En palabras de Jo… Mujercitas

Lola Blasco busca en su texto a Louisa May Alcott a través de su célebre novela en un montaje de tintes metaliterarios

Foto de Esmeralda Martín

Aceptemos que a Mujercitas se le puede dar una vuelta y que se puede apreciar más allá de esa consideración costumbrista, conservadora y tan valorada por los estadounidenses de bien. Que en las entrañas de esa novela se cuela una nueva moral que funciona como un suave feminismo revolucionario que fragua a través de la escritura. Todo ello le ha dado a Lola Blasco para observar desde una perspectiva reflexiva y hasta filosófica a esas mujeres desgajadas de cualquier intromisión masculina directa. En escena no entran los hombres; así tampoco podremos aseverar que algunas de las proclamas que se escuchan durante la función realmente lleguen a ser efectivas frente a la mirada del varón. Pepa Gamboa ha marcado un compás fulgurante desde el principio, el lógico brío juvenil que nos entrega a unas muchachas con un desparpajo increíble. El montaje, salvo el decaimiento final, en el que resulta un tanto reiterativo su epílogo metaliterario; nos empuja por una pendiente en las ganas de atrapar una vida con caminos muy marcados y definidos, que su máxima protagonista anhela torcer. Desde luego, el primer tramo de la obra es un borbotón de energía que nos alegra. En plena Navidad, las March, llenas de entusiasmo, nos hacen creer de verdad que aquella existencia eminentemente hogareña y provinciana es la quintaesencia de la felicidad. Sigue leyendo →

Matar cansa

Jaime Lorente nos arrastra con su fanatismo a la esencia cruenta de un asesino, a través del texto detallista de Santiago Loza

La hibristofilia es aquel trastorno, aquella parafilia, que fundamentalmente se da en ciertas mujeres, que sienten una irreprimible atracción sexual por los presos, muchos de ellos asesinos cruentos e irreductibles. Mutatis mutandis, contamos en Matar cansa, con un tipo que despierta de su letargo existencial en el momento que recibe una carta de un sicópata con decenas de cuerpos desgarrados y yertos a sus espaldas. Y esta perspectiva, adoptada por el dramaturgo Santiago Loza, al que conocemos por su obra He nacido para verte sonreír, nos permite trazar dos perfiles sicológicos concomitantes, a través de un monólogo revelador. Por otra parte, más allá de éxitos televisivos, Jaime Lorente ya venía trufando buenas actuaciones, y demostrando que ahí teníamos a un actor con futuro y con recorrido. Así lo pudimos atestiguar en El público y en Esto no es La casa de Bernarda Alba. Todos estos componentes nos aseguran una función arrastrada por la inmoralidad, por una horadante pasión orgásmica que se fundamenta en la aniquilación del otro, del ser humano que fallece súbitamente para convertirse en un amasijo de nada despersonalizada. El tipo que se atemoriza con la polilla («trato de aplastarlas sin puntería») y que parasita en el mundo, timorato, sucumbiendo a la epistaxis que aparece en la duda. El intérprete va a manejar el tempo de manera magnífica, con pausas apropiadas, con esos equívocos que contiene el texto y que le hacen retomar su relato más atrás o, incluso, a repetir lo dicho. Sigue leyendo →

Ambiente familiar (mínimo 2 noches)

Una dramedia sobre la turistificación de nuestras capitales a través de un fresco amable de nuestras costumbres

Foto de Esmeralda Martín

Hace unos años pocos años Aitana Galán y Jesús Gómez Gutiérrez adaptaron Navidad en casa de los Cupiello. Aquella obra de De Filippo era, a la postre, una derivación realista de aquella prosa barroca tan abigarrada que se dedicaba a expurgar y a enjuiciar los vicios sociales, y la eterna hipocresía con la que se procedía en el decadente siglo XVII. Experto en ello fue Quevedo y, también, por supuesto, Gracián. Ahora, en Ambiente familiar (mínimo 2 noches) el cuadro de costumbres se salpimenta con incursiones poco eficaces e inconsecuentes de diversos episodios trágicos de nuestra reciente historia. Véase, por ejemplo, el caso del aceite de colza o el desamparo de los saharauis una vez nos desentendimos de aquel territorio. Es una dramedia en la que cada uno de los elementos que componen el fresco queda a medias. Reitero, todo queda a medias o, ni siquiera esbozado. Y, cómo voy a intentar desentrañar en las próximas líneas, no resulta claro cuál es el objetivo de este estilo hoy en día. Si recurrimos a las referencias clásicas antes señaladas, desde luego, el sarcasmo y el insolente dilogismo están ausentes. La mordacidad ni se aproxima, y la crítica no es furibunda; sino timorata y suave. Sigue leyendo →

Las criadas

Una asepsia sicótica sirve para envolver esta adaptación del ya clásico de Genet, con unas soberbias actuaciones de sus intérpretes

