Eroski Paraíso

El grupo gallego Chévere regresa con una entrañable propuesta acerca de la memoria y los orígenes

Foto de Matteo Bertolino
Foto de Matteo Bertolino

Cuando ya pensábamos que el metateatro estaba finiquitado, aparecen estos de Chévere y nos lo combinan con el metacine. El resultado, como vamos a desgranar aquí, es magnífico. Ciertamente en pantalla ya hemos visto en alguna ocasión cintas que recrean la preparación de una obra de teatro, como en Vania en la calle 42 de Louis Malle o Looking for Richard de Al Pacino; pero a la contra es difícil encontrar ejemplos. Aquí se nos presenta, de un modo muy espontáneo, la disposición de una jornada de grabación de un documental realizado por Alejandra, una joven de veinticinco años que ha regresado a Muros (La Coruña). Allí, en una sala de fiestas llamada Paraíso, se conocieron sus padres y, también allí, en un bajo, se alojó la tienda de fotografía de su abuelo (donde han montado un decorado que imita al supermercado Eroski que ha sustituido a la discoteca). Precisamente, una foto de él (ahora un sombra vagante con Alzheimer) motivó la idea para grabar el film. Uno de los elementos fuertes de la dramaturgia de Xron es la coherencia temporal. Podría haber establecido escenas, haber fragmentado la obra de tal manera que nos evitara momentos que podemos denominar antidramatúrgicos, donde observamos cómo se dispone la intendencia, cómo se hacen ajustes de sonido o de luz, cómo se prepara cada secuencia. No podemos afirmar que eso genere mucho interés, pero acentúa la credibilidad de la propuesta en su conjunto, en la idea que se quiere promover. Otro punto a favor, es la perfecta atmósfera de amateurismo que se crea en todos los órdenes. Patricia de Lorenzo toma el papel de Eva Martínez, la madre, una gallega que ha regresado a su pueblo natal después de su periplo por Canarias y Barcelona, y haber dejado atrás a su marido. Ahora trabaja, curiosamente, en la pescadería del Eroski. Alcanza la actriz la imposible impostura de parecer una señora que debe mostrarse natural ante la cámara, que debe equivocarse, que debe ser incapaz de aguantar la risa, que debe saltarse la indicaciones de la directora en todo momento y que debe trocear en directo una merluza bien fresquita, que será sorteada al final de la función (no estamos como para tirar la comida). Su actuación está repleta de una soltura que te atrapa desde el primer instante. Otro tanto podemos afirmar de Miguel de Lira, es un actorazo. Hace poco pudimos ver en televisión la muy recomendable A esmorga, donde ofrece toda una lección de interpretación. En esta obra comanda la segunda mitad, cuando hace aparición con sus modos sencillos y luego debe repetir la escena y desbarra en una fingida sobreinterpretación. Viene de Canarias y está decidido a recordar junto a su ex los bocatas de calamares que se tomaban (ver a la hija y a los padres tragarse el susodicho bocata entero es llevar la coherencia del tiempo real al límite) y cómo fue aquella noche en O Paraíso cuando se conocieron y bailaron la significativa canción «(I’ve had) The time of my life» (la de Dirty Dancing); y cómo luego se marcharon a retozar al cementerio. El actor le imprime su retranca, ese humor humilde y bonancible de los gallegos, arrastrando morriña y entusiasmo en la recreación de aquellos tiempos llevando la función a su punto álgido. Completa el trío de protagonistas del documental el abuelo, el actor aficionado Ricardo Lacámara, que deambula con su desmemoria como una metáfora inapelable. Cristina Iglesias hace de Alejandra, cumpliendo perfectamente con ese papel más definido y, a la vez, más limitado. Igualmente, Fidel Vázquez, que es el técnico de sonido y luces, apenas interviene con ciertos gestos.

Eroski Paraíso me ha sorprendido gratamente. Posee no solamente esa innovadora mirada de las capas superpuestas del cine sobre el teatro y este sobre la memoria y su simulacro representado (lo que supone una perspectiva realmente interesante acerca de la realidad); sino que permea con gran sutileza la vida hasta cierta manera desarraigada de algunos jóvenes y de esa idea popularizada en los últimos tiempos por el escritor Sergio del Molino, de la España vacía, de todos esos pueblos y aldeas destinados a la desaparición y al olvido.

Eroski Paraíso

De: Chévere

Dramaturgia y dirección: Xron

Reparto: Patricia de Lorenzo, Miguel de Lira, Cristina Iglesias, Fidel Vázquez y Ricardo Lacámara

Textos: Manuel Cortés

Técnica: Fidel Vázquez

Ayudante de dirección: Arantza Villar

Escenografía y vestuario: Chévere

Construcción: +Arte Compostela

Música: Terbutalina

Voces grabadas: Rosa Moledo y Federico Rei

Comunicación: Xana García

Producción: Patricia de Lorenzo e Inés Portela

Vídeos: Númax

Fotografías: Matteo Bertolino

Distribución: Crémilo-Carlos M. Carbonell

Coproducción de Chévere

Naves del Matadero – Teatro Español (Madrid)

Hasta el 5 de febrero de 2017

Calificación: ♦♦♦♦

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