Kingdom

La Agrupación Señor Serrano monta una performance insignificante para criticar al sistema capitalista desde la industria bananera

Pensar que en el mero collage y en el aparataje del teatro objetual más un programa de mano con proclamas de carácter teórico-político ya es suficiente como para elaborar una obra que trascienda los lugares comunes del pensamiento anticapitalista, es redundar en la vaciedad del arte conceptual. Recuerdo con verdadero deleite su proyecto A House in Asia, porque concentraban sus esfuerzos en dirimir la «verdad» en aquella famosa operación de captura sobre Bin Laden y sus consecuencias morales. Pero es que Kingdom me parece una pantomima que no focaliza, en absoluto, sobre los desafueros de la United Fruit Company o lo mecanismos de la tercera revolución industrial. La Agrupación Señor Serrano se dedica a hacer el gamberro durante poco más de una hora con su habitual parafernalia videográfica, para no ofrecer la más exigua crítica sobre aquello que, en teoría, quería enjuiciar. La máscara de la ironía posmoderna aquí se antoja cobardía, complacencia y satisfactorio divertimento (tanto para ellos como para ese público sin la más mínima preocupación por indagar en el trasfondo del asunto). Sigue leyendo →

Moby Dick

José María Pou se mete en la piel del capitán Ahab para destilar esta aventura de destrucción vesánica

Hace un par de años el escritor Kiko Amat planteaba en un artículo que Moby Dick era un «tostón» y se explayaba en su crítica como si estuviera señalándole a los lectores de tan magna obra que el rey estaba desnudo. A tenor de lo expresado allí ―y dándole gran parte de la razón―, uno se pregunta si esta adaptación de la novela a cargo de Juan Cavestany (literalmente se «ha basado» en ella) resulta de quedarse con una mera anécdota (algo parecido puede afirmarse de la célebre versión cinematográfica de John Huston). Es decir, para ser mínimamente fiel a lo manifestado por Herman Melville; quizás la apuesta debería ser más coherente ―aunque seguramente insoportable―. Algo así como un montaje de diez horas con un prólogo de Ismael ahíto de descripciones sobre Nantucket, el pueblo de los balleneros en Massachusetts, una voz en off que fuera exponiendo las diversas cuestiones enciclopédicas sobre los cachalotes, sobre el valioso aceite, el esperma y el ámbar gris (ya que está de moda la narraturgia, pues por narrar que no quede). Al final saldría el capitán Ahab y expondría su furibundia. La pregunta, entonces, es: ¿es esto Moby Dick si desaparecen los cientos de digresiones inaguantables que trufan insistentemente todo el libro? Sigue leyendo →

José K, torturado

Iván Hermes interpreta este texto de Javier Ortiz, cargado de dilemas morales sobre el derecho y la dignidad humana

¿Vale realmente algo la vida de un terrorista confeso? Reconoceremos que no, y que no nos importará si mediante el suicidio desapareciera para siempre; si no es así, mientras siga vivo, al menos, no tendremos que hacernos cargo en nuestra conciencia de su muerte, en caso de que estuviera contemplada la pena capital. ¿Existe algún momento en la historia en la que un terrorista pudiera causar más daño que ahora? Evidentemente el número de víctimas siempre es importante, de ahí sus diferentes denominaciones (catástrofe, matanza, holocausto), máxime cuando esos fallecidos lo son individualmente. Que cada uno esboce una cifra. El texto de Javier Ortiz (1948-2009) está lleno de trampas y la primera que debemos sortear es la voz única del terrorista (aunque utilice en su monólogo de manera muy certera la primera, la segunda y la tercera persona); es decir, nunca olvidar a todos los otros, muchos de los cuales terminarán con el rostro más desfigurado que el de este. Es un balanceo utilitarista y un dilema moral que se resuelve rápidamente en los países más desarrollados en la garantía de los derechos humanos; sin embargo, para ello tengamos que fingir que no sabemos. El terrorista tiene una información valiosísima (dónde está colocada una bomba que acabará con cientos de ciudadanos, por ejemplo), solo él la tiene y no hay otra forma para salvar a esas posibles víctimas que torturarlo. Debemos hacerlo, no queda más remedio. Tan duro será hacerse cargo de tan vil procedimiento como de atender a las familias devastadas. Llegado el instante no se concibe escapatoria, una opción u otra. Y la excepción, el caso concreto y tipificado, es un hecho incontrovertible. Sigue leyendo →

El jardín de los cerezos

Una propuesta visualmente muy atractiva de Ernesto Caballero donde se pretende modernizar a Chéjov