Las criadas - Foto de Jesús Ugalde
Foto de Jesús Ugalde

La obra de Jean Genet, no nos paremos a recordar su vida carcelaria, o la versión de Splendid´s que pudimos ver hace un lustro, continúa estremeciendo y debe ser un aldabonazo para aquellos abnegados que se arrodillan ante sus estupendos jefes. Paco Bezerra se ha inmiscuido en el texto del francés para lograr que la fuerza oratoria cobre nuevo vigor. A su vez, Luis Luque ha dirigido este montaje con sádica exquisitez en la gama de los contrastes. Ambos ya ocuparon esa sala del Matadero para descubrirnos El señor Ye ama los dragones. A priori, el argumento no entraña gran complejidad, dos criadas en un hogar burgués (imaginamos) juegan a envestirse de su señora, y a maltratarse igualmente. La dialéctica del amo y del esclavo hegeliana hace aparición; pues ellas se constituyen a través del deseo de su señora, es decir, esta requiere del deseo de sus siervas para determinarse como dueña; mientras que ellas, en inferioridad, necesitan sentir su utilidad. Está claro que esas dos criadas alcanzan la categoría de lo alegórico. En ellas no está su vida particular, sino su condición de siervas y proveedoras de un sistema, de una estructura desesperantemente sisífica. Solo a través del mal, de la rebelión, puede uno liberarse de esas cadenas tan opresoras. Será aceptable moralmente si el objetivo es la libertad, será deleznable; si la búsqueda es ocupar el puesto fustigador de los señores. Lo interesante es comprobar que no han sucumbido totalmente a la alienación; aunque, por ejemplo, Claire demuestre su acatamiento y su debilidad cuando está frente a la señora con la tisana deletérea. Sigue leyendo →

Transformación

Paloma Pedrero ha escrito una obra sobre tres auténticos transexuales que saltan a escena para interpretar sus relatos

marcosGpunto

Recientemente en España ha irrumpido una filosofía, una teoría, que ya cuenta con más de cuarenta años de historia. Me refiero, claro, a la queer, que, hasta entonces, se había mantenido en el estricto terreno de la marginalidad. Una vez que se ha academizado y que el movimiento ha tomado fuerza en Estados Unidos, ha venido para transgredir y reconfigurar la cuestión del sexo, del género, de la biología y de la identidad, entre otras, intromisiones. Si nos aproximamos al asunto de la transexualidad, la susodicha teoría, al poner en solfa el concepto sexo («el sexo no existe»), todo se dirime desde el constructo social, llegando a planear la idea de la tabula rasa. La estupefacción a la que llegará la sociedad va a ser proverbial; pero ya estamos en ello, y los hitos anonadantes se irán sucediendo. La autodeterminación de género se convierte en derecho, sin aclarar esencialmente de qué estamos hablando realmente. Lo paradójico es que la teoría queer, que afirma que desea abolir el género, termina por favorecer toda una ristra de constructos alternativos a los que algunos individuos se «adaptan»; porque el vacío animista parece que te aproxima a la mística, a la unión con Dios. Ese es el caos que ha implosionado, con tal significancia, que ya se está legislando sobre ello. Todo este meollo debe ser dirimido fuera de estas líneas, pues aquí lo que nos compete es una obra de teatro. Sigue leyendo →

Sueño de una noche de verano

La nueva adaptación de esta curiosa comedia de Shakespeare entretiene mucho con su aire juvenil

Foto de Sergio Parra

Los aficionados al teatro pueden recordar las últimas adaptaciones que se han podido ver por estos lares: aquella coreana de corte animista y la que dirigió Darío Facal en el Matadero. Quien le mete ahora mano, y mucha, es Carolina África; y hemos de reconocer que ha logrado dejarla no solo en lo esencial, sino con una frescura en el lenguaje que, si bien la aproxima al entorno juvenil; también propicia el dinamismo. Está, además, trufada de ironías, de guiños al presente y al respetable. Resulta bastante desenfadada, incluso entrañablemente dickensiana (sobre todo, al principio, con la entonación del «All I Have to Do is Dream», de The Everly Brothers). A todo ello le pone un ritmo idóneo y atractivo la dirección de Bárbara Lluch. Así que, desde el inicio, nos adentramos en la ensoñación, sabiendo que esta obra de Shakespeare es, como poco, sui géneris. Es más, ¿es una pieza unitaria o es un entreverado de cuentos sin un desarrollo enteramente consistente? Porque ninguna de las tramas profundiza en demasía, y valen más como ejemplos del amor que se imbuye de la magia y de sus contradicciones. Por eso identificamos las influencias de la materia de Bretaña o de Apuleyo o de Ovidio o de la mitología celta. Y si queremos quedarnos con alguna pareja de enamorados, ¿con cuál nos quedamos? Pues con ninguna, porque los dos personajes más atractivos son Puck y Bottom. Ellos son los que mueven el cotarro, los que divierten con sus travesuras o con sus ingenuidades. Y el contraste entre ellos es excepcional. Sigue leyendo →

