Elisabeth Larena ha escrito y dirigido una primera obra teatral repleta de inconsistencias estructurales para retratar todo tipo de herencias familiares
El tiempo pasa, ya estamos en 2026, pero resulta que la guerra civil fue ayer, aunque en breve estaremos con los fastos del centenario. María Galiana, la veterana de la interpretación, cumplirá 91 años dentro de poco. Todavía parece que la primeriza Elisabeth Larena encuentra la posibilidad de hallar un personaje que haya sido el paradigma de una mujer de la Sección Femenina. De hecho, así se presenta delante de nosotros, en un prólogo que nos pone sobre aviso, es decir, tal y como no debe hacerse. Y es que esta obra incumple una de las máximas fundamentales de todo arte visual, como el cine o el teatro: la explicación. Explicar lo que debe representarse o vivificar es un desprecio para el público mínimamente cultivado. Aquí ocurre constantemente, hasta el punto de crear un aparte para ilustrarnos sobre qué es la susodicha Sección, creada por Pilar Primo de Rivera en 1934. Nuestra protagonista también se llama Pilar y está muerta. Sigue leyendo


Apenas hace unos meses presentaba Milo Rau 

Desde luego, si el espacio Salón de los Balcones – Andrea D’Odorico ha de ocuparse de piezas que no alcancen la hora de duración (deseable sería propiciar el doblete con las otras salas del Teatro Español), esta obra de August Strindberg, dramaturgo sueco que dialoga con su compatriota Ingmar Bergman (
Desde que Rodolf Sirera escribiera en 1978 este breve texto, ha logrado con el paso de los decenios asentarse como una obra de referencia del ámbito metateatral. La última adaptación fue aquella que montó