La obra de Irma Correa se inspira en la novela de Pardo Bazán; aunque la creación resulta tan inédita como sugestiva

Si hubiera que juzgar este espectáculo por los supuestos objetivos extrateatrales que dice buscar, como el homenaje a Emilia Pardo Bazán en la conmemoración del centenario de su muerte y la difusión de su obra como empeño didáctico para llegar a las nuevas generaciones, entonces lo calificaríamos como fracaso o como propuesta insuficiente (y muy patrocinada), tal y como ocurrió, aunque bastante peor, con Fortunata y Benito. Si yo fuera profesor, que lo soy, y quisiera ampliar mis lecciones sobre la escritora gallega (en absoluto olvidada en el currículo como a vece se da a entender), que suelen ocurrir en el último trimestre tanto de 4º de ESO como, al año siguiente, en 1º de Bachillerato (sí, es así de absurdo) con alguna obra teatral, pues, entonces, me costaría mucho relacionar Ulloa con la novela de Pardo Bazán. Sigue leyendo




Si por algo destaca y resulta interesante esta obra es por su planteamiento formal y por cómo incide en la idea —diríamos que orteguiana: «todo conocimiento lo es desde un punto de vista determinado»— de la perspectiva, y como ella se relaciona con el concepto de verdad. Por eso aquí, a través de una obra teatral, se da ejemplo de que nuestra memoria, como bien es sabido, trabaja con la reconstrucción de los hechos, rellenando huecos e inventando acontecimientos que se configuran con deseos, con creencias o, incluso, con relatos de otros que insertamos en nuestra propia historia. Básicamente, lo que hacemos permanentemente tanto en vigilia como en somnolencia. Así somos. Otra cuestión, evidentemente, es mentir y mentirnos. Pues también nuestro cerebro necesita olvidar y obviar detalles de sucesos dolorosísimos. Forma parte de nuestro sistema de defensa. ¿Arregla algo el perspectivismo? Es decir, ¿ofrecer varias perspectivas de un hecho nos acerca más a la verdad? Si el escuchante es perito en ciertas lides o es un forense capaz de analizar incongruencias, entonces la posible verdad parece más cercana. Hoy, la verdad, más que nunca es una sensación, una ilusión, un pálpito. La verdad es lo que expresan los nuestros y el discurso lloroso de los que se manifiestan débiles o víctimas. Ir más allá, es un esfuerzo que con frecuencia no estamos dispuestos a asumir. Buscar la verdad cansa y, encima, puede revelarse agria para nuestra conciencia de biempensantes. 

