Contes et légendes

Joël Pommerat sube unos «robots» a escena para interactuar con unos adolescentes en un espectáculo compuesto por varias piezas de carácter ejemplar

Contes et légendes - Foto de  Pablo Lorente
Foto de Pablo Lorente

Ya casi están aquí, a la vuelta de la esquina, o eso anuncian los japoneses. Los robots forman parte de nuestro imaginario desde que el cine ha propiciado su presencia en múltiples películas; pero el teatro no ha sido tan acogedor (de los pocos ejemplos que tenemos en la dramaturgia española puedo destacar Metálica, de Íñigo Guardamino). Me parece un tema interesantísimo que debería traerse más a colación, sobre todo antes de que llegue la avalancha de los cachivaches y volvamos a cuestionarnos nuestra naturaleza y nuestra posición en el mundo; cuando el eje de coordenadas antropocentrista vuelva a dislocarse. Sigue leyendo

Las suplicantes

La dramaturga Silvia Zarco ha pretendido unir las obras homónimas de Esquilo y de Eurípides en un texto que dialoga en exceso con el presente

Las suplicantes - FotoCada vez es más propio de nuestro tiempo venderles a los espectadores de teatro (y de cine, y de televisión y de lo que convenga política y publicitariamente) que en nuestra querida Grecia antigua ya se estilaba el feminismo o que sus valores democráticos, mutatis mutandis, son como los nuestros, o que, incluso, podríamos hablar de derechos humanos ya desde aquellas. Poco parece importar cómo se mezclan épocas (las de aquellas me refiero), religiones, filosofías, guerras y economías. Por eso es muy necesario simplificar los posibles contextos históricos (aunque estén vertebrados por el mito y la leyenda), para que el motivo más injusto nos lleve a la clara resolución de que la historia guarda ejemplos manifiestos de lo que ahora es una evidencia. Sigue leyendo

Cucaracha con paisaje de fondo

Javier Ballesteros escribe y dirige una obra repleta de ironía y de verso sobre el deseo de ser madre, dentro del ciclo Sala Joven del Teatro Quique San Francisco

Cucaracha con paisaje de fondo - FotoAunque la ambientación que se pretende nos deba aproximar a las termas romanas destinadas en exclusiva para mujeres o a los actuales spas que se reparten por Europa, la flauta que toca Isabel Arranz nos traslada imaginariamente al sonido del shakuhachi tan propio de algunas películas japonesas de la época dorada. También, por momentos, posee ese aire taciturno de Yasujiro Ozu. No obstante, la ironía vuelve a ser preponderante; porque los dramaturgos de nuestro tiempo parecen incapaces de acometer los temas directamente y precisan esa salvaguarda humorística para que el respetable se ablande, y no resople ante lo sentencioso. Aquí la comicidad es brillante y se enhebra en verso desde el principio hasta el final, lo que implica un humor negro eficaz. Por lo tanto, nos podemos divertir mientras se exponen los temas trascendentales como la autoexigencia de ser madre. Sigue leyendo

Hipatia de Alejandría

La versión sobre la filósofa neoplatónica que se presentó en Mérida queda bastante deslucida en el Teatro Reina Victoria

hipatia-de-alejandriaUno acude con los ecos de lo que fue este espectáculo en el Teatro Romano de Mérida y siente que se nos entrega una versión low cost. Está claro que el marco incomparable no se puede trasladar; pero hay que hacerse cargo de ello para que distintos aspectos dramatúrgicos no se vean tan menoscabados. Primeramente, contamos con una caja escénica en el Reina Victoria algo escueta como para ocuparla por una coherente escalinata circular que debe jugar simbólicamente con las órbitas planetarias. Se nota que el sitio queda constreñido cuando aparece un coro de tres seres de aspecto mitológico con casquetes algo carnavalescos que nos introducen en esa aproximación astrológica comandada por los dioses. Sigue leyendo

El pato salvaje

Una adaptación del texto de Ibsen que se sobreexplica y se suaviza para embarcarnos en un espectáculo más melancólico que trágico

El pato salvaje - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

Modernizar un clásico próximo en el tiempo conlleva el riesgo inequívoco de no poder innovar demasiado; porque, de alguna manera, algunos modos siguen vigentes y las posibles sustituciones resultan ineficaces. En el drama que nos compete, me atrevería a aseverar que Pablo Rosal ha caído no ya en los vicios de la posmodernidad, sino en la depresión que parece atenazarnos en la actualidad. Todas las expresiones de fortaleza que Ibsen impone —ante todo clasistas—, y todos esos sentimientos de melancolía y hasta vesania en los perdedores, quedan suavizamos por pasiones algo mediocres. El noruego, al igual que Chéjov, trabajaba con un tamiz elidido que iba puliendo las asperezas hasta que brotaba la esencia y se producía la catarsis. No sabemos qué ocurre, primeramente, porque las cartas ya se han repartido y no entendemos del todo el juego que está en liza. Sigue leyendo

