La performance de María Velasco en Cuarta Pared nos destina a una rave durante la pandemia de 2020

La prolífica carrera de María Velasco continúa, a pesar de que en este montaje pienso que ha bajado mucho el listón en los diferentes elementos artísticos que ella suele conjugar. La pasada temporada triunfó con Vendrán los alienígenas y tendrán tus ojos, donde sí se podían descubrir algunos valiosos hallazgos que superaban al díptico anterior compuesto por Harakiri y Primera sangre. Volvíamos, de algún modo, a Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra de 2022 que se representó aquí en Cuarta Pared. Pero ahora, con la potente estela de Sirat sobrevolando la propuesta, creo que no asistimos a una performance sugerente, ya que muestra carencias en la cohesión y caídas de ritmo brutales. Paradójicamente, al contrario de lo que ocurre en el film de Óliver Laxe, la música no tiene el protagonismo que debiera para que nosotros como espectadores pudiéramos penetrar en las vivencias de estos raveros, encerrados en su danza durante la cuarentena de la pandemia del covid. Sigue leyendo
El tiempo pasa, ya estamos en 2026, pero resulta que la guerra civil fue ayer, aunque en breve estaremos con los fastos del centenario. María Galiana, la veterana de la interpretación, cumplirá 91 años dentro de poco. Todavía parece que la primeriza Elisabeth Larena encuentra la posibilidad de hallar un personaje que haya sido el paradigma de una mujer de la Sección Femenina. De hecho, así se presenta delante de nosotros, en un prólogo que nos pone sobre aviso, es decir, tal y como no debe hacerse. Y es que esta obra incumple una de las máximas fundamentales de todo arte visual, como el cine o el teatro: la explicación. Explicar lo que debe representarse o vivificar es un desprecio para el público mínimamente cultivado. Aquí ocurre constantemente, hasta el punto de crear un aparte para ilustrarnos sobre qué es la susodicha Sección, creada por Pilar Primo de Rivera en 1934. Nuestra protagonista también se llama Pilar y está muerta. 

Apenas hace unos meses presentaba Milo Rau 

Desde luego, si el espacio Salón de los Balcones – Andrea D’Odorico ha de ocuparse de piezas que no alcancen la hora de duración (deseable sería propiciar el doblete con las otras salas del Teatro Español), esta obra de August Strindberg, dramaturgo sueco que dialoga con su compatriota Ingmar Bergman (