Foto de marcosGpunto

Encontrar el punto preciso entre la nueva perspectiva y la vigencia de un argumento que se nos escapa en el tiempo más allá de que los temas rebroten como en cualquier clásico. Hasta qué punto la versión de Ernesto Caballero recae ante todo en el ambiente creado por su equipo artístico. Porque la escenografía de Paco Azorín es extraordinaria, ya que cada una de sus propuestas a lo largo de la función encajan en un gran atractivo visual. Una combinación de detalles que van desde una gigantesca casa de muñecas, a la abertura en diagonal del enorme parqué para crear una vereda mientras caen las hojas y nos amplían la mirada hasta un horizonte tan lejano, pasando por ese pequeño tren que simula el viaje inicial de los protagonistas o esas enormes pantallas que jalonan el escenario (allí se plasman los vídeos ilustrativos de Pedro CHamizo). Una atmósfera otoñal, taciturna, macilenta en ocasiones, iluminada por Ion Anibal con preciosismo. A ello se añade el vestuario de Juan Sebastián Domínguez, quien salva casi todas las estridencias, apegándose a una elegancia contemporánea, un tanto casual y pija, claro (podemos fijarnos en el vestido diseñado por Ulises Mérida que lleva Carmen Machi). Además, el movimiento ideado por Carlos Martos logra que esa amplitud de la escena lo sea aún más. Las pegas que se pueden poner tienen que ver más con aspectos textuales; pues, aunque resulta ágil al oído (recorte mediante para ajustarlo a una disfrutable hora y cincuenta minutos), no parece que se haya actualizado el lenguaje (por ejemplo, el tratamiento de los señores y de los criados) tanto como para que sea coherente con lo visto. Sigue leyendo →

Las princesas del Pacífico

Una tragicomedia esperpéntica sobre una tía y su sobrina cumpliendo la fantasía de viajar en un crucero

El éxito de este espectáculo es innegable y no es fácil que esto ocurra con un montaje tan pequeño. Así que será comprensible para el público que aún no lo haya visto que el texto y las actuaciones son capaces de ser los suficientemente atractivas. Ahora, será necesario que el espectador de los diferentes lares por los que ha paseado la propuesta entre en un tipo de humor con altas implicaciones socioeconómicas y que se inserta genuinamente en la cultura española, y que tiene acento andaluz. Hablamos del guiño grotesco, del insulto ingenioso ―también del improperio con la boca de medio lado―, de la hipérbole sobre la hipérbole, de las mezclas lingüísticas incomprensibles ―además de los vulgarismo propios de los poco instruidos―, las comparaciones intempestivas y, un aspecto que a algunos les puede chirriar, que es el machaque, la repetición de un tic, de una respuesta, hasta la saciedad, hasta destrozar el chiste y provocar el reverbero de la risa tonta y dejarlo bobadita infantil (en este sentido puede resultar algo anticuado). Si en el primer tercio de la obra uno observa que sus risas esconden una tristeza, un frío y una miseria imponderable, en el resto de la función se asume que el mundo moderno del ocio y el bienestar crecientes se les quedan muy lejos. Sigue leyendo →

Entre bobos anda el juego

La compañía Noviembre Teatro acierta con una de las comedias de figurón mejor trabadas del dramaturgo Francisco Rojas Zorrilla

Una diversión, un entretenimiento con el jugo de lo excesivo, de la parodia, para sacar a colación aquello de los matrimonios concertados ―generalmente, de alguna manera, siempre ha sido así en la historia―, donde se mercadea con las dotes y las rentas, y se aprovechan la belleza y la astucia ―si se tienen―, para ganar la partida. Comedia de figurón para deleite de un público que es atrapado desde el primer instante, con una cercanía tal del elenco, que lo cierto es que parecen quedarse sin sitio. Y es que, ante todo, son los actores quienes llevan la función hasta el punto propicio para que no decaiga en ningún momento. Principalmente, José Ramón Iglesias, en el papel de don Lucas del Cigarral, el cual se entrega en la gestualidad, en formas de caminar cuasimilitares y en una expresión que acompaña la absurdez e ingenuidad de su discurso hasta la bobería máxima de su conclusión. Eso sí, se nos prepara para que el momento en el que lo conocemos sea de gran comicidad; pues anteriormente, Arturo Querejeta, en el papel de Cabellera, mensajero y criado, ya nos ha dibujado la caricatura de su amo con una templanza irónica sin igual. Ya que ha tenido que acudir a Madrid a recoger a la «elegida», doña Isabel de Peralta. Sigue leyendo →

Gilgamesh

Álex Rojo se ha puesto al frente de la adaptación de este famoso poema épico de la cultura mesopotámica

