Barbados, etcétera

Pablo Remón presenta en el Teatro Kamikaze un tríptico pop sobre la relación de una pareja en fase de demolición

Foto de Vanessa Rábade

Seguramente la clave ya la expresa el propio dramaturgo cuando afirma: «una especie de «Cara B» de 40 años de paz». Porque según cuenta, esta Barbados, etcétera sería la consecuencia de los ensayos e improvisaciones que pretendían dilucidar si el personaje creaba su lenguaje o si era este el que creaba aquel. Por eso lo que nos encontramos en escena, en el ambigú de El Pavón, es un ejercicio de estilo, lo suficientemente vacuo en el contenido como para que la forma nos ocupe hasta donde lleguen nuestras ansias estéticas. Remón narra, le gusta narrar, se deleita en el narrar; pero resulta que es guionista y director y que sus palabras deben plasmarse en imágenes, encuadres, voces de protagonistas; y el tipo no se resiste a mostrarnos la virtud primordial de estos profesionales: el detallismo. Se nos entregan tres historias separadas y con unos puntos en común que dependen de nuestra buena voluntad, digamos que se hace referencia a Barbados y tampoco de una manera excesivamente simbólica. La primera es una anécdota sobre un tapicero, ya saben, el tapicero que recorre las calles con su megáfono a todo trapo ofreciendo sus servicios. Sigue leyendo →

Arte

Una comedia burguesa sobre la amistad en nuestro mundo estetizado, dirigida por Miguel del Arco

Foto de Vanessa Rabade

Arte no va de arte, y es una pena que una obra teatral, aunque sea mediante la comedia no profundice sobre este hecho tan muerto como Dios (Arthur C. Danto dixit); sino de amistad. ¿Qué más da el cuadro blanco, absolutamente blanco, que se ha comprado Sergio? Ahí tenemos la pintura Blanco sobre blanco de Malevich de su serie de 1918. Sencillamente es llevarlo un poco más al extremo. Lo que quiero decir es que la discusión que ocupa gran parte del texto tiene como causante la envidia («Que Sergio se haya comprado ese cuadro me supera, me inquieta, me provoca una angustia indefinida.»), la irritación que supone que un amigo nos inflame con su soberbia, con su aparente saber, con su nueva adquisición: un coche, un chalé, un reloj; o con su nuevo viaje —siempre más lejos, más exótico, más inalcanzable. Por eso Marcos se parte de risa cuando sabe que aquella tela pulquérrima ha costado treinta mil del ala, porque está seguro de aquello no es arte, está plenamente convencido. El público se carcajea. Sigue leyendo →

La rebelión de los hijos que nunca tuvimos

Una fábula inspirada en todos aquellos niños migrantes que desaparecen en las costas europeas

Foto de marcosGpunto

La apuesta de los hermanos Bazo (QY Bazo) por el teatro social, por llevar a cabo obras que nos comprometan con los problemas acuciantes de nuestro presente, es clara. De alguna manera, su lenguaje primordial es la fábula, el cuento moralizante, el apólogo con el que pretenden, sino aleccionarnos, sí provocarnos una reacción que nos lleve a la reflexión. Así ocurre en Los impostores, en Nada que perder y en Tres días con Charlie. De forma mucho más acentuada La rebelión de los hijos que nunca tuvimos recurre directamente al «Érase», al toque infantil —lógico para un texto que trata fundamentalmente de niños— y a la narración oral. Este exceso inicial por contar —con todo un prólogo que es en sí una leyenda— es el gran lastre de un espectáculo que se subsume en gran medida en ese procedimiento a costa de la pura representación de los hechos. ¿Hasta qué punto el espectador mantendrá la atención sobre lo relatado? ¿Hasta qué punto es reiterativo lo contado sobre lo representado? Además, creo que faltan recursos propios de los oradores, falta mayor recursividad —no me vale solo con repetir el «érase», porque el cuento se enreda y no somos lectores, sino escuchantes— para que después podamos introducirnos en el meollo de la cuestión. Sigue leyendo →

Iván y los perros

Nacho Sánchez engrandece con su interpretación una historia demasiado infantilizada para el público adulto

«Fue una historia real, la historia de Iván Mishukov, que con solo cuatro años fue consciente de que tenía que escapar de su propia casa, de su madre alcohólica, de su padrastro que lo maltrataba, de los humanos…». Esto lo suscribe el director Víctor Sánchez Rodríguez, quien ha versionado, junto a Juanvi Martínez Luciano, este texto de Hattie Naylor. Podemos aceptar que fue real que se escapara de casa y que sobreviviera en la calle; pero su historia, evidentemente, es la invención de la dramaturga. Por otra parte, ¿qué nos importa? Aquí la cuestión es que lo que presenciamos en escena no es, ni por asomo, verosímil. Es un cuento infantil, lineal y pacato, que pretende evidenciar la bondad de los perros (callejeros, pero no salvajes) y la maldad de los humanos. Debemos contar con que un chaval tiende a olvidar sus experiencias más traumáticas; por lo tanto, es labor de la creadora rellenar lo que supuestamente debió pasar, puesto que no es aceptable dejarlo todo en manos de la memoria del muchacho como si de verdad comprendiera lo que debía o tenía que hacer. Sigue leyendo →

Sueño

Una tragicomedia trenzada a través de dos tramas demasiado dispersas sobre el amor y la muerte

