos, en sus ansias por medrar, ha arribado a Corinto donde se ha casado con la hija de Creonte. Este es interpretado por Valentin Ganev, un trajeado tipo, que irrumpe velozmente para dejar el rastro de su poder.

Uno de los pocos momentos en los que Donnellan concede en su dirección un mayor dinamismo es prácticamente al principio, cuando el coro ─diferentes actrices que van colándose entre nosotros─ anima a otras mujeres del público a sumarse a ellas. Es la manera, incluso, de concretar ese apoyo a esa injuriada.  Pero lo cierto es que el espectáculo se reduce en exceso a las declamaciones de los pocos personajes que participan. Sí que los hijos aparecen para jugar a la pelota con su instructor. Y luego, cuando llegue Egeo, rey de Atenas, a prestarle una sibilina confianza a nuestra heroína, todavía hallaremos un diálogo más pausado y seductor. Debemos sumarle a ello que estamos hablando de una compañía búlgara que se expresa en su idioma y, por lo tanto, no nos queda más remedio que leer los sobretítulos.

Resulta cautivador cómo traza su plan nuestra protagonista, cómo expone su idea de envenenar a la princesa y a sus descendientes. No obstante, la fidelidad al texto euripídeo nos hurta la presencia de tanta muerte. Así ocurrirá con los propios vástagos de esta desdichada, quienes acompañarán a su madre en un epílogo, donde el iluminador Ilya Pashnin busca unos tonos más poéticos y hasta celestiales.

En tan solo una hora se cumple la tragedia. El efecto sorpresivo que provocó el anterior proyecto con esta disposición queda atenuado. La narración de los acontecimientos clave tampoco nos destina a una posible catarsis. Tanta sencillez no es suficiente para concitar los ánimos pertinentes.

Medea

Director: Declan Donnellan

Diseñador: Nick Ormerod

Elenco: Radina Kardzhilova, Velislav Pavlov, Valentin Ganev, Asen Dankov, Yavor Valkanov, Stelian Radev, Vyara Tabakova, Radena Valkanova, Joreta Nikolova, Stafania Koleva, Elena Ivanova, Nadya Keranova, Ana Papadopolu y los niños Nikola Sarzhev y Petar Sardzhev

Traducción de griego a inglés: Lucinda Dawkins

Traducción de griego a búlgaro: Dorothea Tabakova

Consultora de dramaturgia: Mira Todorova

Director de movimientos: Rosen Mihailov

Compositor: Julian Stoichkov

Diseñador de iluminación: Ilya Pashnin

Asistente del director: Rafael Bizev

Segundos asistentes del director: Elena Kostova, Meglena Dimitrova

Cheek by Jowl producer: Anya Kolesnikova

Teatros del Canal (Madrid)

Hasta el 3 de mayo de 2026

Calificación: ⭐⭐

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