Hasta ahora lo habitual era encontrarse sobre las tablas los relatos epopéyicos griegos que tanto reconocemos en la tradición occidental. Aunque lo sensato sería descubrir en esa misma tradición, las mitologías y las cosmologías más antiguas de las cuales beben esas. Por otro lado, estaría la cuestión bíblica, aunque mucho más centrada en el Antiguo Testamento y ahí lo teatral tiene menos cabida en la historia dramatúrgica. Lo cierto es que ha sido Peter Brook quien más ha incidido en aspectos épicos más alejados de nuestros lares y ha elaborado unos espectáculos donde ha dado rienda suelta a su teoría del «espacio vacío». Recordemos, por ejemplo, Battlefield, el montaje que presentó en los Teatros del Canal hace un par de años, sobre el Mahabharata ―texto con amplias relaciones con el que ahora presenciamos. Una versión del Gilgamesh fue presentada el verano pasado por Oriol Broggi con los mimbres a los que me estoy refiriendo. Mutatis mutandis, Álex Rojo se lanza con su particular visión, tan intimista como esencial; sin grandes medios a su alcance, pero con oficio suficiente como para lograr un impacto importante en el espectador. Lo último que conocíamos del dramaturgo fue la adaptación del cuento chejoviano El pabellón número 6. Que se atreva con esta epopeya que data del segundo milenio a.n.e., es verdaderamente loable; pues el poema está compuesto por los fragmentos que se reparten a través de doce tablillas (algunas muy mal conservadas). Sigue leyendo →

Suaves

Gon Ramos firma esta pieza de teatro simbólico y kafkiano sobre la relación entre una madre y su sobreprotegida hija

Foto de Luz Soria

No creo que deba quedar la más mínima duda de que Gon Ramos es hoy por hoy uno de los grandes dramaturgos de este país. Es un autor que se está adentrando en vericuetos de auténtica complejidad humana. Está adoptando unas perspectivas genuinas y fascinantes para estamparnos ante la duda, y ante ese pensamiento que se envuelve en lo irracional. Por lo tanto, cada una de sus obras es un acontecimiento sorpresivo y una prueba para el espectador. Con Suaves continúa indagando en las relaciones familiares, como ya hizo con su anterior texto, La familia No; aunque desde una óptica muy distinta. Suaves se maneja en una concatenación de planos simbólicos que deben ser desentrañados, aun sabiendo que cada paso implica asumir una nebulosa y una exégesis destinada al fracaso. Muy probablemente el escritor tenga claro su concepto, su percepción de aquello que desea mostrarnos; pero su habitual lenguaje críptico es una hojarasca feraz que se nos impone para nuestra estupefacción. Afirma que delante de nosotros hay una hija y una madre que es un perro y un padre que es de azúcar. Lo que a nosotros nos llega es, primeramente, una mujer nerviosa, dubitativa, aterida, tapada de arriba abajo. Esther Ortega se enfrenta a un papel de una exigencia creciente y de un sometimiento casi total. Una progresión de emociones desbaratadas para una mamá tan protectora de una niña como temerosa de su soledad, de quedar a la intemperie. Sigue leyendo →

La geometría del trigo

Alberto Conejero dirige su propio texto sobre las consecuencias de un amor «inconveniente» dentro del ámbito rural

En los últimos años al menos dos obras han tocado el tema de la homosexualidad en el ámbito rural, por un lado, Tom en la granja, y, con mucha más sintonía, Juguetes rotos. Pero Alberto Conejero lo ha hecho con extremada sutileza, tanta, que, en ocasiones, se ha pasado de frenada en las elipsis. Porque lo que debiera ser la trama principal, la vivencia de dos hombres unidos por el amor y por el destino azaroso, queda en segundo plano; para que nos la imaginemos a través de los entrelazamientos de otros personajes, otros familiares, otros allegados, en otro tiempo y de otra manera. Nos situamos en tierras de Jaén ―el propio dramaturgo es de Vilches y de allí se trae esta historia escuchada a su madre―, el calor abrasa y a la casa de Beatriz y de Antonio, un minero, llega, tras quince años de ausencia, Samuel. José Troncoso se imbuye en este individuo venido de París ―parece que la lengua francesa no ha hecho mella en su acento andaluz oriental― a su lugar de origen para emprender un negocio con la reconstrucción del viejo molino. Vuelve también para reencontrarse con ese amigo especial, con el que sostuvo una tímida relación imposible, un atisbo de algo inconcreto. Juan Vinuesa encarna a este dubitativo currante; se desenvuelve con esa peculiaridad del tipo que no quiere desembarazarse de la máscara. Sigue leyendo →