Sovrimpressioni

Daria Deflorian y Antonio Tagliarini se inspiran en la película de Fellini, Ginger y Fred, para autoficcionar su propio devenir

Sovrimpressioni - FotoLo habitual en este tipo de trabajos es que la capa de working progress o la metateatral confluya con una realidad, como un solapamiento que nos lleve a observar una relación de ideas, una metáfora de la metáfora. Algo así, observamos la pasada temporada con Richard III Redux, donde actriz y personaje se llegaban a fundir en el propio proceso teatral. Quiero decir que, cuando nosotros visionamos, por ejemplo, Función de noche, la protagonista es Lola Herrera, con todo lo que sabemos de ella por ser alguien célebre, y, a la vez, la Carmen Sotillo que está representando en escena, quien, a su vez, se puede concretar en una y en otras mujeres de la época. Sigue leyendo

Electra

Fernanda Orazi utiliza este mito clásico para recrearse en una forma paródica de hacer teatro

Electra - Foto de Luz Soria
Foto de Luz Soria

¿Y si los clásicos no nos dicen nada? ¿Y si somos incapaces de observar ciertas obras del pasado sin trasladarles la mirada escéptica y desencantada que nos ha impuesto ya definitivamente la posmodernidad? ¿Significa algo para nosotros Electra si esta no provoca la catarsis? Se lleva tanto tiempo estableciendo una perspectiva tan distanciadora, tan irónica y tan lateral sobre obras ya constituidas, que se ha negado el acceso a la verdad en la ficción. Sigue leyendo

La sumisión y el porvenir está en los huevos

Morfeo Teatro se agarra a este díptico de Ionesco, para abordar la desazón de un joven que no quiere procrear

La sumisión y el porvenir está en los huevos - Foto de Francisco Álvarez
Foto de Francisco Álvarez

Todo el humor absurdo ha sido integrado de tal manera en nuestra sociedad que, ya se habla de la postironía para definir a aquellos idealistas que creen con fuerza en su activismo, en sus proclamas; pero que se ven incapaces de cumplirlo. Véanse esas pobres gentes que sufren ecoansiedad debido a la impotencia de observar que su labor es insuficiente para salvar el planeta. Quien lleva de forma humorística este extremo son los malhadados de Homo Velamine, quienes han tenido que pagar por su osadía literalista en una sociedad que cada vez entiende peor las metáforas y, sobre todo, la ironía. Por resulta tan interesante volver a Ionesco, porque él sí que se mueve en la conjunción de la susodicha ironía y la crítica social, desde una ridiculización autoasumida de sus propios personajes. Sigue leyendo

La Florida

Víctor Sánchez Rodríguez firma una parodia del género negro con una pretendida indagación existencial de los trabajadores durante la temporada baja en el Levante

La Florida - Foto de Coral Ortiz
Foto de Coral Ortiz

En gran medida, el cine negro paródico ha triunfado en las últimas décadas infinitamente, mientras el propio género (serio) también ha asumido su parte irónica. Tenemos gansadas tipo Austin Powers, homenajes a 007 como Kingsman o propuestas más lúdicas como el éxito de Puñales por la espalda. El asesinado no nos conmueve. Incluso, en muchas ocasiones, ni aparece el muerto. Queda, en definitiva, como la excusa para que el detective en cuestión demuestre sus dotes intuitivas, para dar con una solución que a todo el mundo se le escapa. En el teatro, casi no hemos tenido oportunidad de disfrutar del género, aunque se llevara a escena hace poco La gota de sangre, de Emilia Pardo Bazán o podamos recordar la Carlota, de Mihura. Me quedo con Perdona si te mato, amor, de Carlota Pérez-Reverte; porque me parece el ejemplo más pertinente para compararla con La Florida, de Víctor Sánchez. Sigue leyendo

