El alma de Valle-Inclán

El nuevo espectáculo de El Brujo indaga en las esencias biográficas del gran dramaturgo español a través de Divinas palabras

Cuando llegó la pandemia, El Brujo estaba enfrascado con su propuesta Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia, un montaje que poseía una estructura muy similar al que ahora presenta en el Teatro Cofidis Alcázar. Realmente aquel se ocupaba de Edipo Rey, y este, de Divinas palabras. Por eso son espectáculos ambiguos en cuanto al título, porque el meollo no suele ser tanto el autor como una obra concreta. Pero hablar de ambigüedad con El Brujo es pura redundancia. Vuelve a ser lo más interesante el momento transicional entre la captatio benevolentiae (aplausos primero, siempre nuestro artista es recibido así): unos versos del poema «Ave»; y el prólogo, tan extenso como las ramas le permitan irse ―mezcla de biografía personal, anécdotas de Valle-Inclán y la relación imperiosa con la realidad que le permite ironizar sobre el coronavirus y la política. Siempre contemporáneo―; y la penetración hacia una de las obras cumbre del gran escritor. Todo fingimiento de El Brujo tiene que ver irremediablemente con el metateatro; aunque a la antigua usanza, como el bufón que se las sabe todas y juega a que está jugando con la ingenuidad fingida. En este caso más, porque va a tomar la faceta de dramaturgo (y un texto teatral) de Valle. El actor se adentra y coge distancia, se acerca como ciudadano que ha estado confinado ―como el resto― para relatarnos cómo fue ideando este montaje (se puede hacer cierto seguimiento en los vídeos que colgó en su página web por aquellas) y se aleja en el enmascaramiento fantasioso al que nos concita. Sigue leyendo

Divinas palabras revolution

El Teatro Español acoge esta producción gallega donde el esperpento de Valle-Inclán se traslada a un reality show

Pues Manuel Cortés y Xron se han atrevido a cobijar nuestro clásico valleinclanesco en esa cueva fluorescente e hipervigilada del reality show por antonomasia. Y han establecido un planteamiento tan coherente y ceñido a esa imposibilidad vital, donde el tiempo pasa lento y la abulia carcome aún más los cerebritos de esos ególatras, que la función inevitablemente cae en un ritmo tedioso y, en muchos instantes, insípido. Y esa debe ser su gran objeción; aunque creo que es razonable afirmar que el resto de elementos del espectáculo compensa con creces esa cadencia. El proyecto lo tenía todo para caer en el desvarío; pero está sujeto a conciencia por la zafiedad de unos protagonistas que, celebrémoslo, no gritan constantemente de forma desaforada como hubiera sido esperable en la emulación de tan célebre espacio televisivo. Es una manifestación patente de que estos programas televisivos requieren manipulación constante y una edición cinematográfica para generar el atractivo que se pretende, la carnaza que se pueda devorar con ansia. Lo que dirige Xron se subsume a los parámetros del cinéma vérité y del objetivismo; en este sentido sigue la línea del gran montaje de Chévere la temporada anterior: Eroski Paraíso (no hay que perdérsela). Sigue leyendo

Escena – Fin de temporada 2013-14

Repasamos los mejores espectáculos del curso teatral reseñados en El Pulso

ubu-roi_05Como lleva ocurriendo en los últimos años, comenzamos con varios platos fuertes llegados desde el extranjero. El ciclo «Una mirada al mundo» reúne lo mejor que se puede ver en el mundo hoy en día y que, a pesar de la crisis, tenemos la suerte de disfrutar en el Centro Dramático Nacional (CDN). En esta ocasión, han sobresalido el Ubu Roi dirigido por Declan Donnellan, Seuls de Wadji Mouawad, Julia (reelaborando a Strindberg desde Brasil) y Bienvenido a casa con sesión duplicada desde Uruguay. Además, en el propio Valle-Inclán asistimos a la compleja escenificación de las Comedias Bárbaras valleinclanescas con Montenegro de Ernesto Caballero, aunque se esperaba un poco más. Eso sí, el CDN nos deparó gratísimas sorpresas como El viaje a ninguna parte o El triángulo azul, verdaderamente estremecedora.

El Matadero, pese a un par de meteduras de pata que no recordaremos, nos ha regalado una variedad y calidad que es y debe seguir siendo su seña de identidad. Comenzando por aquel Roberto Zucco que instaló su edificio allá por octubre, continuando con la fantástica interpretación de José Luis García-Pérez en el Diario de un loco o el Pinter que nos depararon Lluís Homar y Josep Maria Pou en Tierra de nadie; más el desembarco de la Joven Compañía de Teatro Clásico y su lopesca La cortesía de España. Finalizando con el regreso, Max que exitoso, de Juan Diego Botto y su obra Un trozo invisible de este mundo. Sigue leyendo