Catástrofe

Íñigo Rodríguez-Claro comanda este experimento de Antonio Rojano sobre los sueños y los deseos que nunca serán de cuatro intérpretes

Se reúnen cuatro actores, un dramaturgo y un director con la idea de imaginar todas las vidas que no han vivido, porque en momentos precisos la balanza se inclinó hacia un lado o se tomó cierta decisión que tergiversó el rumbo atisbado. Adentrarse como en un sueño a deslavazar la memoria, anclarse en su verosimilitud, asumiendo que la invención forma parte de ese proceso y, a partir de ahí, fantasear sin límite sobre el escenario de un teatro. Buen punto de partida; aunque no termine de quedar claro cuál es el objetivo, el destino o la intención. Tenderemos a pensar, por ejemplo, en una ola descomunal de sucesos fantasiosos, hipotéticos, contrafácticos, que se resuelvan con una resaca que te devuelva al océano en forma de pensamiento recursivo. O sea, una manera de reflexionar existencialmente sobre el presente. Todo pudo ser de otra manera; pero ha sido de esta. Tortura, arrepentimiento, alivio, satisfacción. Ahora que soy maduro debo tomar las riendas de mi camino, si no quiero que me vuelva a pasar aquello. Quiero ser el responsable directo de mis decisiones. La lástima es que no acaba de plasmarse esa introspección y lo que se fragua es el desperdigamiento de muchas teselas, de sketches que no se entreveran hasta afianzar una malla de interrelaciones de los participantes si a lo que se aspiraba era al mise in abyme. Así que uno se queda con que el azar juega un papel preponderante y, por lo tanto, Catástrofe podría haber sido de muchas maneras, todas tan válidas como inútiles si lo que vemos no va más allá y concita nuestro interés por su particularidad. Y ese quizás pueda ser su mayor lastre. Sigue leyendo →

La resistencia

Lucía Carballal firma un flojo texto sobre la anodina relación entre dos novelistas que dirige Israel Elejalde

Quizás una de las razones por las que la literatura (la literaria) arrastra una decadencia interminable en las últimas cuatro décadas ―no solo en España, sino también en el resto del mundo― radique en las vidas de los propios escritores, en que cada vez nos parecemos más, en que lo underground puede ser algo tan banal como no tener redes sociales. Ser viajero es casi un imposible y ya solo queda ser turistas de nosotros mismos en nuestra pura semejanza con el prójimo allende los mares. Existen más razones, como las puramente comerciales, o el concepto de ocio y de entretenimiento, etcétera. Lucía Carballal llega a los Teatros del Canal después de enlazar dos propuestas muy estimables: Los temporales y La vida americana. Dos textos en los que demostró su capacidad para elaborar diálogos persuasivos, inteligentes y repletos de detalles que percuten en las relaciones humanas. En ella se percibe una sutileza a la hora de aquilatar sus personajes que termina por convencerte en demasía. La resistencia parece pergeñada por una primeriza, por alguien que ha compuesto según los parámetros de los ejercicios de estilo, lleno de tópicos y falto de esas ideas que justifican la materialización en las tablas. Sigue leyendo →

Nekrassov

Sartre firma esta farsa apenas representada hasta ahora sobre los tejemanejes del gobierno y una prensa venal

Hace unos meses se ha publicado la versión española de Posverdad, el ensayo de Lee McIntyre, profesor de Harvard, donde se abordan las peculiaridades de este nuevo concepto nacido del contexto presente en el que las redes sociales permiten crear estados emocionales que lleven impresos la sensación de la certeza. En la indagación filosófica y en la revisión histórica de sus fuentes hallamos una serie de estrategias elaboradas por los poderosos de turno para, entre otras fórmulas, imponer la duda por encima de cualquiera que ose manifestar una certeza. Lo que se plasma en la sátira de Sartre es una etapa intermedia en la consabida connivencia de los medios de comunicación con los gobiernos o los empresarios como parte de la trinchera ideológica. Por ejemplo, no falta una parodia de William Randolph Hearst (sobre frases consabidas de Ciudadano Kane), recordemos su afirmación antes de que España perdiera Cuba en 1898: «Dadme las fotos, yo os daré la guerra». Desde luego, la guerra fría fue un caldo de cultivo idóneo para el control y la difusión de la información, para «jugar» a la noticia falaz, a las medias verdades, a la ocultación permanente. El filósofo francés desarrolla un planteamiento que sobrepasa con creces lo aceptable, y eso que Brenda Escobedo ha realizado un meritorio trabajo de adaptación sobre aquella traducción de Miguel Ángel Asturias (prueben a encontrar en su librería favorita un ejemplar); aunque podría haber recortado alguna que otra escena. Sigue leyendo →

El sueño de la vida

La Comedia sin título es completada de la mano de Alberto Conejero en una propuesta que vislumbra la esencia del arte teatral

