Entre bobos anda el juego

La compañía Noviembre Teatro acierta con una de las comedias de figurón mejor trabadas del dramaturgo Francisco Rojas Zorrilla

Una diversión, un entretenimiento con el jugo de lo excesivo, de la parodia, para sacar a colación aquello de los matrimonios concertados ―generalmente, de alguna manera, siempre ha sido así en la historia―, donde se mercadea con las dotes y las rentas, y se aprovechan la belleza y la astucia ―si se tienen―, para ganar la partida. Comedia de figurón para deleite de un público que es atrapado desde el primer instante, con una cercanía tal del elenco, que lo cierto es que parecen quedarse sin sitio. Y es que, ante todo, son los actores quienes llevan la función hasta el punto propicio para que no decaiga en ningún momento. Principalmente, José Ramón Iglesias, en el papel de don Lucas del Cigarral, el cual se entrega en la gestualidad, en formas de caminar cuasimilitares y en una expresión que acompaña la absurdez e ingenuidad de su discurso hasta la bobería máxima de su conclusión. Eso sí, se nos prepara para que el momento en el que lo conocemos sea de gran comicidad; pues anteriormente, Arturo Querejeta, en el papel de Cabellera, mensajero y criado, ya nos ha dibujado la caricatura de su amo con una templanza irónica sin igual. Ya que ha tenido que acudir a Madrid a recoger a la «elegida», doña Isabel de Peralta. A esta señora la encarna Isabel Rodes, ―en la misma casa está el padre, un José Vicente Ramos avaricioso y pragmático, y la criada, una Elena Rayos, astuta y gruñona― a la que no le falta apostura y buen verso, sobre todo cuando le dé réplica al hombre que en verdad ama, don Pedro. Daniel Albaladejo toma a este galán para desarrollar dotes de don Juan y para jugar en los sucesivos equívocos hasta que surge su auténtica oportunidad. El tercer apostante es don Luis, un Fernando Sendino que debe plasmar la ridiculez de este caballero tan enamorado como cargante en sus amaneramientos. Junto a él viaja su sirviente Carranza, un pobre Rafael Ortiz que debe expresar constante paciencia ante tal estúpido. Un punto estrafalario es, en esta adaptación, el personaje de doña Alfonsa, que no es que salga fea, es que directamente la interpreta un tío, Antonio de Cos, quien está estupendo en sus vahídos de dama sensiblera y, a la vez, bronca. También el actor tendrá su protagonismo en la parte musical, pues agarra con poderío la guitarra eléctrica. Es innegable que la trama es divertida y que se resuelve en un pis pas, con un ritmo inmejorable. No faltan los tópicos, con enredos varios en la noche de encuentros furtivos. El destino es un desenlace que, en cierta medida, es sorpresivo, porque se nos quiere vender una especie de venganza que termina por ser paradójica. Otra cuestión es que el montaje sea poco vistoso en cuanto a la escenografía, ya que los telares a modo de mapa orientativo de la ruta ideados por Carolina González quedan un poco pobres (uno debe entender que, además, se piense en la gira que pueda realizar la compañía). No ocurre lo mismo con el vestuario diseñado por Lorenzo Caprile, pues resulta exquisito, esencialmente el vestido de doña Isabel y el traje de don Lucas, que, siendo elegante, posee detalles como el colorido rosa o el gran sombrero que lo hace más bajo (junto a Albaladejo, su rival, desde luego), también le añaden un punto grotesco. Por otra parte, está la música, que tanta presencia tiene en este proyecto. Se insertan unas canciones escritas ad hoc que van trufando con buen tino la función. Algunas, como la inicial, cumplen su cometido para captar la atención del público con aquella rima que dice: «¡No hay marido bueno!». Muy distinto es el guiño pasado por el tamiz de la ranchera o el desfase incongruente y populachero del rock que se pegan, incluidas las gafas de sol que todos lucen (a mí esa deriva me sobra para un espectáculo que ya posee suficientes estridencias). La versión de Yolanda Pallín es sumamente ágil y la dirección de Eduardo Vasco se ajusta igualmente, aunque pienso que en el prólogo, como ya he afirmado, los actores se quedan sin espacio para desplazarse. Lo mejor, por supuesto, es el movimiento y la interpretación general del conjunto; porque para no ser una obra que aborde cuestiones trascendentales, se disfruta en su desarrollo cómico y humorístico. Con esta propuesta, Francisco Rojas Zorrilla puede quedar resarcido de aquel nefasto montaje de la temporada anterior titulado La cueva de Salamanca, donde se recogían textos del dramaturgo toledano.

Entre bobos anda el juego

Autor: Francisco Rojas Zorrilla

Versión: Yolanda Pallín

Dirección: Eduardo Vasco

Reparto: Daniel Albaladejo, Arturo Querejeta, José Ramón Iglesias, Isabel Rodes, Fernando Sendino, Rafael Ortiz, Elena Rayos, José Vicente Ramos y Antonio de Cos

Escenografía: Carolina González

Iluminación: Miguel Ángel Camacho

Vestuario: Lorenzo Caprile

Lucha escénica: José Luis Massó

Ayudante de dirección: Daniel Santos

Producción: Miguel Ángel Alcántara

Creación y producción: CNTC / Noviembre Teatro

Teatro de la Comedia (Madrid)

Hasta el 3 de marzo de 2019

Calificación: ♦♦♦

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