El vergonzoso en palacio

La comedia de Tirso de Molina que dirige Natalia Menéndez se envuelve en un espectáculo visualmente muy atractivo, aunque carente de ritmo

El vergonzoso en palacio escena - Foto de Sergio ParraUna de las comedias palatinas más famosas del dramaturgo madrileño es esta que se representa contra viento y marea en el Teatro de la Comedia. Asistimos a un montaje grandioso en medios; tan llamativo en su manifestación escenográfica, como renqueante en el ritmo que ha dispuesto Natalia Menéndez. Quizás el culpable de este freno sea el arbolazo que Alfonso Barajas ha plantado en el medio de las tablas, para ofrecer una ambientación selvática, y propiciar cada uno de los equívocos y escondrijos que se van a suceder. Ciertamente, la propuesta del escenógrafo sería fenomenal si nos quedáramos únicamente con nuestras sensaciones visuales; pues el susodicho árbol se abre pesadamente por la mitad y es desplazado hacia los laterales con cierta molestia. Ese trajín se ha querido edulcorar sacando al elenco vestido de cotorras argentinas a despistarnos con bailecitos; pero ni por esas. Eso sí, son de valorar las enormes puertas con espejo que estilizan muy bien el juego de apariciones y de apariencias. Sigue leyendo →

La zanja

Diego Lorca y Pako Merino recrean el desastre de 2000 en la mina de Choropampa (Perú) como una simbólica repetición del pasado

Los de Titzina ya demostraron un modo de hacer particular en aquel Distancia siete minutos que presentaron en 2014 en el Teatro de La Abadía. El desarrollo de historias complejas, abordando cada escena en la reconversión de varios personajes, con unas transiciones muy fluidas, con desplazamientos sugerentes entre las sombras que va habilitando una iluminación muy focalizada en los diferentes espacios. Establecer un vaso comunicante entre Pizarro y Atahualpa, y la tragedia de Choropamapa (Perú) en el año 2000, cuando un derrame de mercurio ―utilizado para extraer el oro― contaminó altamente la zona. Era otra vez la búsqueda del preciado metal, la imposición del poder y los augurios de progreso y bonanza. «¿Qué tendrá este metal, para ser más querido que los hombres?», afirma en su primera alocución Diego Lorca para introducirnos en un relato de vaivén constante donde la Verdadera relación de la conquista de Perú, de Francisco de Xerez (secretario y escribano oficial de Pizarro), trae ecos permanentes. La zanja es un entramado de personajes que deambulan entre el ambiente macilento en un espacio de realismo mágico, como si se nos remitiera al Pedro Páramo de Rulfo, entre las arideces de la desolación y de la sequía pertinaz, y las voces de aquellos espíritus de antaño que pululan. El diálogo que, en diferentes momentos, mantienen el alcalde de la localidad y el técnico de la empresa minera ―responsable de convencer a los lugareños de la viabilidad ecológica del proyecto―, resulta ser el más fértil filosóficamente. Dos visiones antagónicas de la vida y de las ambiciones de unos individuos con objetivos que chocan irremediablemente. Sigue leyendo →

Otoño en abril

Carolina África continua en su indagación costumbrista de nuestro presente para trazar una obra cargada de melancolía

Como si fuera la segunda etapa de un ciclo estacional, llega esta obra solapada a su Verano en diciembre. Vuelve el costumbrismo de nuestros días, vuelven las mujeres alejadas de los hombres, vuelve el impás y, esta vez, con una melancolía y un desasosiego que se amasa imparable. La vida discurre en una familia compuesta por una viuda y sus cuatro hijas. Una de ellas trabaja en África y, apenas, intervendrá en la obra; mientras que los otras tres aún necesitan vincularse al hogar materno. Tiene mucho el texto de impotencia, de incapacidad para volar solas en la etapa adulta con cierta holgura. En todo lo que se elide, que es mucho y quizás demasiado, no existe un retrato sociológico de nuestra época; pero cualquier espectador entiende que la precariedad laboral o las dificultades que existen para tener un hijo señalan el devenir de estas chicas. La experiencia con la maternidad mientras escribía este trabajo sirvió a la dramaturga para focalizar, en gran medida, las cuitas de Alicia, que interpreta Beatriz Grimaldos (papel que también ha interpretado la autora). Una mujer que decide tener un hijo «sola», después de quedarse embarazada de un amante (casado). Una hippie, sin muchos posibles, que vive alejada de la ciudad y que espera su independencia definitiva. Lanzada a la aventura; aunque con un colchón temporal en el piso de su madre. La actriz refleja el sufrimiento de un parto sobrevenido antes de tiempo, peligroso y que ha dejado a su hija, Abril, en una incubadora. Sigue leyendo →