Foto de Sergio Parra

Un ejercicio imposible que debe materializarse con el ingenio de otro artista. No creo, en absoluto, que deba tomarse El sueño de la vida como una continuación de la Comedia sin título; debe ser más bien un motivo para embarcarse en un proyecto personal ―aunque auspiciado por el espíritu de Lorca―. El resto de especulaciones, mientras no aparezca ningún vestigio arqueológico que lo desmienta, es una tarea inútil. El propio primer acto, el único conservado del dramaturgo de Fuentevaqueros, es ya una especie de incompletud, una mise en abyme, un caos de proclamas y remisiones al teatro como arte que debe trascender en lo político, que debe provocar reacciones en el público. Una clara defensa del denostado binomio Alta Cultura / baja cultura. Así observamos cómo el Espectador 1º se solivianta desde la platea y no aguanta en su butaca: «No he venido a recibir lecciones de moral ni a oír cosas desagradables», esputa César Sánchez; mientras su esposa, inicialmente, se siente abochornada. Cuando se marchan defendiendo el Teatro de La Latina (como un espacio para la escena de puro entretenimiento, que ya no corresponde con nuestra estricta actualidad) se percibe en el respetable la carcajada del clasismo satisfecho. Antes ha irrumpido de improviso, desde su asiento entre los espectadores, Nacho Sánchez, quien se enmascara en el Autor. Sigue leyendo →

Intensamente azules

César Sarachu observa el mundo que le circunda con sus gafas de natación en este monólogo de Juan Mayorga

Resulta un tanto desconcertante el último teatro de Juan Mayorga, ya que tras mostrar hace un mes El mago, ahora continúa ―en una estructura muy diferente― con un tono que no termina de alcanzar una comicidad relevante, y con un discurso más naíf de lo esperable en un dramaturgo que sabe sondear terrenos de mayor hondura. En esta ocasión procede con esta ensoñación o fantasía en forma de cuentecillo salpicado de curiosidades. César Sarachu, quien ya trabajó a las órdenes del dramaturgo con aquel estupendo Reikiavik, se transforma en el álter ego del autor para recrear las experiencias paradójicas que le ocurrieron a este, cuando un día salió a la calle con sus gafas de nadar graduadas tras ver cómo las habituales habían quedado inutilizadas. El magnífico actor se ve lastrado por un texto que se devanea en lo anecdótico y en una serie de sorpresas que pierden potencia enseguida; además de por una gesticulación que no logra la total gracia deseable (me lo imaginé como un Jacques Tati, pero más extravagante). Al parecer, un efecto mágico se ha producido en el personaje. Ahora entiende libros que antes le resultaban inaccesibles (El Quijote, La vida es sueño; incluso tochos de filosofía decimonónica), conoce al Rey, se encuentra con otras personas que también usan gafas de natación (aunque con otros colores), aparecen unos profesores de instituto y, por supuesto, la inmersión en la propia piscina como si se fundiera en el océano cósmico. Sigue leyendo →

Una humilde propuesta

Mariano Llorente se encarna en un satírico promotor dispuesto a solucionar la pobreza de nuestro país

Foto de David Ruiz

Viene muy a cuento lo que se critica en esta obra satírica de Jonathan Swift. Apenas un panfleto de unas cuantas páginas donde vuelve a desbordar los planos de la crítica con esa inteligencia tan soberana. Desde luego, no es en su forma la misma ironía con la que procedía Sócrates para obtener la sabiduría; pero este recurso retórico conserva ese efecto revelador que produce tanta estupefacción. Proceder así en esta proclama, proponiendo técnicamente, con toda clase de detalles matemáticos y estadísticos, sobre un proyecto serio para «zamparse» a los hijos de los pobres cuando cumplan un año y alcancen un estimable peso (entre diez y doce kilos), es una provocación que no dejará a nadie indiferente. El truco discursivo es idóneo para exigir, precisamente, todo lo contrario; a saber, una responsabilidad política y social sobre esa parte depauperada de la sociedad. Y si señalo que el contenido del texto es muy pertinente para la observancia de nuestra querida España, es porque la pobreza infantil anquilosada ofrece datos tan descomunales como desalentadores ―aunque se encubran en nuestro mundo estetizado de virtualidades virtuosas. Según el INE, la pobreza infantil afecta a uno de cada tres niños. Estamos en 2019 y parece que eso no es una urgencia. En las democracias liberales, la capacidad de los pobres (por sus circunstancias no solo socioeconómicas, sino socioeducativas) para protestar, para manifestarse y para presionar políticamente, son muy bajas (evidentemente no se pueden poner en huelga, por ejemplo). Sigue leyendo →

La culpa

El último texto del norteamericano David Mamet es un breve ejercicio dramático con tintes religiosos y poco fuste