Eclipse total

Pont Flotant plantean un curioso acercamiento a la muerte a través de sus genealogías personales en una propuesta demasiado superficial

Eclipse total - FotoSi el principio de la filosofía tiene que ver con maravillarse con todo aquello que tienes delante y que te resulta incomprensible los que viene después es una hecatombe epistemológica. Nos sentamos en la butaca y podemos hallarnos como los niños o los preadolescentes conversando entre ellos o con adultos y sorprendiéndose con su propia existencia, o con el tamaño de nuestro planeta o con el insondable universo. La extrañeza que uno puede sentir es desconcertante en grado supino; pero, luego, está la vida con su flujo temporal (y su memoria rehaciéndose y rehaciéndote) y el espacio que hay que ocupar con todos sus principios físicos inasibles. Si la obra Eclipse total se les muestra a muchachos avispados, puede que dijeran: «¡Vaya, venimos de muy lejos!». O, «al final todo se irá a la mierda». Aunque si los espectadores están creciditos, confío en que ya se habrán hecho cargo de la compleja idea de estar vivo en los avatares de este catastrófico azar. No obstante, hay que vivir. Sigue leyendo

Richard III Redux

La encantadora actriz Sara Beer cumplimenta otro montaje más de autoficción y metateatro sobre el célebre personaje shakesperiano

Richard III Redux - FotoEl problema es la dinámica de las dramaturgias contemporáneas. Tanta metaficción, tanta autoficción, tanta ironía posmoderna, tanto Shakespeare y tanto Lorca, que si usted va mucho a los teatros me entenderá. No es que no haya nada nuevo bajo el sol de York, es que se insiste mucho en lo mismo y se repite hasta la saciedad lo que debe pasar constantemente por moderno. Por lo tanto, el contexto no le viene nada bien a Sara Beer, que es una actriz magnífica, con una dicción fenomenal y con una expresividad genuina que logra atraparnos encantadoramente. Si no hubiéramos acudido hace un año (esta misma obra se suspendió durante la pandemia) a Historia de un jabalí o algo de Ricardo que es, mutatis mutandis, un dispositivo que bebe de aspectos muy similares a los que se estipulan en Richard III Redux, nuestra mirada no estaría tan contaminada. Sigue leyendo

Atra bilis

Alberto Velasco pone en marcha esta comedia tenebrosa de Laila Ripoll para configurar un cuadro grotesco que roza la astracanada

Atra bilis - FotoEsta obra de Laila Ripoll data del año 2000 y ella misma, con su compañía Micomicón, la puso en marcha empleando a cuatro actores travestidos en la Sala Cuarta Pared. Luego, creo, tuvo una producción gallega allá por el 2009, y ahora Alberto Velasco ha decidido montarla de nuevo, porque debe considerar que es el momento de la disuasión. Puesto que Atra bilis, ya saben, la melancolía, el humor negro, tal y como lo denominaban en la antigüedad (también así se llama la compañía de Angélica Liddell) podría enmarcarse en la astracanada, más que en el esperpento. Sería tomar la literatura gótica y su ambientación como un cajón de sastre donde se juguetea con autores y con obras que fácilmente podremos intuir. Sigue leyendo

Los hijos de cualquiera

Producciones Bernardas muestra en la Sala Cuarta Pared la lucha de aquellas madres gallegas de los 80 contra el narcotráfico

Los hijos de cualquiera - FotoCualquiera que haya vivido en los ochenta entiende lo que supuso la heroína para la juventud de aquellos tiempos. Las calles, los parques, los portales y otros recovecos se llenaron de zombis pedigüeños, de jeringuillas, de limones, de papel de plata y otros adminículos. Los radiocasetes de los coches volaban, los bolsos de las señoras se arrancaban y las familias quedaban literalmente destruidas en la consunción del consumo. Esos muchachos (también muchachas, aunque menos) fueron aquellos yonkis, que era como se les llamaba, antes de que definitivamente se les considerara enfermos y víctimas, y pasaran a denominarse drogodependientes. En los últimos tiempos, gracias a Fariña (el libro, la serie y la obra teatral) hemos vuelto a recordar cómo se introdujo el caballo a través de Galicia a finales de los setenta. No obstante, muchos tendrán presente la película Heroína (2005), protagonizada por Adriana Ozores, en la que se reflejaba la entereza de aquellas madres gallegas que se unieron para luchar por la salud y la integridad de sus hijos, enfrentándose a los propios narcotraficantes. Y esto es lo que de nuevo regresa a las tablas con Los hijos de cualquiera. Sigue leyendo