Sobre la vida de los animales

Lola Blasco traduce al lenguaje dramático alguna de las conferencias noveladas dictadas por Elizabeth Costello, el alter ego del escritor J. M. Coetzee

Sobre la vida de los animales - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Vaya por delante que el planteamiento en sí de Lola Blasco no me ha interesado lo más mínimo y que los jugueteos de Pepa Gamboa en la dirección para que la protagonista no resulte más monótona de lo que ya parece, me han dejado con la idea de que abordar un tema así bien hubiera merecido otro personaje. La materia animalista viene, en principio, marcada en los últimos decenios, desde el punto de vista filosófico, por los argumentos utilitaristas de Peter Singer en su conocido ensayo Liberación animal, y de las réplicas de unos y otros, donde se entreveran la política, la economía, la nutrición, la industria alimentaria, la ética, la tradición, la estética y un largo etcétera que nuestra Costello sortea. El debate está muy lejos de agotarse. Los antiespecistas, los ecologistas, los vegetarianos, los veganos y hasta los cazadores despliegan buenas razones para acometer la cuestión. Sigue leyendo

La vida es sueño

Los ingleses Declan Donnellan y Nick Ormerod ofrecen una visión desenfadada de este clásico, a través de una modernización que rebaja la hondura filosófica del dramaturgo español

La vida es sueño - Foto de Javier Naval
Foto de Javier Naval

Donnellan y Ormerod llegan con todo su bagaje modernizador de clásicos a emprenderla con nuestro Calderón, y creo que es un manierismo, un estilo repetido, que devalúa las cuitas barrocas. Sus dramaturgistas, en buena lid, corrompen la duda imperante en el autor español para trasladarnos hacia un mundo onírico que, en cierta forma, anhela la evasión ante la zozobra del devenir. Para ello nos sitúan en un contexto que podríamos hallar en los años cuarenta, durante el final de la Segunda Guerra Mundial, a caballo entre Europa y Estados Unidos. Puesto que la comicidad del vodevil se adentra de manera muy sorpresiva e inédita sobre las tablas, para producir un choque que es de lo más meritorio. Y esto lo podemos asumir, porque tenemos integrado en nosotros el drama, nos lo sabemos y, si mantenemos la mente abierta, podemos encontrar derivas por las que colarnos imaginariamente.

La musicalidad, el juego de puertas y de guiños payasescos propios del slapstick (incluido el lanzamiento por la ventana del lacayo) vienen remarcados una y otra vez, como una reiteración surrealista, por el tema «Cuánto le gusta», de Carmen Miranda. Esa atmósfera de diversión se conjuga con la parálisis y la estupefacción del máximo protagonista: Basilio. Sigue leyendo

Los mundos del Price

La fantasía, la naturaleza, el circo, la danza y la música se aúnan para desarrollar un espectáculo de gran factura para deleitar a todos los públicos

Los mundos del Price - FotoEl año pasado pudimos disfrutar en el Circo Price de un gran espectáculo titulado La vuelta al mundo de Cometa. El montaje combinaba a la perfección el humor, el circo y unas interpretaciones muy atractivas para cautivar tanto a niños como a mayores. Pero este mes de diciembre nos hemos encontrado con dos propuestas parecidas que se extraen de lo que debiera haber sido una continuación del que pudimos contemplar la temporada anterior. Es fácil deducir que se ha dado una ruptura entre las distintas partes que configuraban la idea. Así que Cometa soy yo está por un lado, con Carla Pulpón como gran protagonista; y Los mundos del Price están por aquí ocupando este extraordinario espacio público. Digamos que los espectadores hemos perdido con esta situación. Los mejores números circenses (y la producción general) están en el Price y la comedia más chispeante y ágil está allá en la carpa.

