Medida por medida

Una propuesta shakesperiana sobre la hipocresía y la lujuria que pretende combinar lo dramático con lo cómico

Foto de Miguel Sarti

Salir bien parado de esta tragicomedia, de este drama azuzado por un soez polvo bufonesco, es imposible; puesto que la ambigüedad en el planteamiento y en el tono nos deja estupefactos. Las cuestiones son tan serias que tomarla por comedia únicamente porque termina con varias bodas; sería demasiado torticero. Además de que se resuelve con una intemperancia que solamente a Shakespeare es a quien habría que pedirle cuentas. Sigue leyendo

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La estancia

Un encuentro brillante entre dos dramaturgos, Shakespeare y Marlowe, para especular sobre su verdadera identidad

La importancia que tiene la figura de William Shakespeare para el mundo anglosajón no solo radica en su valor literario; sino, también, en su influencia política. La cultura con mayúsculas siempre ha sido esgrimida por las naciones como producto genuino y excelso de su poder en el mundo. Por lo tanto, defender al Bardo ha implicado soslayar multitud de teorías ―algunas de ellas más que verosímiles―; con el fin de tener un embajador universal que superase, sin ir más lejos, a Cervantes. Sigue leyendo

El patio

Teatro Corsario se enfrasca en una tragicomedia que nos sitúa ante unos individuos en proceso de deshumanización

Hace un par de años pudimos contemplar de qué modo Spiro Scimone (autor italiano nacido en 1964) ausculta la realidad con La fiesta, un texto escrito en 1999. Su siguiente obra fue, precisamente, esta que acometen los de Teatro Corsario, El patio (El cortile), de 2003. En gran medida, si no se puede establecer una continuidad argumental, pues son historias bien distintas, sí que se puede reconocer una estética y, sobre todo, una ética, caracterizada por la melancolía y por un nihilismo que apenas deja una brizna para la esperanza (¿esperar, qué?). La impresión que me llevo me remite de nuevo a la primera, parecen ―también por su brevedad―, piezas de un todo, de una mirada sobre el mundo contemporáneo, una aproximación a la grieta de esos muros que nos separan de gente que vive en los márgenes, ya sociales o ya sicológicos. Al hundimiento se puede llegar por muchos caminos; pero nos remiten esencialmente a los mismos fundamentos. Sigue leyendo

La fierecilla domada

Una versión sobre la comedia shakesperiana que torna en un descabalado espectáculo sobre violencia machista

Cualquier excusa es buena para soltarte el discursito y desbarrar a gusto. Shakespeare les dura media hora y lo demás viene a ser una colección de performances con más o menos sentido simbólico y con más o menos efectividad dramatúrgica. Lo que nos hacen ver los de La Dalia Negra, es que ellos se han instalado en la Nave 73 a llamar la atención. Qué daño ha hecho Almodóvar, Rodrigo García y hasta Declan Donnellan. La lectura que aquí se hace de La fierecilla domada es tan torticera que uno muchas veces piensa que es mejor hacer borrón y cuenta nueva, y dejar en el olvido todas y cada una de las obras que no cumplan estrictamente con los dogmas del esquema sobre lo políticamente correcto que hoy impera (y encima promovido por gente tan joven). ¿Qué pasa cuando habitualmente se lleva a las tablas esta comedia del dramaturgo inglés? Pues que se interpreta como farsa, que se observa a dos protagonistas bien broncos y extremos, abrazándose para conformar un matrimonio sui géneris, tan tóxico como bien avenido (la maravilla que presentaron los Propeller en los Teatros del Canal en 2013 ―representada toda por hombres―, es una referencia ineludible). Sigue leyendo

La fiesta del viejo

Una adaptación de El rey Lear en la realidad argentina, interpretada con vigor en un trabajo coral extraordinario

Solamente por imbuirse en el tremendo quilombo que montan en el primer acto estos tipos de Teatro Polonia llegados desde Argentina, ya merece la pena La fiesta del viejo; una adaptación de El rey Lear que reduce la acción a una hora y media de intensidad caótica. Y es que el acontecimiento está en marcha como si fuera la vida misma, una tarde de celebración como en otras ocasiones allí en el club polaco. Aunque los postres nos depararán una sorpresa que se hacía esperar. El señor Lear, enfermo de Alzheimer, atisbando la desconexión con el mundo, autoproclamándose rey y recobrando por instantes la furia de un engreído rencoroso, ha decidido dar en herencia todas y cada una de sus posesiones a sus tres hijas. Abian Vainstein se sitúa en el centro de la acción con energía inconmensurable, desplegando giros de carácter que lo llevan de la caricia al alzamiento de los puños, del susurro cuidadoso al grito furibundo. Sigue leyendo