Foto de Sergio Parra

Debemos recordarnos permanentemente que el autor firmante de esta obra es el mismo que, entre las más recientes en nuestra escena, ha escrito Oleanna o Muñeca de porcelana. ¿Cómo es posible que un experto en trabar conflictos morales a través de diálogos absolutamente medidos en forma, fondo y ritmo haya cometido este desatino? La culpa, en inglés The Penitent (si se hubiera traducido literalmente, probablemente se hubiera afinado más con la intención; pero hubiera perdido gancho comercial. Acierto de Bernabé Rico. Buena versión, en general), apenas se resuelve en una hora y cinco minutos; un visto y no visto. Y precisamente, su brevedad es un lastre; porque las elipsis son excesivas y luego no queda más remedio que explicar lo que debería resultar patente en un desarrollo teatral lógico, donde se muestre la vivencia de esos personajes. David Mamet pretende unir, por un lado, el drama psicológico con el atisbo del thriller; y, por otra parte, interrelacionarlo con cuitas religiosas que se esbozan tan tímidamente, que no es posible considerarlo como un verdadero leitmotiv de la trama. Además, de ello, se intenta aderezar con ínfulas de proceso kafkiano y con acusaciones de homofobia. Entonces, con estos ingredientes, ¿qué falla? Insisto, falla el oxígeno, el vuelo del argumento y ese punto de desvelamiento casi palmario que nos evite la explicación de lo casi evidente. Sigue leyendo →

Señor Ruiseñor

Els Joglars plantea una sátira contra ese nacionalismo catalán que los ha vetado a través de la figura del pintor Santiago Rusiñol

Foto de David Ruano

Seguramente la misma queja que se podía argüir de su anterior obra, Zenit, se puede sostener en esta. Si en aquella el tema era el periodismo, en esta es el independentismo catalán. Cuestión demasiado seria esta última, como para que la sátira sea tan blanda. Porque si te metes en esos berenjenales, teniendo en cuenta la historia de Els joglars en su afán por hacer «amigos» y desvelar el pastel en su propia tierra desde hace tanto (unos pioneros a la hora de descubrir quién estaba produciendo los barros que nos han traído estos lodos), lo lógico sería pinchar lo suficiente como para que la crítica provocara el daño pertinente. Desde mi punto de vista, es un planteamiento timorato, y diría que desencantado; tanto en el tono ajustado a la senectud del protagonista, como en la observación del argumento. Es probable que el cansancio del monotema ya no dé ni para andarse con honduras. Pero es que los chistes y las ironías son una sarta de evidencias y de tópicos que hoy en día trufan las redes sociales, las viñetas de los periódicos y los programas dedicados a las parodias; sin ir más lejos, el catalán Polònia o el especial de Navidad de José Mota (con algunas puyas bien logradas para un espacio medido en su mordiente). Sigue leyendo →

Los otros Gondra

Un epílogo recargado de autoficción para la exitosa obra que se presentó la temporada anterior

Después de lo visto, parece que esta propuesta necesita imperiosamente anclarse a la matriz: Los Gondra. Porque esta segunda no llega a tener entidad por sí misma, debido, esencialmente, a que en la primera lo autobiográfico permitía un despliegue histórico de la saga con una puesta en escena de lo más atractiva (de ahí su éxito). Ahora, aquella, se convierte en materia de autoficción para esta que se presenta en la sala pequeña del Teatro Español. Y ya sabemos cómo es este tipo de dramaturgias (lo recordaba hace bien poco con Sergio Blanco). Con los autoficcionadores parece que el narcisismo es interminable y que la infantilada de recordarnos constantemente que aquello que vemos se refiere a una realidad-real (de fuera); pero que se juega al que sí que no, rompe con la convención dramaturgo-espectador. Para más inri, el propio autor ya se imbrica entre los actores como uno más, con el comodín de interpretar como le venga en gana; pues siempre podrá afirmar que él es él y no un actor y que todo es mentira. Los otros Gondra no tienen en sí mucho contenido y se demoran en la reflexión acerca del propio acto de llevar este «relato vasco» a las tablas; concretamente en dar la voz a esa parte de la familia que encontró afinidad y comprensión en aquellos que tomaron las armas para «liberar» a su pueblo de esos «invasores». No hace falta nombrar a ETA; aunque dentro de poco no quedará más remedio que hacerlo. La memoria es frágil y el olvido se está imponiendo a marchas forzadas. Lo vuelvo a recordar aquí, se remite como año clave del argumento a 1985: 37 asesinados. Las trazas del meollo que verdaderamente alcanzan un punto trágico superior son aquellas en las que Jesús Noguero y Cecilia Solaguren dialogan, discuten, se enfrentan, se tientan, se perdonan o se asumen con todas las consecuencias. Sigue leyendo →