La rebelión de los hijos que nunca tuvimos

Una fábula inspirada en todos aquellos niños migrantes que desaparecen en las costas europeas

Foto de marcosGpunto

La apuesta de los hermanos Bazo (QY Bazo) por el teatro social, por llevar a cabo obras que nos comprometan con los problemas acuciantes de nuestro presente, es clara. De alguna manera, su lenguaje primordial es la fábula, el cuento moralizante, el apólogo con el que pretenden, sino aleccionarnos, sí provocarnos una reacción que nos lleve a la reflexión. Así ocurre en Los impostores, en Nada que perder y en Tres días con Charlie. De forma mucho más acentuada La rebelión de los hijos que nunca tuvimos recurre directamente al «Érase», al toque infantil —lógico para un texto que trata fundamentalmente de niños— y a la narración oral. Este exceso inicial por contar —con todo un prólogo que es en sí una leyenda— es el gran lastre de un espectáculo que se subsume en gran medida en ese procedimiento a costa de la pura representación de los hechos. ¿Hasta qué punto el espectador mantendrá la atención sobre lo relatado? ¿Hasta qué punto es reiterativo lo contado sobre lo representado? Además, creo que faltan recursos propios de los oradores, falta mayor recursividad —no me vale solo con repetir el «érase», porque el cuento se enreda y no somos lectores, sino escuchantes— para que después podamos introducirnos en el meollo de la cuestión. Principalmente, lo que se nos quiere transmitir es la historia de Proel, una ciudad gobernada por un emperador, a la que llegan miles de niños, aquellos que un día tuvieron que salir de allí, como ahora hacen desde Siria o desde otros lugares del mundo buscando acogida (el vaso comunicante con la sala principal del María Guerrero —representan Refugio— es evidente). Sería una especie de parábola del hijo pródigo, pero a la inversa; aunque también me hace pensar en aquella extraordinaria película de Narciso Ibáñez Serrador, ¿Quién puede matar a un niño? Posee este texto tintes judeocristianos acerca la culpa, de la conciencia de pueblo, incluso de la venganza. Me quedo esencialmente con la parte final, con esos veinte minutos en los que la función se vuelve más teatral, cuando el presente concita a los fantasmas reales y a los imaginarios en una gran pira funeraria y purificadora, en un holocausto que ilumina la oscuridad de aquellos que no quieren responsabilizarse ni del pasado ni del futuro. Pareciera que los Bazo se han empapado igualmente un poco del realismo mágico, de la Comala de Rulfo. Es innegable la entrega de todo el elenco, conjuntado y pertinaz en la interpretación coral. Los tiempos se sintetizan en sus ropas quemadas (un diseño coherente de Karmen Abarca, quien también firma la somera escenografía náutica: apenas una gran red y pocos elementos más). Tres hombres: Rafa Núñez impone su sabiduría cuando se mete en la piel del sereno; mientras que Ricardo Reguera nos ofrece un marinero estupefacto ante la venida de todos esos niño; y magnífico como siempre Juan Vinuesa, muy bien caracterizado para entregarnos a un tipo avieso. Tres mujeres: el asombro que expele Marina Herranz o el instinto maternal que rezuma Rebeca Hernando que tiene la casa llena de muchachitos o esa espectral mirada de Carmen Soler. El trabajo de Eva Redondo en la dirección es meritorio, ha sabido aprovechar al máximo el espacio de una sala tan pequeña como esta de la Princesa y nos ha trasladado a la escuela, al mar, al bosque… Creo que al final se encuentra un sentido y se reconocen unas buenas intenciones; pero me quedo con ganas de más, de salir del marco referencial de la cuentística y de adentrarnos en la crudeza del asunto, en lo irrisorio que resulta hablar de derechos humanos cuando los genuinamente más débiles ni siquiera tienen la oportunidad de encontrar el aliento. Valga por lo tanto este grito.

La rebelión de los hijos que nunca tuvimos

De QY Bazo

Dirección: Eva Redondo

Reparto: Rebeca Hernando, Marina Herranz, Rafa Núñez, Ricardo Reguera, Carmen Soler y Juan Vinuesa

Escenografía y vestuario: Karmen Abarca

Espacio sonoro y ayudante de dirección: Daniel Ramírez

Diseño de cartel: ByG / Isidro Ferrer

Fotografías: marcosGpunto

Producción: Centro Dramático Nacional

Teatro María Guerrero (Madrid)

Hasta el 11 de junio de 2017

Calificación: ♦♦♦

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