Zenit

Ramon Fontserè se encarna en un Quijote que quiere luchar por la verdad en el periodismo

Foto de David Ruano

La crisis que vive el periodismo en nuestros días, tanto en el plano material (bajada de ventas de las publicaciones en papel), como en el plano deontológico (la disputa por la audiencia y los lectores está conllevando falta de escrúpulo en el tratamiento de las noticias) ha logrado que el concepto de posverdad se haya convertido en toda una revelación del estado de la cuestión. Es indudable que los cambios que vivimos en la actualidad están absolutamente relacionados con la llegada a nuestra vida cotidiana de unas tecnologías que nos permiten comunicarnos de una forma aparentemente multidireccional, que hasta hace poco era inimaginable. El hecho de los Joglars se aproximen a este asunto tan candente es en sí un motivo para que nos interesemos en su propuesta; aunque tendremos que determinar si han sido lo suficientemente incisivos, dada la catastrófica situación en la que nos hallamos. En un principio contamos con una especie de vagabundo borracho que hace verdaderos esfuerzos por incorporarse hasta que comienza un extenso prólogo en el que se repasa la historia. Un recorrido que seguramente sobraría y que es bastante largo para la materia de la vamos a tratar. Allí nos encontramos, representados con elementos mínimos (una tela roja, gorros, etc.), desde el mono hasta la caída de las Torres gemelas, pasando por el descubrimiento de América, la Revolución francesa y los bailes de Michael Jackson. Hitos que lógicamente forman parte de la información de la humanidad. ¿Ocurría algo si desapareciera esta presentación? Ramon Fontserè se mete en la piel de Martin, un periodista de la vieja escuela, utiliza su propio sistema «informático», una simple libreta y un lapicero —al igual que hacía José Luis Sampedro—. Con él vamos a escrutar el estrafalario mundo de la prensa. Será como un Quijote que lucha por la verdad. El actor se acoge a sus característicos tics, a esos enfados suaves y a esa energía impropia de alguien con ese rictus cabizbajo. Vuelve a conseguir tanto en la dirección de la obra como con su interpretación que la función circule brava, vertiginosa y repleta de hallazgos dramatúrgicos. Cada escena viene armada como un vagón estanco que posee sus propios artilugios, sus propios personajes y sus recursos adecuados. Percibimos trabajos serios con el gesto, con la música (principalmente de Chaikovski), con el vestuario de Laura García (leves cambios para reconfigurar caracteres), con la escenografía (una especie de zigurat negro vinilo, ideada por Martina Cabanas quien se ha ocupado también de la dramaturgia), con la iluminación propicia de Bernat Jansà. En hora y media contamos más de una decena de piezas que se van enhebrando en el flashback de este perdedor, y esto revaloriza el espectáculo. Nos adentramos en la redacción de Zenit, un diario en plena ebullición, a punto de tomar partido por una noticia para la portada. Es ahí cuando empieza a dar sentido al subtítulo del texto: «La realidad a su medida». Exageración de acontecimientos, falseamiento de datos, cuestionamiento de fuentes, dudosa lectura de las fotografías y todo tipo de incumplimientos profesionales. Por debajo planea el persistente motivo de la dictadura del clic, la necesidad de que los internautas pulsen en un enlace (contenga lo que contenga) que dirija a alguno de los apartados de la página del periódico (la publicidad manda). Todos los personajes vienen armados con móviles hiperluminosos como extensiones del propio cuerpo, la realidad del cíborg (como si fuera un capítulo de Black mirror), en constante comunicación con su avatar. Juan Carlos Mazorra, el becario, se transforma en un improvisado Sancho, dispuesto a seguir al Quijote-Martín a comprobar si la foto que han publicado, y con la que han ganado un importante premio, responde realmente a un acto de violencia entre un hombre y una mujer, según parece. La verdad es que no puede haber queja sobre la entrega actoral de todo el elenco, el montaje está perfectamente engrasado y el conjunto se mueve y se expresa con gran diligencia. Como Xevi Vilà, que muestra su amaneramiento y su rejuvenecimiento posmoderno. Buena respuesta la de Julián Ortega, otro de los periodistas. E igualmente ellas, tanto Pilar Sáenz como Dolors Tuneu, cumplen fabulosamente con esa multitud de papeles; hasta que alcanzamos el auténtico mensaje al que quiere llegar Zenit, o sea, el periodismo como un espectáculo más, en la línea que teorizó Guy Debord. Por lo tanto, qué mejor que ponerse a bailar el hula hoop, a jugar a los malabarismos; en una palabra: el circo.

El buen hacer de Joglars, la excelente vertebración de la propuesta y la implicación actoral elevan la calidad de un texto bastante timorato respecto a ciertos proyectos audiovisuales, como los documentales Citizenfour, de Laura Poitras o Sombras de libertad, de Jean-Philippe Tremblay (por poner solo un par de ejemplos). Y es que no estamos como para perder oportunidades, es necesario desenfundar el bisturí. No tenemos más que observar lo que está ocurriendo con Trump y su enfrentamiento con los medios de comunicación. Aunque no tenemos que irnos tan lejos, solo hay que preguntarse quién está detrás de los dos periódicos más vendidos de este país o qué telediario de Televisión Española podemos «salvar» informativamente cuando los embuten con el anecdotario meteorológico, las bagatelas deportivas, para pasar de puntillas sobre los temas verdaderamente importantes. Llevamos demasiados años de manipulación informativa, ahora se ha acrecentado con las redes sociales y la capacidad para insertar mentiras en internet —tanto que la Unión Europea va a legislar sobre ello— y Zenit debería ser mucho más incisiva, debería ser una sátira sin ese aire dickensiano que a veces expele, debería sacar el vitriolo.

Zenit

de Joglars

Dramaturgia: Ramon Fontserè y Martina Cabanas

Dirección: Ramon Fontserè

Reparto: Ramon Fontserè, Juan Pablo Mazorra, Julián Ortega, Pilar Sáenz, Dolors Tuneu y Xevi Vilà

Escenografía: Martina Cabanas

Vestuario: Laura Garcia

Iluminación: Bernat Jansà

Sonido: Guillermo Mugular

Ayudante de dirección: Martina Cabanas

Coreógrafos: Cia. Mar Gómez

Producción ejecutiva: Montserrat Arcarons y Alba Espinosa

Diseño de cartel: ByG / Isidro Ferrer

Fotografía: David Ruano

Producción: Joglars

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 9 de abril de 2017

Calificación: ♦♦♦

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