Porque la gran pega de esta función es que el relato es muy endeble. A los más peques, cuando aún están acomodándose en sus asientos se les cuenta que cinco amigos vivían en un lugar idílico, en un lugar mágico rodeado de la naturaleza. Ahora, por qué ese mundo de armonía se convirtió en un desastre, no alcanza a quedar muy clara, más allá de que nosotros somos los culpables, con lo que habría un mensaje ecologista. No obstante, la cuestión es que esa degradación no se llega a representar en escena y resulta bastante raro que se hable de ello sin que se entienda muy bien qué pasa a lo largo de la obra. Por eso, los vemos viajando a los diferentes mundos de cada uno de los protagonistas.

Digamos, por tanto, que el libreto es un tanto escueto en ese sentido y que lo más sobresaliente de este espectáculo es el dinamismo que han propiciado Lola González y Bob Niko en la dirección. Pues las coreografías fluyen tanto como las transiciones entre las distintas escenas, la esfera del circo se aprovecha en su máxima amplitud provocando la participación de los asistentes y «adentrándolos» cuando los personajes discurren entre los pasillos y las filas, y luego, en el juego de luces-láser, se genera toda una fascinación. También se gana en las actuaciones musicales, sobre todo en aquellas comandadas por Dani Reus que, además de dirigirlas, se encarna en Maestro Dante.

Aunque el líder del grupo es Tomy Álvarez, que hace de Tom, un tipo disfrazado de piloto, y que lleva su ímpetu por doquier para recuperar la vitalidad de la naturaleza. Y así se deja arrastrar por su fuerza la divertida Lucía Castro, que se imbuye en el rol de Tatín, una payasa que posee un elixir capaz de hacer reír a cualquier. Como es el caso de Lucas, un tipo bien engreído, que siempre quiere tener razón en todo y que se va ablandando según llegamos al desenlace. Mario Méndez lo caracteriza con altivez risible y es un buen contraste dentro del elenco. Finalmente, Leyla Nichols se queda con la princesa Lai, para llevarnos por el territorio candy, un destino repleto de dulces, y para resultar ella misma candorosa con todos los niños allí reunidos. Ciertamente forman un buen grupo y animan mucho con sus diálogos de humor blanco y alguna alusión a nuestra sociedad actual que los adultos entenderán mejor. A ellos se le suman hasta seis duendes que pululan sin fin y que van ataviados con un original vestuario diseñado por Emilio Salas (con los complementos ineludibles de Manuel Noli), quien ha realizado un magnífico trabajo con cada uno de los peculiares seres que vamos conociendo y que propicia una factura general extraordinaria.

En cuanto a lo puramente circense, en la primera parte resultan muy llamativas las actuaciones de Daniela de Mar Díaz y Susana Casas en la suspensión capilar y van caldeando el ambiente, pues la fuerza y la habilidad de Fabián González en la rueda cyr es alucinante; pero creo que los espectadores disfrutaron, sobre todo, con la velocidad increíble de pies y, principalmente, de manos, que demostró Alan Sulc con sus malabares. «¿Cuántas bolas manejaba?». U: «Uf, once mil». Sí que en la segunda mitad llega el plato fuerte, que será la rueda de la muerte, una atracción que implica suspender una gran estructura giratoria. No obstante, antes, para preparar ese fin de fiesta, harán las delicias del respetable un grupo de acróbatas formidable en la palanca.

Los mundos del Price es un buen montaje y se percibe una gran satisfacción en el público. Los números circenses ofrecen una dificultad considerable y las diferentes escenas están realizadas con mimo. Así que resulta del todo recomendable. «¿Verdad, U?». «Absolutamente».