Error 404

En la Sala Intemperie se representa este thriller distópico con un esperanzador sustrato musical

No queda más remedio que atreverse aun a riesgo de que el resultado no sea óptimo. Son muchas las compañías que empiezan, muchas también las salas que se reparten por Madrid y por otros lugares; pero el público es escaso. Me concentraré en la joven Alba Celma, porque es en ella donde radica el grueso de la responsabilidad. Primero como directora, después como firmante de la dramaturgia ―junto a Alexandru Stanciu― y, finalmente, como actriz protagonista. Partimos de la idea original de Alberto Valera, un argumento que recoge gran parte de los tópicos propios de las distopías más populares, llámese 1984 (de la que hace poco hemos conocido una versión), La isla, la novela (y la adaptación fílmica) de Nunca me abandones, o, sin ir más lejos, Dis7opía, que se representó en esta misma sala (aunque las derivas de esta son más futuristas). Por tomar unos ejemplos cercanos en nuestra cultura popular. Nos situamos en la capital de un país tomado por un dictador y por sus ministros comprometidos. Sigue leyendo

El año que mi corazón se rompió

Una comedia irreverente con un gran trasfondo crítico sobre los homosexuales de los años 80

Es fácil estar cansado de que el tema «homosexual» en las obras artísticas sea, en la mayoría de los casos, la revelación del secreto y el consiguiente conflicto social y familiar que supone dentro de una sociedad que no acepta con comodidad tal hecho. Si nos fijamos en el cine de este cariz, ciertamente, existen películas que indagan ya en otras cuestiones de interés humano; aunque las cintas que resultan más populares parece que le están comunicando a la gran parte del público que el trance por el que deben pasar, siempre ha sido angustioso (no lo pongo en duda). Lo que plantea Iñigo Guardamino es volver sobre esa bomba nuclear que estalla en el centro de las familias que deben «lidiar» con un acontecimiento del todo imprevisto («esto siempre le pasa a otra gente»); pero lo ha llevado a cabo con su estilo particular (muy genuino dentro del panorama teatral): el sarcasmo desorbitante, el humor negro (negrísimo, a veces) y esa forma de sinceridad hiriente e «inapropiada» que nos saca permanentemente de contexto (o todo lo contrario) y que nos lleva a la carcajada estentórea. Sigue leyendo

La vida a palos

Imanol Arias regresa a los escenarios con una propuesta que no encuentra el equilibrio entre el drama y el cante flamenco

Foto de Irene Meritxell

Para hacernos una idea de lo que es La vida a palos en el escenario hemos de rebajar cualquier expectativa coherente con el universo del personaje al que se remite, es decir, el alter ego de Pedro Atienza (escritor y radiofonista). De cómo los entresijos puros del flamenco, de la marginalidad gitana, del pasado triste de España y la trena, de una supuesta picaresca que debiera estar; pero que no transcurre, de la carencia de pellizco, de soplo, de quejío, de duende, al fin y al cabo. Decadentismo de los nocherniegos, de los tablaos y de una melancolía que debería atenazarnos desde el primer verso. Se ha pretendido dar un aire «moderno» a un montaje que osa aunar elementos que funcionan como ganchos, a priori, incuestionables, para atraer a mucho público de aquí y de allá. Por un lado, las interpretaciones musicales y, por otro, la presencia de Imanol Arias. Sigue leyendo

Dados

Una pieza sobre transexualidad en un adolescente que plasma enérgicamente los conflictos internos y externos

Destinar una obra al público adolescente, principalmente, es, de por sí, una cuestión compleja en la actualidad ―las situaciones conflictivas han aumentado tanto como el caos en nuestra sociedad―; más lo es si se trata el tema de la transexualidad. El principal mérito de su autor, Jose Padilla, es que su didactismo no sea sesgado e impositivo. El texto dispone un planteamiento, un lapso en un transcurso, más que una historia con una conclusión definitiva. Es, sobre todo, un «ocurre esto», es algo duro de asumir, «¿qué puedo hacer?». A este distanciamiento también hay que agradecerle que no se trasladen las disputas desorbitantes del movimiento trans; puesto que el asunto está llegando a unas cotas de disensión tanto interna como externa en algunos países (véase Canadá o Estados Unidos con el uso de los pronombres o la lista de identidades de género; van ya por 37 en algunos estados). Es adecuado simplificar y diseñar una base, para lograr una mayor comprensión ―sobre todo si los destinatarios son una chavalería que se siente por naturaleza temerosa ante lo extraño o lo diferente― y reconocer que algunas personas están sufriendo o se sienten angustiadas por una serie de circunstancias que están relacionadas con su cuerpo (en un sentido extenso de la sexualidad y la conciencia de ser). Sigue leyendo