La noche del Sr. Smith

Un drama sobre la inmortalidad y la memoria representada a través de una fábula futurista

Ante todo es innegable que la Compañía del Sr. Smith posee un estilo que es reconocible, como pudimos observar con su anterior trabajo La piel del lagarto, y que se caracteriza por una inclinación a lo fabulístico, al desarrollo imaginario de otros mundos posibles, cierto infantilismo que termina por ser naíf y un humor juguetón sobre la crítica de nuestras costumbres. La noche del Sr. Smith nos sumerge en la mente quebrada de un enfermo de Alzheimer que, desde el hospital, lucha contra la tergiversación de sus recuerdos. Esa paradoja por la cual estos pacientes «se convierten» en niños, ancianos que regresan a la infancia, a sus primeras experiencias —seguramente reconfiguradas por nuestro engañoso cerebro— encaja perfectamente con el tono un tanto sensible y aniñado con el que procede el resto del elenco. Sigue leyendo

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Troyanas

Carme Portaceli presenta la versión de Alberto Conejero sobre el clásico de Eurípides con una mirada a las guerras actuales

Foto de Sergio Parra

Desde luego, no es fácil conseguir que una obra como Las troyanas de Eurípides resulte atractiva. Apenas se puede considerar una tragedia, y más tendríamos que tomarla como un largo epílogo de un extenso ciclo (perdido). Digamos que Alberto Conejero ha utilizado procedimientos similares a los que empleó el dramaturgo griego. Si aquel interpretó su época, inyectada de racionalismo, en aquel siglo V de Pericles, para construir textos que se han llegado a denominar «aburguesados» y que tomaban como base tanto la sofística como la retórica; nuestro versionador, mutatis mutandis, ha hecho lo propio. Auspiciado por una corriente del feminismo que la directora Carme Portaceli abraza gustosamente y que expone en el programa de mano: «Hoy seguimos viendo cómo las mujeres son seres de segunda categoría a las que no importa excesivamente lo que les suceda: después de cada guerra, e incluso durante la guerra y sin guerra, a las mujeres se las viola reiteradamente, se les falta al respeto, se les maltrata sin ningún respeto (sic), sin ni siquiera temor a las leyes que prohíben la violencia… No pasa nada, sus problemas, sus sufrimientos siempre quedan en la cola, siempre hay problemas más importantes: los niños, el hambre, los refugiados…». Sigue leyendo

La noche justo antes de los bosques

El monólogo de Koltès sobre la vivencia desgarradora de un extranjero vagando por las calles de París

Ni es posible el vagabundeo, ni vivir como un eremita, la calle te deglute para devolverte como un pordiosero. Los últimos setenta avisaban de la hecatombe y París, como Madrid, o cualquier otra capital dejaban fríos los adoquines hasta que no quedaba más remedio que apoyar el culo. Escuchar a este Koltès es imaginarse La Movida, un portal de Malasaña, el caballo en las venas, mientras la fiesta sigue en el amanecer. O es la asfixia actual de las grandes urbes cuando el desfase saturnal de dance, drogas e incipiente resaca no suponen la más mínima catarsis para vidas arrojadas a un ocio incólume y en absoluto resolutivo; apenas anestesia que te disuada momentáneamente de la perpetua desilusión. La noche justo antes de los bosques destila un desgarro existencial que perfectamente se puede asimilar con el roto que llevan encima muchos jóvenes que han vuelto a sufrir, en nuestros días, el desencanto político. O acaso no se encuentra en el texto de Koltès esa acidia post Mayo del 68, como en muchos treintañeros inmersos en el precariado después del 15M. Sigue leyendo

La visita

Carmen Resino realiza un juego de realidad-ficción sobre el viaje exprés de Hitler a París en 1940

Foto de Víctor Frutos

Cuando se discute acerca de las diferentes éticas que recorren la historia de la filosofía, no es extraño intentar cercenar la propuesta kantiana con dilemas morales basados en hipótesis como: «De acuerdo, matar está mal; pero si pudieras viajar en el tiempo y tuvieras la oportunidad de matar a Hitler mucho antes de que subiera al poder, ¿lo asesinarías?». Carmen Resino también elucubra con un contrafáctico, cuando nos mete en la piel de aquel guía que mostró La Ópera de París a Hitler, a los arquitectos Hermann Giesler y Albert Speer, y al escultor Arno Breker el 28 de junio de 1940 tras la rendición francesa. Se apoya en un hecho real, documentado, para construir un personaje que fantasea con esa posibilidad perdida de asesinar a ese individuo que ha usurpado su patria. Hasta qué punto su inacción lo convierte no solo en un cobarde, sino en alguien que no ha sabido estar a la altura de las circunstancias, casi un traidor a sus propias ideas. Sigue leyendo

Espía a una mujer que se mata

Daniel Veronese plantea un Tío Vania propulsado por un elenco que lleva a límite su asfixia existencial

