La Compañía Leandre Clown discurre por la Sala Verde de los Teatros de Canal con un divertido espectáculo que exprime el absurdo a través de una colección de puertas
La cantidad de gags que engarza esta gente resulta altamente apabullante y cómo se manejan en distintas direcciones, con detalles que a veces pueden pasar desapercibidos, funcionan tanto para adultos como para esos niños a partir de los cinco o los seis años; aunque habría que señalar que estos, llegado el desenlace, pueden percibir algo de cansancio en el sentido de que el ritmo no se eleva hasta esas cotas tan habituales en los espectáculos circenses, donde lo explosivo, directo y chocante llevan al desmadre y hasta la locura. No, este N´imPORTE quoi está bastante medido en una cadencia que se esfuerza por arañar el absurdo con algo de parsimonia. Sigue leyendo






Desde que la estrenara en 2016, esta obra, titulada Jacuzzi, del dramaturgo Yúnior García Aguilera, ha circulado por distintos países. Ahora se representa en la sala Lola Membrives del Teatro Lara. Una pieza que apenas alcanza la hora de duración y que deja la sensación de que las ideas más profundas y sensatas quedan fuera del drama en sí. Porque la trama discurre a través de un encuentro entre tres amigos que no llega a desbordar plenamente una vez se disponen los antagonismos políticos. Anunciemos ya que el autor opta por la peor de las decisiones posibles para concretarnos sus ideas particulares más allá de la obra que estamos viendo. Cuando está casi a punto de acabar la función, rompe la cuarta pared y se dirige directamente al público para soltarle una diatriba que podemos perfectamente comprender, y que nos apela con emoción; pero que resulta inaceptable para una obra teatral que pretende trazarse desde la ficción. En ese breve discurso, tan válido políticamente, descubrimos —si no lo conocíamos antes— a un disidente, como siguen saliendo tantos de Cuba, que ha debido abandonar su país; puesto que ha cruzado una de esas líneas que convierten tu vida en una existencia agónica.
Parece acertado traer a escena uno de los más célebres autos de Calderón, pues todos hemos llegado a ver algunas imágenes de Lorca, cuando este lo representó con La Barraca. Según sabemos —y así se nos da a conocer en la propia función— que la segunda versión de esta obra —de la primera, que data de 1635— se estrenó en el Corpus Christi de 1673 en Madrid, y que lo hizo, a lo largo del día, en tres plazas distintas.