Los mundos del Price

Idea original y dirección: Lola González y Bob Niko

Protagonistas: Tomy Álvarez, Fran del Pino, Dani Reus, Leyla Nichols y Lucía Castro

Duendes: Pedro de la Torre, Lucia Sevillano, Elena Zancajo, Javier Tapia, Néstor Chaves y Luis Lázaro

Bailarinas: Catalina Cesanelli, Iris Juerzas y Natalia Garcia

Covers: Mario Mendez (Lucas) y Falco Cabo (Dante)

Suspensión capilar: Daniela de Mar Díaz y Susana Casas

Malabarista: Alan Sulc

Rueda de la muerte: Fabio Mimoso y Hans Vilhena

Báscula troup palanca: Sebastian Krefeld, Felipe Lugo, Sebastián Medina y Kossyl Amara

Rueda cyr: Fabián González

Producción ejecutiva: Bob Niko

Diseño de vestuario: Emilio Salinas

Diseño de complementos: Manuel Noli

Diseño de iluminación: Ezequiel Nobili

Diseño de sonido: Javier Perujo

Libreto: Zenón Recalde y Lola González

Dirección musical: Dani Reus

Producción musical: Jeansy Auz

Letrista: Víctor Martin

Contenidos audiovisuales: Juan Jose Palacios y Javier Perujo

Maquillaje: Alberto Dugarte

Diseño escenográfico: Lola González y Bob Niko

Coreografía: Lola González

Producción: Susana Lopezosa

Maquillaje: Alberto Dugarte

Teatro Circo Price (Madrid)

Hasta el 7 de enero de 2022

Calificación: ♦♦♦

U: ♦♦♦♦

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Del teatro y otros males que acechan en los corrales

La compañía Morboria se adentra en los entresijos del teatro áureo para propiciar una comedia que va más allá de lo metateatral

Del teatro y otros males - FotoParece que el reto se ha establecido entre La Abadía y el Fernán Gómez por ver quién monta la fiesta barroca más espectacular. Allá, con Vive Molière, el asunto parece más fino y versallesco, y acá no tienen problemas en adentrarnos hasta el caos, la vulgaridad y la pillería propios de la capital. Mucha mierda se huele en el desparpajo de los Morboria hasta sondear la astracanada adelantada a su tiempo, acogiéndose al ritmo del entremés y de la comedia de enredo lopesca. Con sus dosis de metateatro, evidentemente, que es lo que toca hoy en día y parece que es un tamiz inapelable por el que se debe pasar. Aunque aquí viene muy a cuento; puesto que nos vale para descubrir la precariedad sempiterna de aquellas compañías que veían imposible establecerse con cierta normalidad en alguno de los corrales madrileños. Sigue leyendo

Vive Molière

La compañía Ay Teatro hace revivir al dramaturgo francés a través de sus personajes más célebres en un espectáculo brioso

VIve Molière - Foto de David Ruiz
Foto de David Ruiz

Con los montajes que firman Álvaro Tato y Yayo Cáceres se pierde y se gana, y el público, amplio y gozoso, ya sabe que ahí, sobre la escena, será embaucado por un ritmo trepidante; aunque deberá renunciar a una incidencia mayor en los motivos, en los conceptos, en las historias. Todo, quizás, no se puede, si de lo que se trata es de antologizar o de trocear o de popularizar teatros que fueron, por aquellas, populares; pero que a nosotros se nos pueden abalanzar algo escurridizos por falta de contexto. Esta misma temporada ya hemos podido comprobar todo esto con Malvivir y, ahora, con Vive Molière, volvemos a disfrutar del portentoso engranaje de cuadros que vienen de diferentes obras del dramaturgo francés más célebre en este cuarto centenario de su nacimiento, el cual nos ha deparado un buen ramillete de propuestas (le ha ido mucho mejor que a Galdós, por ejemplo), como el montaje de Flotats o el Tartufo, de Caballero. Por otra parte, coincide en la cartelera madrileña esta pieza con otra titulada Del teatro y otros males que acechan en los corrales que, con un estilo muy distinto, también comparte marco metateatral y homenaje al barroco. Y precisamente los de Morboria nos dieron cuenta ya hace meses de El enfermo imaginario, que se vuelve a recordar en el desenlace sobre las tablas de La Abadía. Sigue leyendo