Foto de marcosGpunto

Quizás, cuando uno se adentra en el tedio, aceptando que Chejov es así, con su brillantez, pero también con su plomizo proceder, echa en falta algo más de ímpetu, del nerviosismo con el que hoy en día nos comunicamos. Pues Veronese nos lo concede y lleva a su máxima esencia esta obra hiperrepresentada (la temporada anterior el Vania, de Carles Alfaro). Si todo se redujera a la trama, a la observación de los deseos de cada uno y de cómo las piezas deben encajar, terminaría por ser un culebrón. Muy a la contra, es una oda nihilista que deja entrever fatuamente una esperanza existencial en la búsqueda de la belleza; ya sea en el arte o en la naturaleza o en las mujeres. Ahí tenemos, por ejemplo, la reiterada frase de Ostrovksy acerca de la lucha por liberar a «la belleza». La autoparodia irónica que el dramaturgo argentino pone en la boda de Serebriakov nada más empezar es toda una declaración de intenciones sobre su propuesta estética: «No querida, no… Empieza la función, y en un cuarto de tres paredes sucias, desangeladas, iluminado por una luz fría y artificial, ves a esos grandes talentos, a esos nuevos sacerdotes del arte sagrado, representando a la gente comiendo, hablando… Siempre los mismos, se repiten actores, no usan vestuario, los mismos decorados siempre… Y se creen que están haciendo un servicio a la humanidad». Sigue leyendo

Mendoza

Los colochos acercan Macbeth a Méjico en un montaje que involucra al público en esta historia sobre la ambición de poder

Resulta del todo conveniente trasladar la ambición de poder, el mundo mágico y la conciencia torturada que encontramos en el Macbeth de Shakespeare al territorio mejicano. Raramente el espectador español puede situarse en la revolución de 1910, más bien observa la atmósfera de los narcos que hoy pueblan series y películas que nos llegan de allá. Ese ambiente que, por ejemplo, descubrimos en la sátira de Luis Estrada, El infierno (2010). Aquí somos concitados a una especie de corro para asistir a una pelea de gallos. Los colochos lo han organizado todo escenográficamente de tal manera que la sencillez material es sustituida por un movimiento grupal sorpresivo, como si nos viéramos en el bosque acechados por guerrillas. Somos envueltos por la tensión, por el pavor de todos esos personajes que viven en la sospecha. Aquí no hay, evidentemente, tres brujas, sino una chamana que porta una gallina canosa. Mónica del Carmen se esconde bajo una máscara para invocar a las fuerzas invisibles en un apóstrofe sacrificial y esotérico. Sigue leyendo

Bodas de sangre

Pablo Messiez acerca este clásico al presente para ofrecer una perspectiva más sensual y luminosa

Foto de marcosGpunto

Si las tragedias de Lorca tuvieron en su momento validez literaria y contemporánea, fue porque el poeta granadino supo traer a sus textos historias auténticas —como habían hecho Lope o Calderón—, que recordaban aquellas pulsiones de los hombres que aún conciben la justicia y el honor como valores que deben obtenerse en la lucha inmediata, salvaje, sin la mediación de estructuras políticas propias de la civilización. Acercar Bodas de sangre al presente posee unas complejidades conceptuales enormes. ¿Quién se mata hoy a navajazos porque te roban la novia en el altar? Desde luego, no los personajes que nos encontramos en escena, que ya no pueden ser individuos que viven en cuevas, que pertenecen a la España profunda, a la Andalucía anclada en un pasado tan remoto como primitivo. Hacer que en la actualidad esos tipos puedan llegar a tal determinación, implica llevarlos a un punto de excepcionalidad que sí que contiene este drama, y que sí que resulta aceptable a nuestros ojos. Es decir, la inquina familiar, el odio macerado durante los años y la excusa perfecta para que la rabia se libere sin remisión El teatro lírico de nuestro malogrado dramaturgo eleva a sus personajes a la categoría de arquetipos. Sigue leyendo

Circo de pulgas

La compañía Matarile presenta su nueva obra, un posdrama sobre los raros, los monstruos y los marginados

El tiempo pasa y aún seguimos con lo nuevo, con lo contemporáneo, y con lo moderno. Con la disyuntiva entre lo performativo y el texto. Pero a esto que llamamos posdrama habrá que ponerlo en su sitio de una vez, porque la fórmula está completamente desgastada o, más bien, la han desgastado la publicidad, Youtube, los memes y todas esas combinaciones de dadaístas que tanto nos entretienen mientras nos roban la cartera. El mundo es posdramático y los de Matarile pretenden seguir con esa estética encerrados en un teatro. Dura competencia. El problema, si somos lo suficientemente exigentes, es que esta forma de expresión escénica que se viene abalanzando hacia nosotros desde finales de los sesenta, en la onda del posmodernismo francés vive anquilosada en un esquema redundante. Y el esquema se viene esbozando desde las vanguardias históricas y en el ámbito español con La deshumanización del arte, de Ortega. Sigue leyendo

El rufián dichoso

Recuperación de esta comedia cervantina sobre la vida del mártir fray Cristóbal de la Cruz

No es lugar para recordar aquí lo mal que le fue a Cervantes en vida como dramaturgo; aunque, como viene ocurriendo en los últimos tiempos, no paran de representarse obras suyas; ya sea la Numancia, algunos Entremeses o Pedro de Urdemalas. Al igual que esta última, El rufián dichoso —por lo visto, sin estreno previo a este conocido— se encuentra entre aquellas «ocho comedias nunca representadas» de su segunda época. En esta compagina el tema pícaro —en la órbita de Rinconete y Cortadillo—, con el hagiográfico. Mucho se empeñó el literato en buscar una vida de santo lo suficientemente atestiguada para lograr el máximo de verosimilitud. Para ello tomó la historia de Cristóbal de Lugo, un pendenciero sevillano que, tras repentina conversión, se marchó a Méjico para vivir como fray Cristóbal de la Cruz, donde realizaría varios milagros. Sinceramente, lo más interesante radica en el primer acto. Sigue leyendo