Los impostores

Alegoría familiar que inicia la tetralogía «Del yo al nosotros» en la Sala Cuarta Pared

los-impostores-cuyas-640x320En el centro del escenario se instala una estructura metálica en forma de prisma cuadrangular que aloja a una familia dispuesta a jugar una partida de cartas. En un lateral (afuera), el abuelo-el padre se balancea en una mecedora. Por debajo del conglomerado textual-alegórico se cuenta en esbozo la historia de una estafa piramidal. Hemos visto reportajes y hemos leído noticias sobre los procedimientos de las empresas multinivel. Mediante una publicidad engañosa y unas estrategias de marketing propias de las iglesias evangélicas (en la propia obra se escenifica uno de estos acontecimientos en los que se vende la buena nueva de la empresa, donde se incita a fantasear igual que en el cuento de la lechera). El truco consiste en convencer a tus allegados de que invertir en ciertos productos es una gran idea, aunque las ganancias (reales) no estén en la venta de algo sino en conseguir el dinero de miles de primos. La familia es la primera en caer.

Pero Los impostores no es, en absoluto, una obra realista. Los símbolos construyen las sensaciones de la familia estafada (por uno de los hijos): la insistencia por jugar a las cartas (al mentiroso) que después quedan esparcidas por el piso, la ropa rasgada que hace sobresalir la vestimenta que se oculta debajo y, sobre todo, las cintas que van cubriendo cada uno de los cuatro laterales como si fuera un nido o una telaraña o una prisión. Además de todo ello, el texto es sofisticado y apenas ofrece un bosquejo, también simbólico, de las funciones de los personajes. El abuelo, interpretado por Miguel Ángel Maciel, es una figura patriarcal, solemne, mafiosa, como si debiera transmitir un legado a toda su familia, una especie de secreto (no obstante, se fantasea con lo nobiliario). Luego, Toni Báez, el padre que debe aceptar que su hijo se ha largado con la pasta y que, a su vez, debe alojar a su hija en paro (interpretada con gran soltura y energía por Sara Álvarez), da clases de filosofía (quizás resulte un tanto evidente remitir al imperativo categórico kantiano). Gran parte del peso interpretativo recae sobre sus hombros y lo resuelve con sensatez y liderazgo. A él se suman sus hermanos, Daniel Tapia (alguien que se vanagloria de no haber estudiado) y Yanara Moreno (una diplomada en Magisterio) que completan la actuación coral.

Los impostores es una obra compacta, sintética y repleta de recovecos. El tiempo avanza adelante y atrás. Los actores se mueven coreográficamente, unas veces a flashazos y otras como si un mundo onírico los hubiera atrapado. Tanto el trabajo de los autores, Quique y Yeray Bazo (QY Bazo), como del director, Nacho Cabrera, resultan clarificadores de cómo se puede escenificar la ruindad sin emplear el agotador costumbrismo.

Los impostores

Autor: QY Bazo

Dirección: Nacho Cabrera

 

Reparto: Miguel Ángel Maciel, Sara Álvarez, Daniel Tapia, Toni Báez y Yanara Moreno

Diseño escenografía: Teatro La República / Patricia Díaz

Realización escenografía: Adrían Díaz

Iluminación: Miguel Ferrera

Vestuario: Adonais Sarmiento, Amanda Gutiérrez, José Ángel Dapresa

Sala Cuarta Pared (Madrid)

Hasta el 22 de noviembre de 2014

Calificación: ♦♦♦♦

Texto publicado originalmente en El Pulso.

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