Foto de Luis Castilla

Cuesta mucho creer que los mimbres para pergeñar esta obra sean los propios de la comedia y que Shakespeare sea el máximo inductor. Seguramente uno se pone a investigar, a probar procedimientos, a consultar a los que saben cómo llevar el humor a las tablas; pero al final sale lo que sale: un drama con alguna pizca de retranca. Quizás debamos aceptar que el patetismo del protagonista resulta algo cómico, al fin y al cabo su vida parece ser que ha terminado siendo anodina. El espectador, que antes ha asistido a diversas actuaciones de Jesús Barranco en los alrededores de La Abadía y que se convierte, por lo tanto, en un instigador al buen ánimo para entrar reído y alegre, asume enseguida que su estado de fruición se va a desvanecer con un montaje caliginoso y plomizo en su primera media hora. Un vejete aguarda su último hálito en un hospital, pulula por allí una chica, La loca, que lee fragmentos destinados al olvido entre tartamudeos, mientras suena Beethoven en su tocadiscos. Sigue leyendo →

Petite mort

El suicidio como una de las bellas artes en una performance repleta de discursos antitéticos

Está claro que los dos dramaturgos que aquí presentan este artefacto pretenden plasmar en escena esos procedimientos, esas contaminaciones, que otros géneros literarios como la novela o la poesía ya han empleado o, como ocurre en el arte conceptual, se dejan influenciar por otras disciplinas culturales. De Gon Ramos únicamente conocemos su formidable Yogur / Piano, mientras que de María Velasco, se puede afirmar que es toda una artista asentada en los márgenes (Líbrate de las cosas hermosas que te deseo, La soledad del paseador de perros). Parece que la unión ha resultado desigual, y que ella ha impuesto su estilo, caracterizado, fundamentalmente, por el conceptismo y el abusivo desbarre performativo con toque de humor vitriólico. Sigue leyendo →

La cantante calva

El teatro del absurdo que Ionesco puso en marcha con esta obra sigue divirtiendo, pero ya no irrita

Foto de Javier Naval

Ya no es para tanto. El público ríe y aunque no se comprenda del todo, no se siente estafado, quizás un poco aburrido en algunos momentos; y si al final no sale ninguna cantante calva, tampoco es para escandalizarse en un mundo como el nuestro. Por qué no tomarse esta primera creación de Eugène Ionesco (1909-1994) como un ensayo de nuevos procedimientos, de una puesta en marcha de mecanismos propios del lenguaje en su deriva ilógica. Puesto que la estructura de la obra es simplona y repetitiva, no ya porque la repetición sea una técnica que explota profusamente, sino porque, como se verá en obras como Rinoceronte (1959), el teatro del absurdo iba a depararnos un despliegue mucho mayor de recursos literarios como la animalización o el simbolismo, y de constructos filosóficos como el nihilismo, el existencialismo o la crítica satírica de la sociedad. Me parece un exceso encontrar en La cantante calva referencias a las paradojas de nuestro presente donde las redes de comunicación abarcan el orbe y, sin embargo, se alimentan de la función fática del lenguaje y de una considerable incapacidad para despejar el ruido de nuestros enunciados. Sigue leyendo →

Magnani aperta

Arantxa de Juan abre su apartamento madrileño para encarnarse en la famosa actriz italiana

Foto de Ana Romero

Todo juega a favor de esta propuesta, aunque no sea lo más rompedor que nos podamos echar a la cara en la escena que nos circunda en las últimas temporadas. Que Anna Magnani habite en un piso de la calle Desengaño de Madrid, en ese remedo de prostitución que se oculta en las traseras de los magnos centros culturales de nuestro tiempo, ya es de por sí una confluencia, un símbolo que nos motiva a inmiscuirnos en la vida de esa soberbia actriz. Querámoslo o no la intérprete italiana va cayendo en el olvido; el presente de ritmo tremebundo arrasa con el pasado y con un tipo de cine que ya ni los que se dicen «cinéfilos» saborean. Por eso, cuando uno acude a espectáculos de este cariz basados en un personaje relevante, donde cuenta tanto la imaginación y la contextualización, la perspectiva cambia, y mucho, dependiendo en qué medida conozcamos a la protagonista. El año anterior, cuando se llevó de nuevo a las tablas una versión (algo fallida) de La rosa tatuada, recordamos esa interpretación extraordinaria y tan emotiva en el film dirigido por Daniel Mann sobre el texto de Tennessee Williams. Sigue leyendo →

El corazón entre ortigas

Una recreación poética sobre los miles de refugiados que salvó el diplomático chileno Carlos Morla Lynch

Sigue siendo un gran desconocido Carlos Morla Lynch, el diplomático chileno que llenó su enorme piso, en la calle Alfonso XII, enfrente del Retiro, con los poetas agrupados en la Generación del 27; y luego de todos aquellos madrileños que ya no podían encontrar escapatoria ante la llegada de las tropas de Franco. Unos dos mil llegó a ocultar entre la embajada y varias casas que alquiló a tal fin. Eusebio Calonge presentó hace un año este espectáculo que ahora se reestrena, basado en los informes mecanografiados por los dedos de este héroe. Un montaje breve, pero denso; amasado por un torrente poético que se alimenta tanto de la negrura, el desgarro y el expresionismo valleinclanesco como del onirismo lorquiano que podemos descubrir en obras como Así que pasen cinco años, donde lo simbólico se funde con imágenes de profundo calado tenebrista. Por lo visto, el chileno se enteró de la muerte de Lorca mientras se limpiaba los zapatos en la Plaza Mayor de Madrid. Su relación con el poeta, según aparece en sus diarios, debió de ser de una compenetración indecible, tanto que le dedicó (y a su mujer) Poeta en Nueva York. Sigue leyendo →